
La música andina colombiana es un género fascinante que tiene en su historial a grandes juglares de la composición y la interpretación de aires que, como el Bambuco, Pasillos, Guabinas, Valses, Torbellinos, Foxtrot y tanto lo tradicional, como las nuevas versiones y fusiones, han encontrado refugio en los instrumentos vernáculos y en las voces de notorios mensajeros de textos y armonías tranquilizadores.
Animados por esta llama de identidad, un grupo de gestores y amantes de los ritmos del folclor andino, se dió a la tarea de crear un festival que encontró su morada en la quimérica Ginebra Valle del Cauca, un municipio ubicado a escasos 40 minutos de Cali, la capital de esta exótica región colombiana tapizada de extensas plantaciones de caña de azúcar.
En 1974 y como homenaje al maestro Benigno Núñez, fue creado un festival de música andina colombiana tras la iniciativa de la hermana Aura María Chaves, rectora del colegio la Inmaculada de Ginebra, quien, movida por el fervor de los aires originarios, dio vida a este evento considerado hoy como el rector de este género en Colombia y Latinoamérica.
Por su parte, el músico e intérprete de la bandola Benigno, apodado por sus contertulios como el “Mono Núñez”, es considerado como uno de los más virtuosos ejecutantes de la música andina colombiana en Ginebra, a quien se le conoció y respeto siempre por la habilidad en la interpretación de un instrumento de caja pequeña de cuyas cuerdas salen agudos sonidos que a decir verdad han engalanado con su tímbrica el pentagrama de la patria.

La realización del primer festival, que en el 2024 llega a su edición número 50, se desarrolló en el salón de actos públicos de la Inmaculada, momento en que se definió al dueto Lucho y Nilhem como “fuera de concurso” y se entregó el cuadro de ganadores en el que se encontraban el reconocido músico y compositor Gustavo Adolfo Rengifo en la modalidad instrumental y la talentosa María Eugenia Valderrama en la categoría vocal.
Para ese entonces, la Fundación Promúsica Andina de Ginebra, que lideraba la hermana Aura María Chaves, asumió el liderazgo del naciente evento y estableció su desarrollo de manera anual; posterior, la gobernación del Valle del Cauca entregó la personería jurídica a Funmúsica el 29 de julio de 1976.
De esta manera, la Fundación hace apertura de una serie de espacios generados desde el festival, como el caso de los homenajes, correspondiendo el primero de ellos al mismo Benigno Núñez; a continuación, al juglar José Alejandro Morales de Santander y luego vendrían los de Efraín Orozco, Carlos Vieco Ortiz, Pedro Morales Pino, Luis Carlos González, Álvaro Dalmar y Jorge Camargo Spolidore por mencionar los primeros en aparecer en una nómina legendaria convertida en historia y memoria de la nación.
La dinámica del Festival fue creciendo como la nieve, con espacios como el Festival de la Plaza, un evento que de manera gratuita y alterna reúne a un selecto público, amante de las expresiones autóctonas y los aires andinos con los que también se baila, se comparte y se disfruta hasta que el sol madrugador pega en la cara.
El Encuentro infantil Mateo Ibarra Conde, los Conciertos Dialogados, el Encuentro de Lutier, la congregación de los cantautores más importantes del país, en el ya tradicional Encuentro de Compositores, el Concierto Nacional y el Internacional, entre otros, fueron conformando ese abanico inmenso de posibilidades otorgado a los amantes del folclor andino del país, que llegan a Ginebra cada año para disfrutar de una verdadera fiesta de identidad nacionalista.
Luego del fatídico deceso del cantautor Gerardo Arellano Becerra a causa de los brotes de la violencia en Colombia, el coliseo de Ginebra fue bautizado con su nombre y allí se reúnen los más destacados intérpretes en el ámbito vocal, inédito e instrumental que llegan a Ginebra luego de un proceso de selección realizado en las regionales que tiene Funmúsica en toda la zona andina colombiana gracias al trabajo altruista y sin pausa de sus delegados.
De la enorme lista de aspirantes son escogidos 14 agrupaciones en instrumental y 14 en vocal, además de las obras inéditas clasificadas y la puja por llevarse para sus regiones las codiciadas bandolas, cuyo trofeo inmortalizó el nombre del “Mono Núñez”, es protagonizada por excelsos intérpretes del folclor, culpables de la euforia, los aplausos y los gritos de júbilo que se escuchan desde el coliseo en cada velada.

En la noche de la final, transmitida por los espectros televisivos nacionales, por las estaciones radiales y ahora por los medios digitales, el jurado calificador, conformado por aplaudidos expertos, da a conocer la lista de ganadores, entre la que se destacan los nominados a los «Gran Premio Mono Núñez», los mejores de cada modalidad, los premios especiales al mejor triplista, mejor bandolista, así como a la mejor interpretación de la obra obligatoria y mejor requintista, entre otros.
Funmúsica en una delicada tarea ha designado nombres de destacados personajes de la música andina colombiana para bautizar los premios especiales como Pacho Benavidez al mejor intérprete del tiple, Diego Estrada al mejor bandolista y Jorge Ariza Lindo al mejor ejecutante del requinto.
Dos «Gran Premio Mono Núñez» son entregados, uno en cada modalidad, y los ganadores de tan apetecidos galardones, pasan a formar parte de la cartelera de honor del festival y para muchos de ellos se abren otros caminos de éxito y reconocimiento, amén de la presencia que hacen los nuestros en los escenarios del país y el mundo.
El nombre y reputación ganados por el festival no es solamente en lo musical, porque allí se conjuga un paquete completo del que hacen parte, la gastronomía, el turismo de naturaleza, la investigación, las romerías religiosas al Señor de los Milagros, el turismo de historia revelado en la hacienda y monumento nacional El Paraíso que guarda el relato de amor consignado en «La Maria» de Jorge Isaacs y todo el acervo de identidad que mueve a miles de almas aglutinadas en torno a los aires de la zona andina colombiana.
El Festival Mono Núñez ha sido entonces asidero y semillero de grandes figuras del ámbito nacional y de muchos artistas como la vocalista y compositora María Isabel Saavedra, nacida en Ginebra, quien fuera otra de las colonizadoras de los apetecidos honores en los albores del encuentro anual.
Las expresiones autóctonas se dan cita también en Ginebra, con la presencia de los artistas sin academia, protagonistas de interpretaciones genuinas a través de instrumentos icónicos del ancestro, catalogados como la fuente inspiradora para el surgimiento de otros elementos perfeccionados tras la búsqueda incesante de los precursores y estudiosos de los sonidos andinos.
En las primeras décadas, la Misa Criolla, protagonizada por el legendario Grupo Bandola de Sevilla, se convirtió en otro de los tantos atractivos del festival con la interpretación de obras arrancadas de las líricas bambuqueras y de esos versos que encontraron en la espiritualidad refugio y resiliencia.
Una novedosa metodología, a la que se le dio el nombre de “Conciertos Dialogados”, han sido el mejor espacio para que los cantautores e intérpretes interactúen de manera directa con los públicos y cuenten las historias que dieron origen a las más bellas obras que hoy hacen parte de un catálogo glorioso, heredado a las presentes y futuras generaciones.
Desde hace varios años el festival tiene un concierto de lanzamiento en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo en la capital de la república, a donde son invitados los ganadores de los (Gran) Premio Mono Núñez en las categorías vocal e instrumental, acompañados por una nómina excelsa de aplaudidos intérpretes, protagonistas de inolvidables jornadas.
Grabaciones en vivo de cada edición donde han quedado registrados voces e instrumentos de la nueva cosecha de la tradición, así como los homenajes a la vida y obra de los grandes juglares, escritos, libros, colecciones e investigaciones que reposan el en Centro de Datos Hernán Restrepo Duque, hacen parte de una distinguida producción apetecida por cualificados melómanos, historiadores y letristas, habidos de buenos y calificados contenidos, fruto de 50 festivales del Mono Núñez donde se han dejado para la memoria cultural del país, los más bellos instantes que solo se viven en Ginebra tras la realización de imperecederas expediciones protagonizadas por versados artistas de la cosecha prolífica del talento colombiano.
Eso y mucho más es el Festival más importante de la zona andina colombiana declarado como Patrimonio Cultural de la Nación que este año llega a la conquista de su quinta década para refrendar con una novedosa programación alistada por las directivas de Funmúsica con la complicidad de cofradías culturales del orden público y privado, autores, compositores e intérpretes, investigadores, folcloristas y un racimo más de corazones que palpitan al unísono y al ritmo de los aires del saber popular.

El concierto de lanzamiento de la edición 50 del festival se llevará a cabo en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo el próximo 3 de marzo a partir de las 5:00 de la tarde con presencia de Tinna Méndez «Gran Premio Mono Núñez» Vocal, y Sincopa2 «Gran Premio Mono Núñez» Instrumental del año 2023. Junto a ellos El Convite “Benigno Núñez” Nominados al «Gran Premio en la modalidad Instrumental en los años 2022 y 2023, ganadores de los premios especiales a mejor tiplista y bandolista en sus dos años de participación.
La nota alegre y picaresca de la jornada, estará a cargo de la agrupación Rumbambuquiando que tienen ya un historial de ponderaciones y aclamaciones en el tradicional Festival de la Plaza por su novedosa y vanguardista propuesta musical con las fusiones de los aires nacionales y el humor implícito en sus creaciones.
En varios de los conciertos realizados en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, Funmúsica ha hecho reconocimiento y homenaje a personajes que han contribuido al engrandecimiento del folclor de la zona andina y en el lanzamiento de la edición 50 del Mono Núñez, este año corresponde al virtuoso intérprete del órgano y gran señor Raúl Castaño quien hará dupla con la aplaudida Ruth Marulanda al piano, en una entrega inolvidable de emblemáticas obras del pentagrama patrio.
Luego del suculento banquete de lanzamiento, Ginebra abrirá nuevamente las puertas de su corazón para recibir a los amantes del carácter colombiano, en la celebración de 50 ediciones del Mono Núñez, acontecimiento que se llevará a cabo del 30 de mayo al 2 de junio de 2024 y que a decir verdad, estará «como para alquilar balcón».











