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“La casa de los músicos”, la novela que presenta el cantautor y periodista John Jairo Torres de la Pava

Llegó “La casa de los músicos”, la más reciente obra literaria del cantautor y periodista John Jairo Torres de la Pava. La Palestra informa.

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11/29/2025

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Una joya literaria de colección. Fotografía Archivo particular.

Entrar a “La casa de los músicos” es cruzar un umbral que no deja sonar campanas, pero sí memoria.

La novela de John Jairo Torres de la Pava, cantautor, cronista de lo invisible y trabajador paciente de la cultura, tiene ese raro don de las obras que nacen de una vida larga: no presume sabiduría, la comparte.

Y se siente desde la primera página como un libro escrito con relato fino, con el pulso de quien ha pasado años escuchando a la gente y a sus silencios, y también a las canciones que quedan flotando cuando el aplauso se va.

Puno Ardila Amaya, periodista e investigador que presentó la obra, lo dijo con claridad: este relato se instala en la confluencia de música, memoria y altruismo, pero no como un tema académico sino como experiencia viva. Lo que el lector recibe no es una tesis: es una visita.

El protagonista llega a esa casa como quien llega a un lugar que no sabía que existía, pero que lo estaba esperando, y no entra solo; entra con la pregunta por sus orígenes, entra con la sombra de un padre al que la vida le truncó los sueños musicales y, sin embargo, no le cercenó el corazón.

Un padre atravesado por un secreto universitario que pesa como piedra en el bolsillo del tiempo, y que a pesar de todo eligió ayudarse ayudando a los demás. En esa tensión humana, entre lo que se quiso ser y lo que se terminó siendo, empieza a palpitar la novela.

La casa aparece entonces como un territorio cálido y desapacible a la vez: allí viven músicos ancianos, personajes que alguna vez fueron celebrados, que conocieron teatros, festivales, tarimas, noches de gloria; y que hoy enfrentan la fragilidad de los años con una dignidad silenciosa. El narrador los mira con respeto y los deja hablar, como si cada uno llevara dentro una canción que todavía no termina.

La novela avanza como crónica: va y vuelve, alterna presente y recuerdo, y en esa respiración el lector siente que recorre habitaciones emocionales. Cada músico es un cuarto distinto de la misma casa, una puerta que se abre hacia un pasado indivisible de su identidad.

Son vidas que laten con su luz y su herida. Uno evoca la época en que era indispensable; otro recuerda el día exacto en que su nombre dejó de sonar en las radios; otro se aferra a una melodía como quien se engancha a un hijo.

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Toda una vida al servicio de la investigación, el arte y la cultura. Fotografía Archivo particular.

Ahí la música cumple su papel más hondo, porque no es un simple telón de fondo sino refugio íntimo, es lenguaje compartido, es la cuerda que une historias dispersas. En esta casa las canciones no son un recuerdo bonito; son una forma de seguir existiendo y el protagonista, al escuchar esas vidas, va entendiendo también la suya; entra buscando una verdad familiar y sale encontrando una verdad colectiva.

Una de las virtudes mayores de “La casa de los músicos” es que no cae en la postal cómoda del homenaje. En el centro está la figura del padre, y el padre es una contradicción humana: sueños rotos, sacrificio, misterio, ternura y una obstinación moral que conmueve.

La novela pregunta sin moralina: ¿qué pasa con las vocaciones cuando la vida se vuelve cuesta? ¿qué queda de alguien que quiso cantar y terminó sosteniendo a otros?

En esa pregunta, el lector encuentra a sus propios padres, a sus propios ancianos, a sus propias deudas invisibles.

El éxito es frágil, la fama es pasajera y la vejez llega con una verdad sin maquillaje y la novela pone sobre la mesa algo que el mundo suele esconder: los artistas también envejecen, también necesitan compañía, también pueden quedar al margen, incluso después de haberle dado belleza a la comunidad, porque aquí no hay héroes de bronce; hay seres que respiran, que duelen, que ríen, que se caen y se levantan con la música como bastón interior.

Al terminar el recorrido imaginario por esta casa, el lector entiende lo que sugiere el propio Ardila en su presentación: la generosidad es un legado más fértil que cualquier trofeo y el libro deja una enseñanza sin imponerla: cada vida tiene un valor intrínseco, y la riqueza verdadera se asienta en las conexiones que construimos y en el cuidado que ofrecemos a quienes han dado tanto.

Por eso esta novela importa mucho, porque abre una conversación necesaria sobre memoria, gratitud y comunidad y porque lo hace con una prosa que lleva la marca de su autor: la de un hombre que ha vivido la música desde adentro, desde el escenario, la investigación, el periodismo y la canción, y que hoy la transforma en literatura para que no se pierda lo esencial: la humanidad detrás de cada acorde.

“La casa de los músicos” es, en el fondo, una casa para todos: para el lector que busca emoción verdadera, para el músico que teme el olvido, para el hijo que quiere entender su historia familiar, para cualquier persona que alguna vez se haya preguntado qué queda cuando el ruido del mundo baja.

Uno cierra el libro con la sensación de haber visitado un lugar real, de esos que no se olvidan… y con el deseo íntimo de no dejar solos a quienes un día nos dieron canciones.

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El autor, John Jairo Torres de la Pava. Fotografía Archivo particular.

El autor, John Jairo Torres de la Pava, es de esos creadores que no caben en una sola palabra, porque su vida se ha movido entre la música y la investigación, entre la canción y la crónica, con la misma disciplina con la que se afina un instrumento, con la devoción de un ángel terrenal, la curiosidad de los fantasmas y la misma sensibilidad con la que se escucha un pueblo.

Nacido en Itagüí en 1958, ha recorrido durante décadas los caminos culturales de Colombia como cantautor premiado en importantes festivales, gestor incansable y periodista atento a las historias que otros no miran.

Su obra musical, grande y nutrida por conciertos, producciones discográficas y escenarios nacionales e internacionales, convive con su labor en radio, televisión y publicaciones que exploran las raíces andinas y la memoria cantora del país.

En “La casa de los músicos” todo ese trayecto se condensa con naturalidad: el oficio del compositor se vuelve narración, la mirada del investigador se vuelve profundidad, y el corazón del cantautor se transforma en una voz literaria que honra, con verdad y belleza, a quienes han hecho de la música una forma de vivir.

Es muy recomendable leer y tener en las manos esta joya literaria.

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