
Después de una brillante gira artística por Grecia, la maestra Felisa Hurtado de Manrique, referente indiscutible del folclor nacional y directora incansable de la Fundación Artística del Tundama, ha regresado a Colombia con una noticia que no sorprende: su agenda está completamente llena para lo que resta del 2025 y con ella vuelve una verdadera matriarca de las tradiciones, una mujer que ha convertido su vida en una misión cultural al servicio del país.
Son ya más de 24 giras internacionales las que ha liderado esta fundación bajo su guía, llevando el color, la elegancia y el espíritu de la cultura ancestral a escenarios de Europa, Asia y África. Su trabajo ha sido constante, silencioso muchas veces, pero ciertamente transformador. Con cada presentación, Felisa le ha recordado al mundo que Colombia no es solo dolor o estereotipos, sino también danza milenaria, canto telúrico y manos que bordan identidad.
La Fundación Artística del Tundama, semillero de generaciones de bailarines, músicos y gestores culturales, no ha dejado de proyectar con excelencia la riqueza artística de Boyacá. Con el rostro de los pueblos originarios en cada gesto y la fuerza de la tierra en cada movimiento, su repertorio celebra lo que somos: un crisol de herencias que nos conecta con el corazón profundo de la nación.

Los nuevos retos no se hacen esperar y en los próximos meses, la maestra y su equipo se preparan para presentaciones en Costa Rica, así como para participaciones estelares en la Semana Internacional de la Cultura Bolivariana y el Festival Internacional de la Cultura Campesina, este último fruto de una articulación que ella misma ayudó a gestar durante su presencia en Agroexpo 2025.
Felisa Hurtado de Manrique es una arquitecta de memoria colectiva y por eso, su legado no se mide solo en kilómetros recorridos o aplausos recogidos, sino en las semillas de identidad que ha sembrado a lo largo y ancho del planeta.
Cada vez que un niño aprende a danzar en sus talleres, cada vez que una bandera colombiana ondea en otro continente acompañada de joropos, bambucos, pasillos, currulaos o guabinas, allí está su huella, viva y vigente.

Felisa sigue demostrando que el talento boyacense no tiene fronteras y que el arte puede ser un puente poderoso entre el pasado y el futuro y en un país que necesita ejemplos de constancia, belleza y compromiso cultural, su historia no sólo inspira, sino que también convoca.
Felicitaciones a esta gallarda dama, orgullo de Boyacá y Colombia











