
35 años de vacío y pena. La nota está acompañada de dos episodios del podcast “Cantando la Historia” para escuchar, conocer y disfrutar.
Por: José Ricardo Bautista Pamplona – director general de La Palestra
Gerardo María Arellano Becerra fue víctima de la violencia del narcotráfico en Colombia, específicamente del ataque perpetrado por el cartel de Pablo Escobar en 1989.
Según la Fiscalía, ese año Escobar ordenó el atentado con bomba en un avión de Avianca, el vuelo 203, en el que viajaba Arellano Becerra.
La Fiscalía asegura que la explosión ocurrió el 27 de noviembre de 1989, a las 3:01 p.m., hora local de Colombia. Este atentado, uno de los más notorios de la época, fue parte de una serie de actos de terror ejecutados por Escobar y su cartel, con el fin de presionar al gobierno colombiano y a la sociedad en general.

El avión explotó en pleno vuelo y las 110 personas a bordo, incluido Gerardo Arellano, perdieron la vida. Sin embargo, el mismo hijo del reconocido tenor, Federico Arellano, lideró un análisis titulado «Vuelo 203: Revelaciones de un Secreto» donde se fundamentan las discrepancias que rodean este hecho.
Arellano Becerra, destacado intérprete, actor, presentador y educador fue una de las muchas víctimas inocentes de la violencia en Colombia, que llenó de miedo y zozobra a la sociedad nacional.
Su muerte marcó un triste capítulo en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo en el país, siendo uno de los muchos que perdieron la vida debido a las acciones violentas impulsadas por el narcotráfico en esa época y su feroz enfrentamiento con el Estado colombiano.
El recordado maestro Gerardo María Arellano Becerra nació en Buga el 24 de diciembre de 1946, y su nombre es recordado como uno de los más importantes cantantes líricos de Colombia, cuya voz atenorada interpretaba tanto obras operáticas como música romántica y, por supuesto, el canto colombiano, que fue su pasión inmutable.
El maestro Arellano Becerra estudió música en la Universidad Nacional de Colombia, se graduó con honores como cantante en la Scala de Milán, Italia, y participó como voz protagonista en la Fundación Arte Lírico, en la Estudiantina de la Universidad Nacional, en el Trío Joyel, en el Grupo Coral Ballestrinque, en el Coro Arellano Becerra y en la Compañía Nacional de Ópera, donde sus interpretaciones de géneros clásicos como solista y voz principal de la zarzuela fueron muy aplaudidas.

Su singular consonancia se hizo sentir con las orquestas sinfónicas de Colombia, Antioquia, Valle del Cauca y la Filarmónica de Bogotá, entre otras, y en las recordadas temporadas de ópera desde 1977 hasta 1985.
Su euritmia sirvió de refugio para majestuosas interpretaciones que siempre serán recordadas. Fundador de la Coral Verdi y miembro fundador de los Coros Estables del Instituto Colombiano de Cultura y del Teatro Colón de Bogotá.
Su paso por el Festival Mono Núñez marcó una época esplendorosa para la música andina colombiana y su conocimiento y experticia también fueron puestos al servicio de la presentación de grandes eventos y programas para la televisión colombiana, porque sus alocuciones se convertían en verdaderas cátedras, honrando también su genialidad como formador y educador.
El Coliseo de Ginebra, Valle del Cauca, donde fue presentador oficial por muchos años del evento rector de la música andina en el país, recogió su nombre y su huella, y por ello el recinto se denomina “Coliseo Gerardo Arellano Becerra”.

Con su hermana, la cantante Beatriz Arellano, Gerardo propició el dueto mixto más bello que haya tenido la música andina colombiana. Sus medidas uniformes y exactas euritmias fueron difundidas en programas de la televisión colombiana en la época de oro, como el que dirigía el desaparecido Eucario Bermúdez. Allí, la obra de su hermano Eugenio Arellano, “Hay que sacar el diablo”, y “Pueblito Viejo” de José Alejandro Morales, tomaron quizás otras dimensiones ante la majestuosidad interpretativa de este par de almas gemelas.
Las tertulias originadas por el “galán de voz atenorada” reunían a las figuras más respetadas de la música colombiana, como lo recuerda el juglar Fernando León “El Chino León”. En el tradicional Chapinero de la antigua Santafé de Bogotá, se reunían con Gerardo Arellano y los grandes compositores e intérpretes para compartir bambucos, valses y pasillos, y dar luz a nuevos proyectos y creaciones.
Federico Arellano Mendoza, hijo del aplaudido Gerardo, abogado de la Universidad Sergio Arboleda, especialista en Derecho Comercial y Financiero, asesor y consultor en asuntos de derecho público y privado, quien se ha convertido en defensor de los derechos humanos y brillante jurista, además de atesorar en su voz y en su pluma el legado de su padre, se refiere así a su mentor, progenitor y guía:

«Mi padre era un cultor del arte. Era un hombre que, con su señorío y sencillez, siendo exultante, brillaba con luz propia. Hablar de Gerardo Arellano, para mí como su unigénito heredero, no es fácil; me quedó una responsabilidad inmensa de honrar su nombre intachable y su memoria impoluta.
Por eso, y por mucho más, hoy sigo adelante y sin descanso, impulsando y dinamizando el proceso internacional ante el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, con miras a que algún día, ya no tan lejano, por los avances significativos que he logrado, luego de casi cuatro décadas, el país entero sepa la verdad de lo que pasó en ese horrendo episodio que bañó nuestra bandera con sangre inocente. Para mi desgracia y la de los míos, me arrebataron al ser humano que más he amado en la vida: mi padre.
Desde la perspectiva judicial local, sigo trabajando arduamente persiguiendo el fin último de la verdad, la justicia y la reparación que, gracias a un trabajo constante y perseverante, contra todo pronóstico y hasta esquivando balas, he podido entregar resultados tangibles y favorables a las víctimas de este y otros hechos, en materia humanitaria. Seguiré también enalteciendo su nombre y su recuerdo sempiterno, como más lo merece: cantando, con música y amor por el arte, y difundiendo nuestra cultura, como lo hago semanalmente en mi podcast radial Cantando la Historia, que en esta nota encuentra dos episodios en homenaje a la vida y obra de un gigante en tierra de grandes: Gerardo Arellano Becerra.”

La muerte de este prócer de la cultura nacional se suma a las barbaries que siguen cometiendo aquellos que tienen de rodillas a la patria y no quieren entender que la paz es el único camino para lograr el avance y progreso de los pueblos.
A lo largo de la historia de la música colombiana, pocos artistas han logrado dejar una huella tan profunda como Gerardo Arellano Becerra. Con su idoneidad genuina y su inconfundible voz, se convirtió en un referente de la cultura nacional, llevando el nombre de Colombia a los escenarios más prestigiosos del mundo.
Su cadencia, rica en matices y una pasión que inspira los más caros sentimientos, fueron, han sido y serán un fiel reflejo de las tradiciones musicales del país, fusionando lo mejor de nuestras raíces con una visión innovadora que trascendió fronteras para siempre.
El espíritu de Gerardo María Arellano Becerra sigue más vivo que nunca, y más ahora que recibió en su regazo celestial a su amada Claudia Patricia Mendoza Serrat, a quien Gerardo amó profundamente, desde que se conocieron cuando él era su profesor de francés.

Los podcast adjuntos a la nota
Difundimos y promocionamos en esta nota dos episodios del programa “Cantando la Historia”, que produce Federico Arellano Mendoza, con invitados especiales como Beatriz Arellano, hermana del maestro Gerardo Arellano; Fernando “El Chino” León, quien fue como un hermano y con quien compartieron memorables instantes; Gustavo Adolfo Rengifo, su entrañable compañero y amigo; y Eduardo Cabas, sin igual contertulio y cómplice de Gerardo Arellano, quien hizo obras hechas a la medida del recordado maestro.
AQUÍ LOS EPISODIOS DE «CANTANDO LA HISTORIA»











