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Chepe Correa, la guitarra se ha quedado sola

La despedida del gran "Chepe". La Palestra informa

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04/11/2025

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Jose del Carmen Correa, «Chepe». Fotografía Archivo particular.

Por: José Ricardo Bautista Pamplona

La mañana de Duitama amaneció más gris de lo habitual, como si el cielo mismo hubiese guardado luto. La noticia, desgarradora, se esparció como una nota triste en la partitura de la vida cultural boyacense: José del Carmen Correa Gómez, el maestro Chepe, había partido, dejando tras de sí un silencio que caló hondo.

Un respeto solemne se apoderó de las emisoras locales, de los pasillos de las instituciones educativas y de los círculos musicales donde su nombre era sinónimo de excelencia, calidez y de una dulzura pedagógica que rozaba lo sublime.

Chepe no solo fue docente, fue un verdadero formador de almas y en las aulas impartía conocimientos con una paciencia infinita, porque era en el escenario donde revelaba esa otra vocación que lo habitaba desde siempre: la música. 

Guitarra en mano y con una voz templada por los ecos eternos de los Andes, dirigía con pasión y finura un coro de voces femeninas en el Colegio de la Presentación, institución donde su huella ha sido indeleble, como indelebles fueron sus enseñanzas sembradas con amor y cosechadas con gratitud en las parcelas de la identidad colombiana.

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El amor de su vida, su esposa Alicia Sanabria, recibió de él todos los cortejos. 
Fotografía Archivo particular.

Con su entrañable trío, Los Embajadores del Tundama, José del Carmen, el popular Chepe, vivió momentos colmados de magia, recorrió con orgullo los más importantes escenarios del departamento y del país, llevando en su agudo timbre la romanza del alma boyacense envuelta entre bambucos, pasillos y guabinas, que entonaba con donaire, para que sobre su voz clara se fundiera la segunda armonía de su fiel amigo Luis Alberto. Juntos, y acompañados por talentosos ejecutantes de la guitarra marcante, tejieron un repertorio inolvidable, que aún vibra en la memoria sensitiva de quienes se deleitaron con su atenorada cadencia.

Chepe fue el patriarca de una dinastía musical y forjó una generación de ramificaciones sonoras que continuaron sus pasos con orgullo porque varios de sus hijos brillan hoy en distintos rincones del mundo, interpretando con maestría instrumentos vernáculos, llevando en sus venas el arte y la pasión heredada del padre maestro.

Su voz, esa frecuencia que acariciaba el alma, ha quedado grabada en varias producciones discográficas que hoy custodian su legado, y ellas serán las encargadas de perpetuar su recuerdo, alimentando el eco sonoro del tiempo, para que su cadencia siga navegando entre los sonidos del viento y el susurro de su canto armonice con más fuerza la entraña del cancionero colombiano.

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El Trio Embajadores del Tundama fue su aliento y su misión. Fotografía Archivo particular.

La historia de Chepe es la historia de una vida trenzada entre pentagramas y pizarras porque fue educador en diversas instituciones de Duitama, dejando rastro no solo en los cuadernos, sino en los corazones de incontables generaciones que lo recuerdan como un sabio cercano, un mentor sereno, un hombre que comprendía que educar era también cantarle a la vida.

Hoy, su guitarra ha quedado en silencio, pero su música, la que enseñó, la que interpretó, la que vivió, resistirá al olvido y seguirá resonando en patios escolares, en emisoras regionales, en festivales andinos y en la memoria colectiva de un pueblo que lo admiro profundamente.

En su amada esposa Alicia, guerrera incansable y compañera de mil batallas, permanecerá viva la estampa de su rostro y en sus hijos: Mauricio, Germán Ricardo, Francisco, Martha Juliana y Carolina, resplandecerá como legado y para siempre, la prolongación de su existencia. 

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Con su familia, creó una cofradía musical que dió generosos frutos. Fotografía Archivo particular.

Ellos, herederos de su alma melódica, seguirán agrandando el rasgar cariñoso de su guitarra y el eco inconfundible de su timbre, porque han tomado sus banderas con valentía y amor, dispuestos a eternizar en los nietos del amado abuelo, la obra de quien supo dibujar en el muro del tiempo la majestuosa silueta de un bodegón florido, destinado a perpetuarse en el más elocuente de los silencios.

José del Carmen Correa Gómez no ha muerto, se ha convertido en canción.

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