
La revista La Lira, en su edición número 86 correspondiente a septiembre de 2025, dedica sus páginas a la conmemoración del centenario de Celia Cruz, figura inmortal de la música popular latinoamericana y símbolo indiscutible de la salsa.
El editorial recuerda con precisión su gran virtud: un torrente verbal inagotable y una inteligencia que le permitió moldear con temple su carácter. Esas cualidades, sumadas a una voz de fuego y una personalidad arrolladora, la llevaron a conquistar el trono del que nunca fue desplazada: el de “reina de la salsa”.
La revista resalta cómo Celia, con su oído prodigioso, fue capaz de reconocer cualquier instrumento musical sin necesidad de interpretarlo, porque su instrumento natural era la voz. Evitó los conflictos y se entregó de lleno a su carrera, que compartió siempre con Pedro Knight, el trompetista a quien llamó su “motita de algodón”.
La Lira subraya también la estrecha relación de Celia con Colombia, un país al que visitó de manera constante y donde cultivó profundas amistades con figuras como Matilde Díaz, Nelson Pinedo, Lucho Bermúdez y Umberto Valverde. Aquí interpretó y difundió con su sello inconfundible piezas que hoy son patrimonio sonoro colombiano, como Las pilanderas, Prende la vela, Salsipuedes, No quiero llorar o Pachito E’ché.
Pero esta edición no solo exalta la artista consagrada, sino también a la mujer que construyó con disciplina y constancia una sólida personalidad para abrirse camino en un medio hostil.
Celia derrochaba simpatía, tenía una voz admirable y supo enfrentarse a las barreras del racismo, a la discriminación social y a los prejuicios de género que limitaban el acceso de las mujeres a la música. Aun cuando su padre, Simón Cruz, se opuso a que iniciara su carrera artística, ella siguió adelante, respaldada por maestros como Obdulio Morales e Isolina Carrillo, quienes la formaron en canto y repertorio.
Muy pronto comprendió que su voz estaba hecha para el son y, sobre todo, para la guaracha jubilosa, con la cual alcanzó sus primeros éxitos. Antes de llegar a la cima con La Sonora Matancera, grabó con el Coro Yoruba, con el Grupo folclórico de Alberto Zayas, con La Gloria Matancera y con la orquesta venezolana de Luis Alfonzo Larraín.
Fue gracias a Rafael Sotolongo que llegó a La Sonora, donde reemplazó a Myrta Silva y, pese a la resistencia inicial de los seguidores de la cantante puertorriqueña, supo ganarse el lugar con calidad, carisma y un repertorio que pronto la consagró.
Con la Matancera logró éxitos como Cao, cao, Maní picao, Mata Siguaraya y Burundanga, canciones que marcaron su primera gran etapa y le merecieron un Disco de Oro. En 1954 emprendió giras por Medellín, Cali, Bogotá y la Costa Caribe, y al año siguiente regresó para participar en eventos de gran resonancia en el país. De ahí en adelante, su ascenso fue imparable, recibiendo invitaciones de directores de orquesta como Ernesto Duarte y Bebo Valdés, y brillando en escenarios míticos como El Tropicana.
El número 86 convierte a Celia Cruz en centro de reflexión, no solo como intérprete excepcional, sino como mujer que rompió barreras raciales y sociales, consolidándose en la memoria colectiva del continente. La revista ofrece un repertorio de artículos, ensayos y crónicas que analizan su trayectoria, sus aportes musicales y la vigencia de un legado que sigue encendiendo escenarios y corazones.
Con este homenaje, La Lira reafirma su compromiso con la documentación cultural, celebrando la vida y obra de una artista que transformó la música en un lenguaje universal, capaz de unir pueblos enteros en un mismo grito de identidad: “¡Azúcar!”

Consejo Editorial
El rigor y la calidad de esta edición se sustentan en el trabajo de un Consejo Editorial que garantiza la coherencia y profundidad de cada número. En esta ocasión, el equipo está conformado por:
- Miguel Iriarte D.
- David Lara Ramos
- Julio Oñate Martínez
- Marcos Fabián Herrera
- Joquín Mattos Omar
- Alexis Méndez
- Álvaro Suescún T. (Editor)
Gracias a esta sinergia, La Lira 86 se convierte en un documento imprescindible para investigadores, melómanos y lectores que buscan entender cómo la música, en la voz de Celia Cruz, se transformó en patrimonio cultural del continente.











