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Cultura

Julián Villamor, del abismo a la cuerda floja del escenario

Sube a la palestra, Julián Villamor, una vida salvada por el circo. La Palestra informa

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08/26/2025

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Julián, una vida salvada por el circo. Fotografía Archivo particular.

Por: José Ricardo Bautista Pamplona – Director general, Sistema Informativo La Palestra

Duitama lo vio crecer y también lo vio renacer. Julián Villamor Hernández, un joven de 29 años, encontró en el arte circense un camino profesional y una tabla de salvación cuando la vida lo enfrentó, siendo apenas un adolescente, a duras batallas con la salud mental.

“Yo empecé con esto básicamente por salvar mi vida”, recuerda con franqueza. Y es que fueron los malabares, las risas y la magia del circo los que lo rescataron de un mundo de silencios y estigmas. Allí descubrió que el arte podía ser refugio y también motor para transformar realidades.

Su primera gran apuesta fue “Circo al Parque – Duitama Sonríe”, un festival hecho con las uñas, a punta de pedir monedas en la calle y de creer con el corazón que el circo merecía un espacio en la ciudad.

Contra todo pronóstico, el evento no solo salió adelante, sino que despertó el interés de la comunidad y de personajes que más tarde serían determinantes en su trayectoria. Entre ellos, Ricardo Rojas Sáchica, quien le abrió las puertas de Culturama en aquel entonces, creyendo en ese joven soñador y en el poder del arte como herramienta social.

Con el tiempo, Julián fue entendiendo que el circo no necesitaba una carpa para existir, que las plazas, los parques y las calles podían convertirse en escenarios donde la gente, quizá por primera vez, se sorprendía con espectáculos distintos. Así, se fue tejiendo un camino en el que el arte se mezcló con la comedia, el stand up y el audiovisual, consolidando su faceta como creador y productor.

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Julián no solo organiza festivales, también se dedica a la producción de grandes shows. Fotografía Archivo particular.

Hoy, Julián no solo organiza festivales, también se dedica a la producción de grandes shows que reúnen miles de personas. Su proyecto más ambicioso hasta ahora fue la apertura del Festival Internacional de la Cultura (FIC) en Boyacá, donde una cuerda floja a cincuenta metros de altura desafió el vértigo de once mil espectadores. “Fue un montaje histórico, algo que no se había hecho antes aquí en Boyacá”, asegura con orgullo.

Más allá de los números, Julián mide su éxito en las personas que ha conocido en el camino: artistas, comediantes, cuenteros, productores y amigos que lo han nutrido en lo humano y en lo profesional. Junto a ellos sigue soñando con nuevos escenarios y proyectos, como los que prepara próximamente con Emir Quintero, Michael y «El Ciego».

“Básicamente soy un pelado que salió del barrio en Duitama y que la vida lo ha llevado a dar vueltas por el mundo”, dice, con la sencillez de quien no olvida de dónde viene y con la convicción de que el arte puede salvar vidas, como salvó la suya.

En el fondo, el apellido de Julián parece ser también un destino: Villamor. Porque en él habita un pueblo movido por la fuerza del amor, ese mismo que lo impulsó a levantarse, a convertir el dolor en creación y la adversidad en espectáculo. 

Su historia demuestra que cuando el amor guía los pasos, incluso la cuerda más delgada se convierte en un camino firme hacia los sueños, y que el talento, sembrado en tierra fértil de esperanza, siempre florece para iluminar a los demás.

En los próximos días Julián lidera tres grandes eventos a los que está haciendo una amable invitación para asistir, disfrutar y respaldar tan genuinos y reconfortantes proyectos.

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Los nuevos retos de Julián. Fotografía Archivo particular.

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