
La platea del coliseo Gerardo Arellano Becerra de Ginebra queda hoy en un silencio distinto, porque Carlos Duque, a sus 63 abriles, cierra su jornada dejando una obra que no se proclamaba, pero se hacía evidente en cada detalle resuelto con exactitud.
Su labor no ocupaba el centro de la escena, pero sostenía su equilibrio y allí donde todo debía estar dispuesto con rigor, él ya había pasado, sin ruido, dejando orden y sentido, porque no trabajaba para ser visto, sino para que todo ocurriera sin fisuras y tenía la precisión de quien entiende que el verdadero oficio no se anuncia, sino que se ejecuta.
Su particular manera de asumir la organización de la platea no respondía a la urgencia, sino a la previsión; no al protagonismo, sino a la responsabilidad y en esa forma contenida y eficaz residía su carácter.
En la edición 52 del Festival Mono Núñez, no estará físicamente en el coliseo, pero su trazo permanecerá en cada espacio dispuesto, en cada jornada que fluye sin tropiezos, porque seguirá presente en la lógica misma del orden que ayudó a construir y en ese engranaje invisible que hace posible que el Festival Mono Núñez se despliegue con la dignidad que lo distingue.
Se recordará su trato respetuoso, su disciplina constante y su capacidad para resolver sin alterar el curso de los demás, toda vez que Carlos Duque no dejó discursos sino estructura y tampoco dejó gestos grandilocuentes; dejó un modo de hacer que se sostiene por sí mismo.
En cada nueva edición de su amado Festival Mono Núñez, cuando todo esté en su lugar antes de que comience la música, habrá una forma silenciosa de reconocer que allí sigue inscrito en la manera correcta de hacer las cosas.
Funmúsica lamenta profundamente su partida y extiende a sus familiares un abrazo de condolencia que también recoge el sentir del gremio de la música andina colombiana, porque en la memoria afectiva de músicos, presentadores, sonidistas, logística, periodistas, directores y gestores permanecerá por siempre, con claridad indeleble, el rostro generoso de Carlos Duque y la huella discreta de su afecto.











