
Esta producción es la prueba viva de que la carranga, cuando se hace con conciencia de raicilla, no envejece ni se repite; se transforma con la misma paciencia con la que el campo cambia de color según el agua y las estaciones.
Jorge Velosa vuelve con Los Carrangueros del 25 después de veinte años sin un álbum de canciones inéditas, y ese dato técnico, dos décadas de silencio fonográfico en ese formato, no se siente como atraso sino como maduración.
El trabajo discográfico aparece como síntesis natural de una ruta iniciada hace más de cuarenta años, cuando el maestro se echó al hombro la faena de recoger, nombrar y difundir la tradición literaria y musical campesina del altiplano. Aquella tarea, que parecía de archivo afectivo, terminó consolidándose como un capítulo fundamental de la música popular colombiana.
En términos de trayectoria, el regreso tiene peso específico: entre 1980 y 2005 Velosa publicó 21 álbumes con distintas formaciones, Los Carrangueros de Ráquira, Los Hermanos Torres, Velosa y los Carrangueros, Carranga Sinfónica, entre otros formatos intermedios, un volumen que no sólo cuantifica una carrera prolífica, sino que explica por qué su obra se volvió escuela y espejo del territorio.
Pero “A campo traviesa” llega a abrir una nueva etapa, y eso se nota desde el modo en que fue anunciándose, el nuevo proyecto musical. A finales de 2024 la agrupación soltó, como quien deja ver una hebra del tejido, sencillos que revelaron distintas caras del álbum: “El carrango y la carranga”, “El mirlo y la flor”, “Soy hijo de campesinos”, “El velorio del compadre” y, más recientemente, “En el campo todo sirve”, pero no se trató de estrategia de mercado, sino de una manera de ir presentando el repertorio como se presenta una cosecha: primero el olor y luego el bulto completo.
Uno de los rasgos más interesantes del disco es su diálogo entre tradición y exploración. “En el campo todo sirve”, por ejemplo, trabaja la estructura de una rumba contriada y la enlaza con aires del sur estadounidense y ese gesto técnico, la amalgama, no suena impostado porque está hecho desde la lógica carranguera: primero se reconoce la raíz y luego se conversa con otros caminos. El tema confirma esa inquietud creativa que Velosa no ha dejado perder: explorar sin deshilacharse.
Además, el proyecto fue elaborado junto con Marco Villarreal, multiinstrumentista, productor y correglista del álbum, cuya presencia en la travesía funciona como abrazo generacional y musical, afinando la producción sin quitarle al canto su tierra.
El estreno parcial del repertorio en el Teatro Colón de Bogotá el pasado 4 de octubre fue un gesto nostálgico y un acto de validación pública de una obra que todavía convoca a grandes multitudes, porque la Carranga ha sido y sigue siendo la plataforma para el surgimiento de nuevos ídolos del pueblo.
La sala llena, con varias generaciones reunidas en una misma escucha, es un dato cultural que vale tanto como cualquier cifra de plataformas. Y cuando poco después se anunciaron dos conciertos en el Teatro El Ensueño y la boletería se agotó en menos de dos días, quedó claro que la carranga no es un género de reliquia: es una forma vigente de narrar el país y lo que pasa ahí no es solo cariño por el maestro Velosa, sino el reconocimiento a una música que siempre sabe hablar donde otras se quedan sin palabras.
Las 14 canciones de “A campo traviesa” ya están disponibles en plataformas digitales, con edición en CD y un próximo LP producido en Groove Music Studios bajo dirección técnica de Harbey Marín.
Pero, esa mención de producción no es un detalle menor, toda vez que el álbum muestra una grabación cuidada, con claridad en timbre y espacio sonoro, respetando la instrumentación carranguera, tiple, guitarra, requinto, guacharaca, voces en juego colectivo, para que el oyente escuche no solo la melodía, sino el cuerpo entero del paisaje.
El sonido tiene la limpieza suficiente para circular en lo digital sin perder el nervio del patio ni el olor a fogón, y es sin duda, un equilibrio difícil que aquí se logra porque el criterio técnico obedece a la intención poética.
Y es que, más allá del sonido, lo que sostiene la producción es la mirada. Velosa sigue escribiendo con la misma atención al entorno rural, a sus personajes, a sus objetos, al humor que enseña sin sermón y a la tristeza que no se disfraza. Hay canciones sobre el origen, el trabajo, el amor, la amistad, la memoria social, el duelo, la celebración.
Merengues, rumbas, paseos, porros y torbellinos se abrazan una vez más, para levantar un mapa musical donde el país campesino no aparece como postal sino como vida compleja: con su gozo y su cansancio, su picardía y su dignidad. “A campo traviesa” recorre querencias como quien recorre caminos reales: con barro, con atajos, con sorpresas, con conversación al paso.
La portada del álbum también habla de ese idioma. Ilustrada por Soma Difusa y diagramada por Santiago Palazuelos, evoca un universo campesino vivo, poblado de detalles y afectos, porque no acompaña el disco como adorno, sino como parte de la narración general.
Por su parte, la fotografía de Yeizid Campos, presentando esta nueva etapa del cuarteto carranguero, reafirma algo que el país suele olvidar: que la música de la tierra no es un recuerdo, es presente en movimiento. Si la carranga ha sobrevivido a modas, a centralismos y a prejuicios, es porque no nació para agradar a una industria, sino para contar la vida con sabiduría de patio.

“A campo traviesa” vuelve a poner eso sobre la mesa: que el canto campesino es archivo, sí, pero también es actualidad; que no hay mejor tecnología que una letra bien hecha; y que la cultura popular, cuando se respeta, no se vuelve eco sino camino.
Jorge Velosa deposita su confianza en el sello Nuevas Músicas Colombianas (NMC) para este vigésimo segundo trabajo, pero lo que realmente deposita aquí es algo más hondo: la certeza de que la música que nombra el campo, sus querencias y sus personajes, sigue teniendo oficio, resuello y futuro.
El país está lleno de caminos que se hicieron andando a punta de canción, y este álbum es uno de esos caminos, porque se siente nuevo sin dejar de ser propio, se siente técnico sin perder la ternura y se siente popular sin renunciar a la fineza.
Velosa, con la sencillez fuerte de lo verdadero, nos recuerda que todavía hay música capaz de reunirnos alrededor de una historia compartida, de una risa que entiende y de una memoria que no se deja morir.
“A campo traviesa” llega, para seguir andando el camino y continuar llenando de «carranguerias» la existencia.











