
El pasado fin de semana, Colombia volvió a estremecerse al compás de sus raíces con los grandes festivales de la música andina, que desde hace décadas trazan caminos de identidad, memoria, y que en esta oportunidad se convirtieron nuevamente en escenarios donde el folclor se reivindica como columna vertebral de la cultura nacional.
En la ciudad de las brumas, Aguadas, se celebró con rotundo éxito el histórico Festival Nacional del Pasillo Colombiano, mientras que en Mariquita, Tolima tuvo lugar el tradicional Mangostino de Oro.

Dos vitrinas en simultánea donde se revelan los más finos rasgos de la consonancia colombiana y donde, cada vez con mayor fuerza, resplandece la presencia de la mujer como protagonista indiscutible de estas músicas que nos definen.
Hoy, más que nunca, la mujer se alza como intérprete, compositora, gestora, dirigente, creadora, y su voz, su inspiración y su talento construyen nuevas dinámicas que enriquecen el panorama de las músicas tradicionales del país.

En Mariquita, la paipana Leydy Belén Osorio Vásquez, conocida en el ámbito artístico como Belén la Margarita, conquistó el primer lugar en la modalidad de solista vocal, confirmando el poder transformador de su canto. En Aguadas, por su parte, la también solista vocal Mónica Adela Escobar Cardona fue la ganadora en su categoría, brindando un triunfo que reafirma la fuerza femenina en este género.
La composición, espacio muchas veces reservado a los nombres masculinos, hoy encuentra en la mujer nuevas luces y la vallecaucana María Isabel Mejía, joven cantautora que ya se perfila como revelación de la música andina, obtuvo el primer lugar en la modalidad de obra inédita en Aguadas, dejando claro que su pluma y su melodía marcan un rumbo fresco y prometedor para nuestros aires.

En la modalidad de duetos, los logros femeninos también brillaron. El Dueto Prisma, ganador en el 34° Festival Nacional del Pasillo, cuenta con la voz y el talento de Angie Daniela Serna Quintero, quien con su interpretación enalteció el certamen.
Y en el Mangostino de Oro, el Dueto Luar, integrado por Ana María Rodríguez Monroy y Martha Díaz Peña, se alzó como vencedor del Concurso Nacional de Duetos, un reconocimiento que exalta la fuerza de las mujeres cuando entrelazan sus voces en armonía perfecta.

Ese mismo certamen consagró también a agrupaciones donde la mujer es figura esencial. El Gran Premio fue para Arte Trío, que cuenta en sus filas con la talentosa Gabriela Gieselle Barrera, mientras que el título de Mejor Guitarrista recayó en Martha Díaz, quien demuestra que el virtuosismo femenino trasciende la interpretación vocal y se impone en la ejecución instrumental.
En Sevilla valle, se adelantó de igual forma una edición más se su emblemático Festival Bandola, donde por supuesto la mujer fue figura central como el caso de la aplaudida actuación de la vocalista Laura Chaparro Nossa, en tanto que el Petronio Álvarez es sin lugar a dudas un escenario donde la presencia de ellas sobresale en cada voz, cada acorde, cada paso; y qué decir de las coreografías que desfilaron en los escenarios de Aguadas engalanados por bellas mujeres que marcaron en sus caderas el ritmo de la identidad colombiana.

Los cuadros de honor de jurados, también estuvieron armonizados por la presencia de exitosas mujeres como el caso de la maestra Mireya Becerra Quiroz integrante del Dueto Primavera quien fue jurado en el Mangostino de Oro o Juliana Escobar y Dora Carolina Rojas, que integraron la mesa de jueces del Festival del Pasillo colombiano
Carolina Ramos, Carolina Muñoz, María Isabel Saavedra, Maricarmen Pérez, Delcy Yaneth Estrada, Estefanía Molina, Lizeth Vega, Juanita Sossa, Diana Alexandra Granados, el Dueto Flor de Mayo, entre muchas otras, fueron las estrellas en los grandes eventos del pasado puente festivo y la lista es muy grande, por lo que a todas las damas que engalanaron la escena nacional, entregamos nuestro reconocimiento, admiración y respeto.

Estos logros, como los segundos, terceros puestos y cuadros de finalistas y participantes integrados también por virtuosas damas, confirman una verdad innegable; la música andina colombiana tiene voz de mujer y su presencia no sólo engrandece los escenarios, sino que asegura la continuidad y renovación de una tradición con futuro, toda vez que ellas como dadoras de vida, garantizan la llegada de nuevos latidos al pentagrama de la patria.











