
A lo largo de la historia, los pueblos han venido implementando elementos escultóricos, murales y otra clase de actividades más, para ambientar el espacio público y llamar la atención de los transeúntes.
Las estatuas, por ejemplo, aunque son más comúnmente asociadas con instalaciones permanentes en parques, plazas o escenarios colectivos designados, también son parte del arte urbano en muchos contextos.
Tradicionalmente, el término «arte urbano» se ha asociado más con formas temporales o efímeras de expresión artística, como graffiti o murales, sin embargo, en un sentido más amplio, las estatuas urbanas también son vistas como elementos que favorecen la estética y la expresión cultural de un entorno público.
En comparación con las formas más temporales de arte urbano, las estatuas suelen ser planificadas y encargadas por autoridades municipales o grupos culturales para mejorar la estética de un área específica, para conmemorar hechos significativos o para honrar la memoria de personajes que han trascendido en la sociedad a lo largo del tiempo.
La tradición de tener estatuas en las calles es una costumbre muy europea, donde esta práctica es rica y variada, ya que cada país y ciudad tiene su propia historia y enfoque en cuanto a la escultura urbana, por lo que muchas estatuas en las calles de Europa están dedicadas a figuras históricas, líderes políticos, héroes nacionales, y eventos significativos que, rememoran y celebran la historia y la cultura de las regiones.
Europa ha sido tradicionalmente un importante centro de desarrollo escultórico, y las estatuas en las calles a menudo reflejan ese enfoque creativo porque en muchas ciudades tienen piezas modernas y contemporáneas y algunas estatuas son parte de fuentes ornamentales o decoran calles y parques, por lo tanto, estas esculturas no solo tienen un valor artístico, sino que también contribuyen a la belleza y a la atmósfera de los espacios oficiales.
En diferentes períodos, ciertos movimientos artísticos han influido en la creación de estatuas y el Renacimiento italiano o el Romanticismo europeo han dejado su huella en la escultura urbana y se han convertido en modelos que han seguido con rigurosidad en otras partes del mundo.

La capital de la república, por citar un ejemplo, cuenta con un amplio menú de estatuas y esculturas distribuidas en diferentes lugares de la ciudad, como el caso de la estatua de Bolívar, ubicada en la Plaza central, figura ecuestre que rinde homenaje al líder de la independencia sudamericana, y toda la plaza en sí misma es un lugar emblemático conocido como el corazón histórico de la ciudad.
La de Francisco de Paula Santander es otra figura clave en la independencia de Colombia y es homenajeada con una estatua en la misma Plaza de Bolívar para recordar a quien fue un militar y político fundamental en la historia del país.
La Estatua de Gonzalo Jiménez de Quesada, ubicada también en la alegorica Plaza, cuyo símbolo conmemora al conquistador español que fundó Bogotá en 1538, o la de Jorge Eliecer Gaitán, acomodada en la Plaza de Santander, para recordar al caudillo político, cuyo asesinato en 1948 tuvo un impacto revelador en la historia de Colombia.
El Monumento a las Banderas, ubicado en el Parque de la Independencia, espacio que, presenta varios banderines y es lugar simbólico que recuerda la independencia de Colombia y otros países latinoamericanos.
Son muchas las estatuas ubicadas en los sitios públicos de la capital de la república y lo mismo ocurre en otras ciudades como Cartagena, Santamarta, Tunja, Popayán, Bucaramanga, Medellín, Cali, Cúcuta y en fin… En todos los parques y áreas urbanas de la nación, hay una gran oferta de símbolos que son asociados al turismo histórico, o religioso, y entretienen a los visitantes, especialmente a los caminantes extranjeros. Qué decir de la contribución innegable que hizo el maestro Botero al arte urbano, con la ubicación de un centenar de sus voluminosas figuras en parques, plazas y calles de Colombia y el mundo.
Por otra parte, está el arte urbano, también conocido como arte callejero o street art en inglés, que es una forma de expresión artística que se desarrolla en entornos como calles, paredes, edificios y otros espacios públicos y a diferencia de las obras de arte tradicionales que se encuentran en galerías o museos, el arte urbano busca llegar a un público más amplio y a menudo desafía las normas convencionales.
El arte urbano puede tomar diversas formas, incluyendo graffiti, murales, instalaciones, pegatinas y otras intervenciones artísticas en las zonas comunes, y a menudo, los creativos utilizan estas formas de expresión para transmitir mensajes políticos, sociales o culturales, o simplemente para embellecer y transformar el hábitat y en ocasiones para dejar mensajes de amor y oposición hacia alguien de manera específica.
Aunque el graffiti es una de las formas más conocidas de arte urbano, el término se ha expandido para incluir una variedad de estilos y técnicas que van más allá de la escritura en aerosol y referentes urbanos como Banksy, Shepard Fairey y JR han ganado reconocimiento mundial por sus intervenciones al espacio público.
Pero el arte urbano, llevado a otras formas de expresión, genera también debates sobre la legalidad, la propiedad y la estética, y algunos lo catalogan como una poderosa herramienta para la expresión creativa y la participación ciudadana, y en muchos casos, las ciudades han comenzado a abrazar y promover el arte urbano como parte integral de su identidad cultural, en tanto que los escultores e historiadores rechazan que tales manifestaciones se hagan sobre sus esculturas.
Hace apenas unos días la nueva administración de Bogotá formuló la invitación a los exponentes de manifestaciones como los graffitis, para que se sienten a dialogar y lleguen a conciliar acuerdos para que estas expresiones no afecten los monumentos o fachadas arquitectónicas del patrimonio histórico de la ciudad, por cuanto estos emblemas han sido utilizados como lienzo por algunos para plasmar sobre ellos sus frases ideológicas y demás locuciones comunitarias.
Voceros de la administración del alcalde Galán, manifiestan que si bien es cierto estas exposiciones artísticas son válidas y merecen el mayor respeto, no se pueden convertir en una especie de “vandalismo” en contra de las esculturas y las fachadas icónicas porque las afectaciones son muy grandes, además de las colosales inversiones que se tienen que hacer a diario para restituirlas y recuperarlas.
Ésta sin lugar a dudas, es una polémica vieja que no ha podido encontrar canales de conciliación y hoy se ven con mayor énfasis las consignas hechas con aerosol y otros elementos sobre las estatuas, así como en los muros de edificaciones patrimoniales donde el estado ha invertido cuantiosas cifras para su restauración y mantenimiento.
Ojalá algún día se logre entender entonces, que el espacio público es muy grande y que, contradiciendo el dicho popular, “en cuestiones de arte, en la calle si hay cama pa’ tanta gente”.











