
Durante los días 22 y 23 de noviembre, el municipio fue escenario del Festival Antología de la Música Colombiana, un certamen que cerró con balance ampliamente positivo y con una emoción colectiva que confirma a Paipa como uno de los territorios vitales del pentagrama nacional.
El festival se consolidó como una celebración de identidad, memoria y futuro: una oportunidad para reencontrarnos con los sonidos que nos nombran como país y para abrir, con orgullo, las puertas al relevo generacional de nuestras tradiciones.

La programación, extensa y diversa, inició desde el viernes 21 con un acto de apertura que integró lenguajes culturales complementarios. El público asistió a la muestra del video documental y presentación física de la bitácora “Exóticos Boyacá”, material que conectó el relato visual con el espíritu de la región.
Media hora después, se presentó “Viento Metrajes”, propuesta de música experimental para flauta e imagen, ganadora de estímulos culturales, que aportó una mirada contemporánea y de vanguardia al festival, recordando que la tradición también se fortalece cuando dialoga con la innovación.

El sábado 22 abrió con una apuesta pedagógica decidida: muy temprano se realizó el taller infantil de ritmos andinos en el Salón Orquesta Sinfónica del Conservatorio de Bellas Artes, sembrando sensibilidad musical en la niñez paipana.
Luego, el espacio “Cantemos juntos nuestro folclor” reunió a familias y población general en torno al canto colectivo, reafirmando que la música no es solo escenario, sino también comunidad.

En horas de la tarde, se inauguró la exposición fotográfica de la Carpeta de Estímulos de la Secretaría de Cultura y Juventud, ampliando el festival hacia la imagen como memoria del territorio. La jornada cerró con el primer gran bloque del Encuentro Nacional de Música Andina Colombiana, protagonizado en buena parte por artistas locales: la Estudiantina Paipa y un grupo de nuevos intérpretes del municipio, Francisco Javier Avella Gómez, Karen Edith Archila Rivera, Bryam David Gómez Rodríguez, Zihomara Karina Puerto Ibáñez, Nicolás López Amador y Ángela María Malaver Motivar, que deslumbraron por técnica, sensibilidad y arraigo.
A este primer bloque se sumaron invitados de alta trayectoria y reconocimiento como la Sociedad Coral de Boyacá y la Estudiantina del Altiplano Cundiboyacense, proceso emblemático del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, así como el Maicol Parra Trío, el Dueto Bossa, el Dueto Tierra Fría y Duetorres, propuestas provenientes de Tunja y Bogotá que ofrecieron una panorámica amplia de la vitalidad del género. El cierre artístico de la noche, con Antología Colombiana, reafirmó el carácter anfitrión de Paipa y le dio al público una síntesis emotiva de lo vivido.

El domingo 23 fue la confirmación del éxito. En la mañana, la jornada “Los niños sí cantan la música colombiana” tuvo un significado especial: las voces infantiles, los coros y las orquestas de cuerdas del Conservatorio de Bellas Artes y los artistas invitados de diferentes regiones demostraron que la tradición está viva porque tiene herederos. Allí participaron la Fundación Cristian Combita Monrroy, las jóvenes solistas Mariangel Ramírez Franco y Danna Lucía Otálora Osorio, la Fundación Colombia Somos Música, el Coro Infantil Fawá, la Orquesta de Cuerdas Frotadas del Conservatorio de Bellas Artes Paipa y la Orquesta de Cuerdas Pulsadas, Iniciación del mismo conservatorio; un conjunto de procesos formativos que evidenciaron disciplina, amor por lo propio y una admirable calidad artística.
Ya en la tarde, el festival alcanzó uno de sus momentos cumbre con el segundo bloque del Encuentro Nacional, donde confluyeron agrupaciones y solistas de Tunja, Bogotá y Paipa: la propuesta Entre Margaritas, Nixon Bello, Darya Paris Ibáñez, Ana Sofía Leal y Daniel Castillo, junto con el Coro del Conservatorio de Bellas Artes Paipa, la Camerata Boyacá, el Grupo Colombia y la Fundación Musical Gregorio.

La diversidad de formatos, duetos, voces solistas, procesos corales y cameratas hizo posible una tarde de aplausos sostenidos en el Auditorio Pablo Solano, convertido estos días en altar de la música colombiana.
Un capítulo aparte merece el protagonismo de los nuevos talentos paipanos. Verlos en escena, asumir repertorios exigentes y sostener el aplauso del público deja la certeza de que la música andina colombiana tiene futuro porque Paipa ya lo está formando, porque cada joven intérprete fue una promesa cumplida y una esperanza abierta para el devenir del pentagrama nacional; en ellos no sólo se escuchó destreza, sino pertenencia por la identidad.
Este festival, además, evidenció la eficacia de la gestión cultural local. La Secretaría de Cultura y Juventud de Paipa, bajo la batuta de la cantante y periodista Belén Osorio Vásquez, lideró con rigor y pasión una programación bien articulada, incluyente y de alta calidad, y su labor propició un encuentro de nación, activó procesos educativos, proyectó el talento local y demostró que cuando la cultura se asume como política pública, sus resultados son tangibles y transformadores.

A ello se suma el enorme esfuerzo que adelanta la Administración Municipal y la Secretaría de Cultura y Juventud por recuperar los espacios culturales perdidos y, sobre todo, por crear públicos nuevos, devolviéndole a Paipa el gusto por las manifestaciones del folclor y del espíritu que florecieron en otros tiempos.
Esta tarea silenciosa pero persistente, rehabilitar escenarios, reactivar procesos, invitar a la ciudadanía a reencontrarse con lo propio, encontró en el festival su prueba más contundente, porque todos los eventos registraron lleno total y cada escenario palpitó con una asistencia masiva que desbordó expectativas.

El Edificio Municipal de la Cultura y el Auditorio Pablo Solano, epicentros de esta edición, se vieron colmados de familias, jóvenes, niños y visitantes, ratificando que la ciudad está regresando a la senda cultural que la caracteriza y que el público paipano responde con entusiasmo cuando se le ofrece calidad, identidad y resultados artísticos.
Al cierre del Festival, Paipa dejó oír país y en ese eco que aún permanece en calles y escenarios queda claro que el certamen fue un éxito rotundo y supo unir generaciones, territorios y lenguajes alrededor de lo más profundo de nuestra identidad, porque con esta nueva edición del Festival Nacional Antología de la Música Colombiana, Paipa cantó, educó, recordó y sembró un futuro muy tranquilizador para nuestros aires nacionales, y Colombia, agradecida, volvió a reconocerse en sus duetos y en aquellas armonías que hoy más que nunca recobran su verdadera esencia.











