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OTRORA, 43 años danzando por el mundo, sembrando memoria en cada paso

OTRORA está cumpliendo un año más de vida institucional. La Palestra informa

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05/07/2025

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Así, y con una amplia programación, OTRORA celebra sus 43 calendarios. Fotografía Archivo particular.

Hay palabras que suenan a historia, que llevan en su eco el rumor de la tierra, el susurro de los abuelos y la sangre antigua que aún canta en los surcos de la memoria y “Otrora” es una de ellas. 

Un vocablo de antaño que guarda en su forma el aliento de otros tiempos, como un cofre sagrado donde reposan las raíces de un pueblo. Así decidió llamar el maestro José Santos Sanabria Leal a su sueño, a su legado, a su cruzada por salvar del olvido el alma danzante de Colombia: OTRORA.

Hace ya 43 años que ese sueño se puso de pie con alpargatas, pañolones, bordones y faroles, iluminando con color y temple los caminos del mundo. OTRORA sigue siendo, un acto de resistencia cultural, una expedición a lo profundo del alma campesina, una oración en movimiento que honra a los padres, a los abuelos, a los labriegos que sembraron no solo el pan, sino también las leyendas, los dichos y los saberes que hacen fuerte el tronco del pueblo.

La danza como evangelio de identidad

Desde sus inicios, el maestro José Santos entendió que la danza no era un adorno, sino un evangelio que se baila. Cada coreografía era un salmo de historia; cada trenza, una hebra del tiempo; cada capa cardada, una metáfora de dignidad y así, con el paso firme de sus fundadores, 35 valientes guardianes de la tradición, OTRORA comenzó a recorrer los caminos de Colombia y luego, como el viento, se lanzó al mundo.

Más de 2.600 presentaciones en el país y 700 en el extranjero dan fe de esa travesía sin fronteras. Bélgica, Holanda, Alemania, España, Italia, Francia, Suiza, Luxemburgo, Mónaco, México, Argentina, Paraguay, Ecuador, África… cada país ha sido testigo de ese milagro de luz y tradición. Pero fue quizás el 25 de julio del 2001, en el Vaticano, frente al Papa Juan Pablo II, cuando el arte de OTRORA tocó el umbral de lo eterno.

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El legado de sus fundadores. Fotografía Archivo particular.

Herencia viva

Al morir el maestro José Santos, el 14 de mayo de 2013, Colombia perdió a uno de sus más nobles sembradores de cultura, pero no todo fue ausencia porque en sus manos sabias dejó una semilla y un nombre: Graciela Sanabria Leal, su hermana, quien desde entonces porta con dignidad las banderas de la agrupación, y a su lado, como coros de un mismo canto, siguen los nombres que alguna vez tallaron el principio: Carlos Pacheco Buitrago, José Vicente Gorrais Barrera, Víctor Guarín Laverde, María Alexandra Rodríguez Sanabria, Rafael Silva Ortiz, entre otros tantos que hoy viven en la memoria común como notas de un pentagrama de raíces.

Gracias a ese empeño incansable, OTRORA no solo se convirtió en agrupación, sino en escuela, en laboratorio de investigación folclórica, en casa de formación donde niños, jóvenes y adultos aprenden que la paz también se baila, que el atabal puede ser un maestro y que la tierra habla mejor cuando se zapatea con amor.

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Graciela Sanabria, quien tomó las banderas de OTRORA. Fotografía Archivo particular.

Un altar para el pueblo

Hoy, en la Casa Museo de OTRORA en Tunja, reposan galardones de todos los confines: premios mundiales en Francia, Italia, Argentina, reconocimientos nacionales, condecoraciones internacionales; pero el mayor trofeo sigue siendo invisible: el aplauso de un pueblo que se ve reflejado en cada paso, en cada giro, en cada sonrisa con la que se lleva el folclor al escenario.

OTRORA no es una agrupación que mira al pasado con nostalgia, es un colegiado de almas que camina con el ayer como faro, que abraza la cepa para que florezca el futuro, que teje con memoria el presente de una nación que aún busca su reflejo más auténtico.

43 calendarios han pasado desde aquella primera danza, pero si algo nos ha enseñado OTRORA es que los años no envejecen a quienes se alimentan de historia, porque ellos, como los ríos, siguen danzando, no por inercia, sino por destino, por honra, por amor, por Colombia.

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