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Memorable noche en el Hay Festival con Daniel Samper Pizano, José Ricardo Bautista Pamplona y “Carranga Primaveral” en homenaje a Jorge Velosa

Con los aires de la Carranga y un ameno conversatorio, se despidió la edición 20 del Hay Festival en Cartagena de Indias. La Palestra informa

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02/04/2025

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Un imponente marco del teatro Adolfo Mejía en Cartagena para el cierre del evento con el homenaje a Velosa. Fotografía Hay Festival. 

La noche se desplegó como un lienzo de recuerdos en el majestuoso Teatro Adolfo Mejía, antiguo Teatro Heredia, que se alza con su renovada grandeza en el corazón de la ciudad amurallada de Cartagena de Indias. 

Ese histórico recinto, recientemente remodelado y rebautizado con el nombre de Adolfo Mejía, fue el cálido refugio para la clausura del vigésimo Hay Festival, el evento literario que cada año embriaga a la ciudad con su hechizo entre saberes.

El teatro, de imponente arquitectura, se alzó con cuatro niveles de palcos y una platea donde la comodidad era un lujo que solo se ve eclipsado por la atmósfera única que emanaba del lugar. 

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El conversatorio protagonizado por Daneil Samper Pizano y José Ricardo Bautista Pamplona, fue ameno, ágil y divertido. Fotografía Hay Festival. 

Desde sus asientos, los rostros de los asistentes resplandecían con sonrisas compensadas, mientras que sus manos aplaudían con euforia a la par de un ritmo que invadía el aire: el de la música de “Carranga Primaveral”, porque esa inolvidable noche del 3 de febrero de 2025, las emociones se desbordaron y el alma se elevó como un verso flotante entre la euforia cartagenera.

Las voces de Jacobo, Mireya y Paola, unidas por el eco vibrante de la bandola de Juan Pablo Becerra Quiroz, el requinto de Juan Miguel Sosa y la guacharaca de Luis Felipe Aljure, tejían melodías que danzaban en el aire, como el hilo de una ruana que se va hilando, suave y firme, en cada puntada de genuino acorde. 

Los versos de Velosa se desbordaban en ese mismo sortilegio, como una corriente de poesía que recorrió el teatro desde su primera canción hasta la última, trayendo consigo joyas que se han convertido en himnos del alma popular como La Cucharita, Julia Julia, Las Diabluras, La Gallina Mellicera, La Rumba de Las Flores, El Rey Pobre y Una misma Calavera, entre otras y cada una de estas tonadillas nos recordaba la grandeza de un género que se ha consolidado como un símbolo imperecedero de la identidad nacional conocido como la Carranga.

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Muy emotivo fue el encuentro de Primavera con el legendario y genial Carlos López Puccio, integrante del célebre y mundial Les Luthiers.  Fotografía Hay Festival.

En medio de las notas musicales, Daniel Samper Pizano, experimentado hombre de las letras y uno de los grandes protagonistas del Hay Festival, junto al cantautor y periodista José Ricardo Bautista Pamplona, vocero de Funmúsica, evocaban aquellos primeros pasos del movimiento carranguero y sus relatos entre recuerdos nos transportaban a los días en que un campesino proveniente de Ráquira, Boyacá, comenzaba a sembrar las semillas de la “carranguería” en los pasillos de la Universidad Nacional de Colombia, en una inspiración, alimentada por la canción social de la época; y los versos contestatarios de Violeta Parra, Inti Illimani, Mercedes Sosa y Pablus Gallinazo, entre otros, comenzaba a germinar en los corazones de quienes, como el “progenitor de la Carranga”, entendían que la música era un grito de resistencia y un puente para comunicar la verdad.

Mientras los amenos relatos de Samper Pizano y Bautista Pamplona iban desgranando los secretos de la vida de Velosa, el público se sumía en la belleza de la narrativa. Descubríamos las influencias de las músicas tradicionales de Colombia en la Carranga, como el Vallenato Cuerdeado, el Bambuco, la Guabina, el Merengue Criollo, la Rumba Corrida, el Torbellino, el Currulao… Cada ritmo, cada acorde, se entrelazaba con los versos de Velosa, como un mapa sonoro de la geografía nacional, tan diversa como rica en matices. 

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Parte del elenco junto a Bernardo Mejia Tazcon, presidente ejecutivo de Funmúsica. Fotografía Archivo La Palestra. 

La Carranga, nacída como respuesta auténtica a los ecos de una tierra vasta que, en sus montañas, valles, ríos y caminos, guarda las historias de un pueblo que jamás ha dejado de cantar, seguía rauda por el emblemático teatro como si se tratara de una conquista campesina en medio del jolgorio aldeano. 

La noche avanzaba y las voces de Paola, Jacobo y Mireya, como si fueran el mismo viento que acaricia los trigales, seguían desvelando entre cuidadosas cadencias y polifonías extraordinarias, el poético testimonio de la vida rural, en tanto que célebre Daniel y José Ricardo mencionaban las palabras arrancadas de la conciencia campesina, convertidas por Velosa en glosario auténtico del lenguaje carranguero. 

La Julia, la cucharita de hueso, la parcela, la estancia… todos esos elementos que forman parte del fantástico universo del imaginario colectivo, se sentían vivos en cada verso y en cada rasgueo. Las flores conversaban con las aves, los riachuelos murmuraban historias de antaño y las quebradas cantaban, como un coro natural, las canciones de Velosa que hoy son símbolos indiscutibles de nuestra identificación ancestral.

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De derecha a izquierda: Daniel Samper Pizano, José Ricardo Bautista Pamplona,  Carlos López Puccio, integrante de Les Luthiers y Julian Salcedo miembro de Funmúsica.

Las anécdotas y relatos compartidos sobre Velosa y la Carranga lograban envolver al público en una atmósfera cálida y cercana, como si todos estuviéramos reunidos en una acogedora sala hogareña, donde la nostalgia se mezclaba con la risa y los recuerdos se trenzan con las notas de cada melodía. 

Entre los asistentes, se encontraban grandes personajes de todos los linajes como el maestro Carlos López Puccio, integrante del mundial Les Luthiers, cuyo aplauso y risas se unían al gozo generalizado de un auditorio profundamente conmovido porque cada historia compartida, cada apunte divertido, cada reflexión sobre el impacto de las canciones de Velosa, aumentaba la admiración colectiva, mientras el amancebamiento de sonidos continuaban fluyendo de manera generosa y espontánea. 

Luego del coplerío, las retahílas y las cantas del género carranguero, La velada llegó a su clímax con la interpretación de Primavera de Arroyito Campesino, el Bambuco de Rafael Mejía Romaní, quien, además de su legado en porros y cumbias, también ofreció al país bellas composiciones con aires de la zona andina colombiana.

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La del 3 de febrero de 2025, es considerada por los asistentes, como una noche mágica. Fotografía Hay Festival.

“Ustedes nos han dado su aplauso y su cariño, y nosotros les traemos estos versos como homenaje a esta hermosa gente de nuestras costas”, así lo expresaron los integrantes de Primavera, agradeciendo a un público que, sin duda, disfrutó cada sílaba, cada acorde y cada acento que se interpretó en esa noche extraordinaria.

Y cuando todo parecía llegar a su fin, se hizo el justo reconocimiento a las entidades como Funmúsica y su junta directiva, cuya incansable labor operativa hizo posible tan sublime espectáculo. También se agradeció a la Fundación B.A.T., que, junto a los propósitos del Hay Festival, transformó esta velada en un acontecimiento inmortal, que hoy está ya grabado en los anales de la historia del popularizado evento internacional.

Así, como se cierra el telón de un sueño compartido, se despidió la vigésima edición del Hay Festival, un espacio donde las estrellas del pensamiento y la palabra brillaron con fulgor, porque en esta edición, los más grandes personajes de la literatura, el análisis y la reflexión se entremetieron en un escenario de voces y pensamientos que resonaron más allá de las fronteras y Cartagena de Indias, la amurallada ciudad que guarda los ecos de leyendas añejas, fue una vez más el corazón palpitante de un encuentro considerado como uno de los más importante en el calendario cultural de Latinoamérica y parte del mundo.

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