
En las empinadas montañas que abrazan a Pueblito Boyacense, donde el viento huele a tierra fría y a historia campesina, ha ocurrido algo que no es poca cosa para la memoria cultural del lugar y la región; el Taita Nicanor, ese personaje emblemático que ya tiene hasta canción propia y habita en el imaginario popular, por fin ha tomado forma humana.
Se ha hecho carne, gesto y presencia, y lo ha hecho en la figura del maestro, pedagogo y escultor Luis Rojas, artista insigne del país, creador de obras que han enamorado a viajeros y locales por igual.

Esta personificación es un acto simbólico y la cristalización de una tradición que venía creciendo desde las entrañas mismas del pintoresco lugar; una manera de decirle al país y al mundo que Pueblito Boyacense sigue siendo semillero de relatos vivos, de figuras que nacen del andar diario, del paisaje, de la risa comunitaria y de la sabiduría sencilla del campo.
El nombre Nicanor, de resonancia antigua y poderosa, tiene origen griego y se compone de las palabras “νίκη” (níkē), que significa victoria, y “ἀνήρ” (anēr), que significa hombre. Su sentido literal es claro y exacto: “hombre victorioso”. Un nombre asociado desde la antigüedad al triunfo, la dignidad y la fuerza interior.

A lo largo de la historia, Nicanor aparece incluso en la tradición bíblica como diácono de la iglesia primitiva, recordado por su importancia en la comunidad. Así, el nombre carga con un peso humano y espiritual que, en Pueblito Boyacense, se ha resignificado con un acento propio: el Taita Nicanor es, para la gente, el hombre sabio, el mayor querido, el guardián de costumbres y de buena charla.

Por eso, personificarlo no es únicamente ponerle rostro; es rendir homenaje a ese campesino ideal que habita la memoria colectiva, a esa figura que representa la victoria de la identidad local sobre el olvido.

Si había alguien destinado a convertirse en el Taita Nicanor, era Luis Rojas. Maestro de escuela, pedagogo de alma, escultor de oficio paciente y firme, Rojas es reconocido por sus obras de arte en cuero repujado y técnicas similares, de trazo exacto y genialidad artesanal. Su trabajo se admira, se busca, se compra, se colecciona; porque es parte de lo que muchos turistas se llevan como recuerdo, como prueba tangible de haber pisado esta tierra y de haber pasado por el emblemático Pueblito Boyacense.
La canción del Taita Nicanor, para bailar y compartir en esta Navidad:











