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Dora Montañez, la mujer que no quiso vivir sin su compañero

Se fue al viaje sin retorno, Dora Montañez Martínez. La Palestra informa

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11/17/2025

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Dora Montañez Martínez, la mujer que dejó huella. Fotografía Archivo particular.

La vida de Dora Montañez Martínez estuvo escrita con esa caligrafía serena de quienes no necesitan hacer ruido para dejar una huella profunda.

Su partida, tan cercana a la de su compañero de vida, Álvaro Buitrago, dejó en quienes los amaban una desolación doble, un silencio que todavía intenta comprender cómo se va alguien que era luz y pensamiento, guía y compañía.

Dora amó a Álvaro con una honestidad que se notaba en la forma en que se acompañaban, sin grandes declaraciones, con diferencias, pero con esa presencia cotidiana que sostiene la existencia: los acuerdos simples, la conversación que detiene el tiempo, los silencios que unen, la mirada que encuentra refugio.

Cuando él partió, algo en ella se quebró con una suavidad dolorosa; una tristeza honda que no disimuló y que parecía decir, sin palabras, que la vida sin él había perdido un ritmo que no sabía recuperar. Por eso su partida no sorprendió a quienes conocían la profundidad de ese lazo: Dora no sabía caminar sola una historia que había sido escrita de a dos.

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La familia que motivó sus luchas. Fotografía Archivo particular,

Pero su vida no se explica sólo desde el amor, sino también desde la inteligencia, la dedicación y la sensibilidad que la llevaron a abrazar la educación como destino. Se formó como psicóloga en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, y desde muy joven entendió que el estudio del ser humano era una vocación que exigía profundidad y empatía.

En la Universidad del Zulia, en Venezuela, cursó una especialización y una maestría en Recreación y Deporte Participativo, donde forjó una mirada crítica y a la vez generosa sobre el cuerpo, el juego, la comunidad y la educación.

Su investigación sobre la Evaluación del Programa de Educación Física de la República de Colombia revelaba ya su rigor, su curiosidad y esa mezcla única de intelecto y ternura que la caracterizaba.

Años más tarde, en la Universidad Autónoma de Madrid, inició un doctorado en Educación que consolidó su visión humanista, porque para ella, el conocimiento era una herramienta de transformación, pero también un método útil para comprender al otro.

Dora nunca persiguió títulos por ambición, ni se dejó seducir por el protagonismo. Lo suyo era un humanismo silencioso pero firme, una manera de estar en el mundo que inspiraba sin necesitar aplausos.

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Dora Montañez y Álvaro Buitrago junto al cantautor José Ricardo Bautista Pamplona. Fotografía Archivo particular.

Enseñaba preguntando, escuchando, invitando a desconfiar de las respuestas demasiado fáciles. Su voz tenía claridad, pero nunca imponía; su mirada tenía profundidad, pero jamás juzgaba y en ella, las humanidades eran una manera de aproximarse a las personas con respeto, curiosidad y afecto verdadero.

En una de sus más recientes tesis presentada a la Universidad europea, Dora Montañez Martínez analiza cómo el uso desmedido de los canales virtuales de comunicación, especialmente del celular, incide en las habilidades socioemocionales de adolescentes de 9º a 11º grado en dos instituciones educativas de Duitama, Boyacá. 

A través de un enfoque mixto desarrollado en dos fases, una cualitativa con grupos focales, observaciones y entrevistas, y otra cuantitativa mediante encuestas a estudiantes, docentes y familias, el estudio evidenció que un mayor tiempo de uso del celular reduce la interacción presencial y afecta las relaciones interpersonales tanto en el entorno familiar como en el escolar. 

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Fotografía tomada el 5 de enero de 2025 en Pueblito Boyacense. Fotografía – Camila Otalora.

En su laureado estudio, los distintos actores coinciden en que la preferencia juvenil por la comunicación virtual altera la dinámica cotidiana y debilita los vínculos sociales, por lo que su trabajo propone orientaciones generales para que docentes y familias acompañen a los jóvenes en un uso más consciente y resignificado del dispositivo móvil. Este, es sin duda, uno de los tantos legados del agudo análisis de esta guerrera del camino y por eso alcanzó a abrir una oficina para atender y asesorar problemas de jóvenes con dependencia del celular. 

El movimiento scout fue otro de los territorios donde su esencia se expandió. Allí encontró un camino que coincidía con su ética: servicio, solidaridad, disciplina, respeto por la naturaleza y por los demás. Su presencia era guía constante, discreta y firme.

Acompañó generaciones que hoy la recuerdan como esa luz que sabía orientar sin presionar, que sabía escuchar antes de opinar y que hacía de cada campamento, de cada fogata y de cada caminata, un espacio de crecimiento auténtico. Su legado en el escultismo es indeleble porque nace de la coherencia, de un servicio que nunca se agotó.

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Dora y Álvaro celebraron junto a sus amigos, cada instante y cada momento. Fotografía 17 agosto de 2025 – Evelyn Pérez.

Por eso duele tanto que se haya ido cuando aún no se acallaban las voces que despedían a Álvaro. En sus últimos días, cuentan quienes la acompañaban, se le veía un cansancio distinto, una tristeza noble, una lucidez que parecía entender que la vida ya estaba cerrando su ciclo. No fue derrota; fue honestidad, porque Dora no se aferró al mundo por obligación; sencillamente siguió el camino que siempre había recorrido con él.

Su ausencia pesa, pero su vida sigue irradiando. Quedan su inteligencia sencilla, su ternura sin adornos, su risa genuina, ese modo suyo de ayudar sin pretender brillar y las semillas que sembró en estudiantes, scouts, amigos y colegas. Quedan sus ideas, sus preguntas, sus silencios compartidos, su elegancia discreta y queda, sobre todo, la certeza de que hay almas que no parten solas porque fueron hechas para caminar acompañadas.

Dora Jesús Montañez Martínez se fue con la misma dignidad con la que vivió, reencontrándose con quien fue su compañero de ruta, dejando en este lado del camino un legado que no se borra y una memoria que seguirá ardiendo con la suavidad de las almas verdaderamente refulgentes.

Paz en su tumba y el mensaje de aliento a sus hijos, quienes seguramente honrarán con ejemplarizantes acciones, el legado de sus padres. 

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