
La palabra «lutier» se utiliza comúnmente para referirse a alguien que se especializa en la fabricación y reparación de instrumentos de cuerda, como guitarras, tiples, bandolas, requintos y los que hacen parte de la familia de los arcos, como el violín, viola, violonchelo y contrabajo entre otros.
Los «lutier» son conocidos por su habilidad en la selección y trabajo de la madera, así como por sus conocimientos en acústica y diseño de instrumentos de cuerda, y de ellos depende en muy buena parte el aporte de nuevas sonoridades al cancionero, amén de las características específicas que, como innovación, hacen estos artesanos de acordes para robustecimiento y evolución de las músicas en todos géneros.
En Colombia, los “lutier” son muy reconocidos por parte de los intérpretes de instrumentos que encuentran en ellos a esos cómplices para cristalizar objetivos y hacer realidad el surgimiento de varios formatos y propuestas en donde la calidad y la tímbrica de los instrumentos juega un papel preponderante.

La zona andina colombiana, donde se refugian los bambucos, pasillos, torbellinos, valses y guabinas, entre otros aires, ha tenido un aliado de lujo, por cuanto su técnica, esmero y ética profesional, lo han ubicado en sitial de honor y en las preferencias de los músicos que llegan hasta su taller para hacerle la encomienda de un instrumento, bien sea de los que tiene en su amplia producción o algunos con características específicas.
Pablo Hernán Rueda, nacido en 1950 en La Palma, Cundinamarca, se inició en la construcción de instrumentos de la mano del maestro Ciro Calvo en el año de 1966. También ejerció la luthería durante varios años en los talleres de reconocidos maestros de este arte como Gonzalo Morales y Alberto Paredes.
Desde el año 1990, Pablo Hernán Rueda trabaja en su propio taller y sus cajas sonoras son el producto de un misticismo cuidadoso y constante, respetando, tanto la materia prima y el oficio del artesano, como la disciplina y sensibilidad del músico.
Casado con Luz Marina Carpintero, una mujer de excelsos valores que le dio a Juan Pablo, Hernán Mauricio y Diego Fernando, este último dedicado hoy a la coordinación de los grandes proyectos del maestro para que su nombre trascienda en la historia y su legado permanezca siempre vivo como espejo confiable para las generaciones venideras.
Juan Felipe Rueda es el nieto del maestro Pablo Hernán con quien el “lutier” tiene una admirable complicidad en el establecimiento de diálogos y anecdotarios, que recrea a su ramificación con esmerado cariño.
Su ya reconocida producción de instrumentos ha contado con un sello inconfundible que los convierte en genuinas y apetecidas piezas, por cuanto son elaborados con una gran destreza técnica, perfeccionada a lo largo de los años, lo que le ha merecido que una herramienta sonora fabricado por sus manos sea un producto de gran valor para los más cualificados intérpretes del folclor colombiano.

Destacados artistas que hacen parte de una muy extensa lista, cuentan hoy con instrumentos producidos en el taller de Pablo Hernán Rueda y sus creaciones únicas e irrepetibles, se pasean por todos los festivales de la música andina colombiana, empuñados por los más connotados ejecutantes, como también por niños y jóvenes, para quienes el maestro Pablo Hernán fabrica los elementos con la aplicación de varias de sus investigaciones, logrando una novedosa cosecha de aparejos con tamaños y robustez particular.
No menos importante ha sido el aporte del maestro Pablo Hernán a la institucionalidad, porque gracias a las dotaciones que han hecho alcaldes, gobernadores, gestores culturales y directores de centros artísticos con los instrumentos elaborados por este «lutier”, en la actualidad existen acreditadas agrupaciones, surgidas de los procesos formativos que tienen la fortuna de contar con guitarras, tiples y bandolas elaborados por las manos de este «constructor de pentagramas».
El maestro Pablo Hernán, como le dicen cariñosamente en el mundo de la música andina colombiana, ha sido objeto en los últimos años de los más altos y merecidos reconocimientos por parte de entidades del orden estatal y privado y en eventos importantes del país se han hecho justos homenajes por su labor y contribución al afianzamiento de la identidad colombiana.
En el año 2007, la organización Musicantes bautizó con su nombre la recién creada Escuela de Tiples en Pamplona, Norte de Santander. Durante el XIII Concurso de Música Andina Colombiana Infantil y Juvenil “Cacique Tundama”, realizado en el año 2009, el maestro Pablo Hernán Rueda fue homenajeado “en reconocimiento a su excelsa labor y creatividad artística”.
En el marco del Festival Internacional de la Cultura, realizado en Tunja, Boyacá, en el año 2011, se le otorgó el Premio “Por toda una vida de consagración a las artes colombianas”. Así mismo, este lutier recibió un homenaje en el XXX Festival de la Feijoa, realizado en Tibasosa, Boyacá, en el año 2017.
Otros reconocimientos se han materializado en piezas musicales, como es el caso de dos bambucos dedicados al «lutier», ambos titulados Pablo Hernán, uno en el género vocal y otro creado por el maestro Juan Pablo Hernández en el género instrumental.
Pero quizá el reconocimiento más importante que recibe a diario el maestro Pablo Hernán Rueda es ver a una abundante cosecha de nuevos talentos interpretar los aires nacionales y poner en la escena la sonoridad de sus instrumentos; encomiable tarea que refuerza con la donación de instrumentos como los que otorga en alianza con Funmúsica cada año al mejor intérprete de la guitarra en el Festival Mono Núñez.
Grande la labor del maestro Pablo Hernán Rueda que hoy sube a La Palestra
Disfrutemos aquí del bambuco hecho en su honor con el nombre de Pablo Hernán.











