
Por: José Ricardo Bautista Pamplona – director del Sistema Informativo La Palestra.
En la entraña boyacense, del «soberano», y el “encomendero español”, donde la heredad generosa murmura historias antiguas y el céfiro canta entre los campos, Sutamarchán se prepara para escribir, una vez más, un poema vivo de regocijo, cantas y raizales.
La Gran Tomatina Colombiana volverá en 2025 como un salmo al saber de los pueblos, a la memoria fértil que brota del tomate, fruto rojo como la sangre de nuestra identidad, inspirado en la hereditaria celebración de Buñol, pero vestido con el alma cimbreante de nuestra tierra libertaria.
Durante el último fin de semana de mayo, sábado 31, domingo 1 y lunes 2 de junio, el municipio entero se convertirá en un lienzo de fiesta y no será solo el estadio municipal el escenario de esta epopeya popular porque cada calle, cada plaza, cada sonrisa se catequizará en trozo atávico del gran mosaico de tradiciones que, entre tomatazos, se envuelven y remozan.

El sábado se abrirán senderos de fraternidad para que familias enteras recorran rutas de ciclismo, caminen bajo el sol tibio de la sabana, y galopen entre praderas que guardan el paso fino de antiguas cabalgatas.
La noche, como un manto de estrellas, se llenará de música y una orquesta encenderá los corazones en un concierto bajo el cielo abierto para amancebar los aires alegres del repertorio hereditario, con la parcela donde brotan los frutos rojizos de la sazón aldeana.
El domingo, el espíritu festivo alcanzará su cenit y desde las primeras luces del alba, un desfile de carrozas, comparsas, bandas musicales y disfraces recorrerá las calles, rindiendo homenaje al símbolo agrícola y sagrado de esta región. Una congregación donde la creatividad se abraza, para homenajear la cultura campesina y la fantasía en un mismo latido.

Así, Sutamarchán, tierra de manos laboriosas y sueños sembrados en surcos, de bondad, nos invita a encomiar no solo una fiesta, sino un legado, el arte de vivir, de reír y de honrar nuestras cepas ancestrales.
La Tomatina es una tradición que viene de Buñol, un pequeño municipio en la provincia de Valencia, España, y su origen se remonta a 1945, cuando durante un desfile local de «gigantes y cabezudos» surgió una pelea espontánea entre jóvenes del pueblo, quienes comenzaron a lanzarse tomates de un puesto de verduras cercano.
Aquella travesura llana gustó tanto que, año tras año, se fue repitiendo, hasta convertirse en una festividad oficial en la década de 1950. Hoy, la Tomatina de Buñol es reconocida mundialmente como una conmemoración alegre, caótica y simbólica, donde el tomate es el instrumento de una fiesta que derriba barreras y une los ánimos.

En Sutamarchán, Boyacá, esta tradición se adoptó hace aproximadamente dos décadas, alrededor del año 2004 porque, inspirados por la famosa Tomatina de Buñol, los habitantes de Sutamarchán, una región rica en cultivo de tomates, decidieron darle a esta fiesta un espíritu propio, mezclando la esencia boyacense con la alegría desbordante de la celebración española.
Desde entonces, la Gran Tomatina Colombiana se ha convertido en un homenaje a la cosecha, al trabajo campesino y a la unión de la comunidad en torno a su producto más emblemático, el mismo que se pica en pequeños trozos para acompañar la exquisita longaniza lugareña.











