
Colombia despide a Moisés Mendoza Castelblanco, figura ejemplar del magisterio, investigador comprometido y uno de los más brillantes catedráticos universitarios del país.
Su vida estuvo marcada por la noble vocación de educar y por el compromiso de hacer del conocimiento una herramienta de transformación humana y social.
Su trayectoria en el mundo de la educación comenzó en Tunja, en la Escuela Normal Superior, donde se formó como maestro. Más adelante alcanzó el título de Licenciado en Idiomas Extranjeros en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC), con especialidad en inglés y francés. Desde ese momento, su camino académico fue un ascenso constante que lo llevó a convertirse en referente dentro y fuera de las aulas.
Moisés Mendoza no solo se destacó por ser un estudiante brillante, sino por haber sido un profesor universitario que supo transformar las clases en verdaderos espacios de encuentro intelectual y humano.
En la UPTC se convirtió en pieza clave de la Escuela de Idiomas, llegando a ocupar la dirección y orientando con entusiasmo a varias generaciones de docentes y profesionales.
Su pasión por el conocimiento lo llevó a obtener una beca del Consejo Británico en Inglaterra, donde adelantó estudios de posgrado en Ealing Technical College, en Londres, y más tarde realizó una especialización en Estudios Ingleses en Thames Valley University. Esa sólida formación internacional le permitió consolidar un pensamiento académico de primer nivel, que supo compartir con sus estudiantes y colegas en Colombia.
No se conformó únicamente con lo alcanzado: obtuvo también un Magíster en Lingüística Aplicada a la Enseñanza del Inglés, en el marco de un convenio académico entre la UPTC y la Universidad Francisco José de Caldas. Su incansable espíritu de investigador lo llevó a participar como organizador y ponente en numerosos congresos de ASOCOPI, a representar a Colombia en escenarios internacionales y a producir investigaciones y trabajos especializados, en particular en el campo del inglés con propósitos específicos (ESP). Su liderazgo lo llevó incluso a presidir ASOCOPI, la Asociación Colombiana de Profesores de Inglés, desde donde fortaleció la capacitación del magisterio y promovió estándares de excelencia en la enseñanza.
Quienes lo conocieron destacan que, más allá de su impecable hoja de vida, Moisés Mendoza fue un hombre de bondad infinita, de corazón noble y de cercanía entrañable.
La periodista «Titi» Fernández, quien lo consideró como un padre desde la infancia, expresó con profunda emoción: “Fue tan bueno conmigo toda mi vida… Aunque era mi padrastro, siempre se portó como el mejor papá y así lo vi desde los 4 años y medio. Lo vamos a extrañar muchísimo, ese hombre tenía un corazón hermoso.”

Después de décadas de entrega a la docencia, de incontables aportes a la investigación y de un trabajo ejemplar en las sedes de Tunja y Duitama, Moisés Mendoza decidió acogerse a un merecido retiro en 2002; sin embargo, nunca se retiró del todo y su voz siguió resonando en quienes lo habían escuchado, sus textos continuaron circulando en aulas y bibliotecas, y su ejemplo permaneció como una brújula moral y académica.
Hoy, su partida deja un vacío inmenso, pero también una certeza: la de haber contado en la historia de la educación colombiana con un humanista de la talla de Moisés Mendoza Castelblanco. Sus aportes académicos, su calidez personal y su rigor intelectual son huellas que no se borran.
En su vida confluyeron el educador brillante, el investigador comprometido, el formador incansable y, sobre todo, el ser humano generoso que nunca separó la ciencia de la ternura ni el conocimiento de la bondad. Moisés Mendoza nos deja, pero su legado será faro y herencia para quienes creen que la educación es la mayor obra de amor que un hombre puede entregar a su tiempo y a su país.











