
En un acto que desbordó sentimentalismo cultural, profundidad académica y compromiso patrimonial, se llevó a cabo con rotundo éxito el conversatorio “Historia, presente y futuro de la música tradicional colombiana” en el espacio de la Biblioteca del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de la capital de la república.
El evento, que registró un lleno total del aforo dispuesto, congregó a tres destacados especialistas en folclore, gestión cultural y estudios patrimoniales: Baltazar González Serrano, José Ricardo Bautista Pamplona y Juan Hilder González, cuyas intervenciones se convirtieron en brújulas conceptuales para pensar, desde una mirada crítica y constructiva, el devenir de nuestras músicas vernáculas.
Este encuentro, liderado por el Grupo Interdisciplinario Gestarte y la Fundación Arte Colombia, con el respaldo del mismo Teatro Mayor, dejó un mensaje contundente: la música tradicional colombiana no puede seguir navegando en la orfandad institucional ni en la trivialización mediática.

El evento fue presentado por de manera lúcida por las directivas de Gestarte, y la Fundación Arte Colombia, Judy Halerssa Jiménez Saavedra y María del Pilar Barrera, y moderado con solvencia y claridad por el maestro Miguel Ángel Hernández, quien supo hilar los temas con agudeza y conocimiento pleno.
Los ponentes coincidieron en subrayar la preocupante ausencia de políticas públicas articuladas que definan una hoja de ruta clara para el presente y futuro de la música tradicional en Colombia. Se hizo énfasis en que no basta con la exaltación episódica de los aires folclóricos en contextos festivos, porque se requiere un compromiso estructural, con presupuestos, plataformas formativas y marcos normativos que protejan y proyecten a nuestros compositores, intérpretes, luthiers, portadores de tradición y gestores culturales.

Uno de los núcleos del diálogo fue la necesidad de implementar procesos pedagógicos de alto nivel técnico en todos los territorios, especialmente en aquellos donde los saberes ancestrales se encuentran en riesgo de desaparición. La música andina, el bambuco, el pasillo, el torbellino, el sanjuanero, la guabina, la caña y otros aires, requieren no sólo intérpretes virtuosos, sino también públicos formados con criterios estéticos, históricos y culturales, para así sostener el ecosistema artístico en el tiempo.
Otro de los llamados más reiterativos fue el de trascender la llamada “cultura show”, entendida como una visión superficial y espectacularizante del folclore, para dar paso a procesos investigativos, formativos y comunicativos sólidos y sostenidos. Los festivales deben dejar de ser únicamente vitrinas efímeras de talento y convertirse en plataformas vivas de circulación del conocimiento, memoria histórica y desarrollo artístico. Se propuso además la creación de alianzas estratégicas entre instituciones culturales, universidades, medios digitales y comunidades, para tejer una red nacional de revitalización del patrimonio musical colombiano.

Durante la amena disertación se habló de la vida y obra del maestro Pacho Benavidez, a propósito de la publicación que sobre este juglar hizo el escritor y abogado Baltazar Rodríguez, en una extraordinaria recopilación de más de 500 páginas donde ilustra de manera ajustada, las andanzas musicales del gran tiplista colombiano y su periplo por tierras europeas.
En otro momento fundamental del conversatorio, se abordó con urgencia la necesidad de permear los entornos digitales con contenidos rigurosos, emocionantes y pedagógicos sobre nuestra música nacional. YouTube, Spotify, TikTok, Instagram, podcasts y otras herramientas deben dejar de ser usadas sólo como vehículos de entretenimiento banal y convertirse en escenarios de divulgación estética y emocional de los grandes creadores del país. “Hay que llegar al alma y al corazón de los pueblos, por todos los canales posibles, para que en primera fila estén nuestros autores, compositores, arreglistas e intérpretes”, se afirmó con fuerza.

El evento, más allá de su contenido académico, fue también una fiesta para el espíritu. La apertura dancística y musical estuvo a cargo del Trío Razal con coreografías y la interpretación del tiple y el requinto, mientras que el espectacular cierre lo protagonizó el exquisito banquete musical ofrecido por el maestro Héctor Raúl Ariza y su virtuoso hijo, Héctor Raúl junior, quien además ha sido ganador de grandes festivales como el Mono Núñez de Ginebra, Valle del Cauca.
Este conversatorio, celebrado el sábado 12 de julio en la capital de la República, fue también la antesala del Tercer Festival Nacional de Música Colombiana de Suba, que se celebrará el próximo 10 de agosto en el mismo Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo; un certamen que, año tras año, viene consolidándose como un espacio cultural de alcance nacional, con una agenda que privilegia la calidad estética, la formación de públicos y la dignificación del repertorio andino colombiano.

Con una impecable organización y un auditorio atento y reflexivo, el conversatorio dejó claro que el debate sobre el presente y futuro del folclor no solo es necesario, sino urgente.
Ecos de jornadas como esta, resuenan hoy con más fuerza que nunca, porque Colombia necesita políticas que escuchen su música, medios que abracen su tradición y públicos que comprendan que, en cada nota del bambuco, del pasillo o del torbellino, se esconde la memoria recóndita de un país que aún tiene mucho por cantar y por contar.

Medios que difundan lo nuestro si hay, festivales que afiancen la identidad existen muchos, programas exquisitos dedicados a lo nuestro también están presentes, procesos formativos educando a cientos de niños aumentan cada día.
Lo que no hay es conciencia colectiva generalizada para acoger estos espacios sostenidos por los gestores y algunos gobiernos, que no se cansan de luchar para que estos programas permeen las distorsionadas preferencias de los públicos y los gustos mediáticos y manipulados de las sociedades, influenciadas por medios y empresarios que generan grandes capitales de la explotación cortoplacista del espectáculo.











