
Sin duda el maestro Eduardo Malagón Bravo hace parte de esa maravillosa estirpe de grandes escultores como Dionisio Cortés, Rómulo Rozo; quienes con sus magníficas obras de arte han colocado muy en alto el nombre del país ante el mundo.
Eduardo Malagón Bravo es muy reconocido y respetado, por sus obras ubicadas en espacios públicos y recintos de relevancia en varios paises, las que lo han consolidado también en el ámbito nacional e internacional.

El referido, humanista, historiador y escultor, es el autor del monumento que engalana, este año, la Conmemoración del Bicentenario de la Batalla de Ayacucho, 55 años después de que Arenas Betancur, hiciera la alegoría de los Lanceros de Pantano de Vargas.
Es también autor de las obras primigenias de Simona Amaya, Matilde Anaray, Juana Velasco de Gallo, La Señora Tunja, la Diosa del Agua, la Princesa Moniquirá, autor de los escudos heráldicos de Moniquirá, Santa Sofía, Sutamarchán, el Escudo de la Paz de Colombia, autor de los himnos de los municipios de Moniquirá, Paya y Pisba y ejecutor de las cabezas de Bolívar y Nariño, las más grandes del mundo hasta hoy, que reposan en su Finca Museo del Pensamiento y la Libertad de arcabuco.

El maestro Eduardo Malagón es además, el autor de la Placa Conmemorativa de los 180 años de la Campaña Libertadora de Puente de Boyacá y los medallones de Bolívar ubicadas en lugares legendarios y emblemáticos, dan cuenta de la genialidad de este escultor de la historia como los que se adosan en muros y vitrinas de la Casa de Nariño, Congreso de Colombia, asamblea de Boyacá, Gobernación de Boyacá, Alcaldía de Tunja, Misiones diplomáticas de Venezuela, Bolivia, Perú, Panamá, Palestina. Monumento alcaldía de Caracas, Puerto Cabello, Quito, entre otros lugares del mundo.

Malagón Bravo, hijo de una pareja que, en su época fueron líderes sobresalientes, en cada una de sus misiones; su padre político apasionado y músico virtuoso, su madre fue la primera mujer que llegó a ser Inspectora de Educación del occidente de Boyacá y organizadora del plebiscito de 1957 en Moniquirá, además excelente pintora de caballete de parajes del valle de Zaquencipá
Continúa el andar de este hombre de estirpe audaz y señorial, por los senderos de la historia, esa misma a la que él, como escultor y humanista, ha contribuido dejando ya una huella perenne.











