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El adiós del patriarca Diomedes Yate Prada

Se despidió de la esfera terrenal don Diomedes Yate Prada, un verdadero patriarca de ejemplarizantes acciones

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07/14/2024

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Don Diomedes Yate Prada, un roble de enternecedoras mañanas. Fotografía Archivo particular.

Diomedes Yate Prada fue un verdadero patriarca. Hijo de un mestizo y una indígena, el abuelo Diomedes y la abuela Emperatriz.

Nació en las tierras calientes de Natagaima, al sur del departamento del Tolima, donde alumbró también el alma del “Cacique de la Tierra”.

Desplazado de la violencia ocasionada por las divisiones políticas de las décadas de los 40 y 50, buscó la capital de la república como refugio y allí, no sólo halló paz y sosiego, sino que encontró al amor de su vida, Julia Ester, una mujer salida de la estirpe santarroseña con quien construyó el más bello idilio del que alumbraron sus hijos y nietos que hoy lloran la partida del “viejo”.

Luego, Diomedes Yate Prada encontró refugio para sus anhelos en la ciudad de Paipa, donde permaneció durante sus últimas décadas, una ciudad que recorría con su bastón sereno mientras contemplaba, en silencio, el noble andar de las palomas y el ocaso del arcoiris que bordeaba la cúpula de la altiva iglesia. 

La música que entregaban sus hijos y sus nietos en eternas serenatas se convirtió en alivio para sus años añejos, por eso los bundes y bambucos fiesteros alegraron sus mañanas, como el sol de las montañas y el rasgar de su guitarra, que sirvió de morada para sus cuitas y añoranzas. 

La sociedad paipana, boyacense y tolimense se reúne para despedir a un hombre que fue la piedra angular de la familia, un patriarca cuya sabiduría, fortaleza y amor guío el sendero de los que supieron, con sus caricias, dar vida a los años veteranos de su padre, contertulio y abuelo.

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Con sus años viejos, don Diomedes daba vida a la vida con el rasgar de su guitarra y la compañía grata de su descendencia. Fotografía Archivo particular.

Una presencia que fue ejemplo de dedicación y sacrificio, siempre poniendo a su linaje primero, porque enseño el valor del trabajo abnegado, la importancia de la honestidad y la belleza de existir con integridad. Sus palabras y acciones fueron siempre un faro de luz, destellando de amor el camino firme y seguro para su descendencia.

«Aunque hoy nos embarga la tristeza por su partida, también celebramos la vida plena y significativa que vivió mi padre. Nos deja un vacío que nadie podrá llenar, pero también un tesoro de recuerdos y lecciones que atesoraremos para siempre», así lo señaló el reconocido jurista Diomedes Yate Chinome, al referirse a este medio sobre la partida de su padre.

Con la labor cultural y social que adelanta desde diferentes áreas la familia de don Diomedes Yate Prada, se honra la memoria de este sabio andariego, manteniendo los lazos familiares fuertes y viviendo con el mismo espíritu de amor y generosidad que él les enseñó, y mientras así sea, su recuerdo se apreciará por siempre y para siempre con el alma, porque «nunca muere quien jamás se olvida». 

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