
Fabiola Emilia Posada Pinedo nació en Santa Marta el 18 de septiembre de 1963 y fue conocida artísticamente como La Gorda Fabiola, una de las más respetadas y queridas humoristas de la televisión colombiana.
Fabiola Posada vivió en Santa Marta hasta sus 16 años, cuando decidió viajar a Bogotá para estudiar Comunicación Social en la Universidad Externado de Colombia; ejerció su profesión de comunicadora social en el Diario La República y en la revista Contigo, se dejó picar por la política y fue concejala de la capital de la república en el periodo 2002 a 2005.
Su llegada al mundo del humor fue una verdadera casualidad cuando un asistente del programa Sábados Felices la abordó en la calle porque andaba buscando una gorda para hacer parte de una sección del programa.

Allí en el legendario programa de la televisión nacional conoció a quien fuera, hasta su muerte, el compañero de vida, profesión y andanzas, Nelson Polanía «Polilla».
Como comediante la popular “Gorda Fabiola” deja un inmenso legado y en su hoja de vida los instantes cuando realizó grandes espectáculos en Buenos Aires, Chile, Panamá, Caracas, New York y Washington, entre muchos otros lugares del mundo.
Series para televisión, películas, obras teatrales y su presencia permanente en el programa Sábados Felices, la catapultan como gran actriz, humorista y guionista y en el corazón de sus colegas la convierten en ángel inmortal, porque para ellos, la Gorda Fabiola era algo más que compañera, fue mentora y figura maternal.
En 1997, a sus 33 años, la humorista confirmó que padecía de diabetes y a causa de esta y otras complicaciones, el 2 de noviembre de 2014 sufrió cuatro infartos, por lo que se le realizó una cirugía de corazón abierto; días después vuelve a la Unidad de Cuidados Intensivos por una hemorragia de vías digestivas.

La “Gordita Fabiola” falleció hoy 19 de septiembre de 2024, a los 61 años de edad, a causa de un fulminante paro cardiaco, el quinto que se la llevó de manera definitiva.
Adiós a la progenitora de sonrisas y a quien supo lidiar con humor las mareas de la vida, porque hasta en los más angustiosos instantes, su humor y sapiencia fueron su luz y su impronta.











