
Hay canciones que no nacen de la música sino del alma de un pueblo como ha sido por décadas, las creaciones de Jorge Velosa Ruiz y «El velorio del compadre» es una más de ellas.
Jorge Velosa, cantor mayor de la tierra campesina, junto a los Carrangueros del 25, abre un nuevo sendero en la carranga y un canto donde la frontera entre la vida y la muerte se desdibuja para volverse celebración.
En este merengue interiorano, el acordeón, ese “viejo dos carriles” curtido por el tiempo, sobresale como voz principal, hilando melodías que dialogan con el humor, la picardía y la sabiduría popular.
La canción arranca con un coro responsorial que trae ecos de las coplas del pueblo y resuena como si los tambores del Pacífico hubieran viajado hasta las montañas andinas para unirse a la parranda.
Cada nota guarda la memoria de los merengues precarrangueros de Rómulo Caicedo y de los aires que antecedieron al género que Velosa sembró hace ya más de cuatro décadas.
No se trata de un velorio cualquiera, porque es la transformación de un rito solemne en un convite de alegría. Como ocurrió en clásicos inmortales, “Ni luto, ni lagrimones”, la voz de Velosa vuelve a demostrar que la carranga sabe convertir la tristeza en resistencia, la ausencia en memoria viva y la muerte en fiesta campesina.
En esta interpretación se tejen las voces y cuerdas de la familia musical que lo acompaña: Jorge Velosa en voz y guacharaca, Marco Villarreal en acordeón y coros, Angélica Fonseca en tiple y coros, y Gabriel Chaparro Nossa en guitarra y coros, y juntos han dado forma a una obra que no pierde la raíz campesina, aun cuando se abre a nuevos colores y texturas.
La grabación tuvo lugar en Groove Studios, bajo la producción artística de Marco Villarreal Otero, con arreglos compartidos entre Villarreal y Velosa, mezcla y máster de Harbey Marín, y la producción ejecutiva de Músicas de Colombia.
«El velorio del compadre» es un testimonio vivo de cómo la carranga, desde su humildad campesina, sigue siendo capaz de abrazar la risa y el duelo, lo ancestral y lo contemporáneo, en una misma fiesta de la vida.
Disfrutemos aquí de: «El velorio del compadre»











