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Cultura

Pedro Morales Pino, cuando la memoria popular aprendió a escribirse

Pedro Morales Pino: mediaciones entre oralidad y escritura musical. De la calle al pentagrama. La Palestra enseña

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01/29/2026

pedro morales pino especial
Pedro Morales Pino El país que sonó primero en bandola. Fotografía Archivo particular.

Por: José Ricardo Bautista Pamplona – director Sistema Informativo La Palestra

Compositor, director, intérprete, investigador empírico y pedagogo, su figura representa uno de los momentos fundacionales en la articulación entre la tradición musical oral y los lenguajes académicos de composición, en un tránsito que otorgó legitimidad estética y proyección universal a los aires nacionales.

Pedro Morales Pino nació en Cartago, Valle del Cauca, el 22 de febrero de 1863, en un país que aún se encontraba en proceso de definición cultural y simbólica, y murió en Bogotá el 4 de marzo de 1926, dejando una huella indeleble en la historia musical de Colombia.

Hijo de José Morales y Bárbara Pino, fue bautizado como Pedro Pascacio de Jesús Morales Pino y creció en un entorno de profundas limitaciones económicas, donde la subsistencia cotidiana se convirtió en una escuela temprana de sensibilidad social.

Desde niño debió vender dulces en las calles, experiencia que lo puso en contacto directo con músicos populares, copleros y trovadores urbanos, cuyas melodías espontáneas y formas expresivas marcaron de manera decisiva su imaginario sonoro. Su madre, al advertir la singular aptitud musical del niño, le obsequió un tiple colombiano y gestionó su formación inicial con el maestro José Hoyos, sembrando así las primeras bases de una vocación que se revelaría ineludible.

Durante su adolescencia, tras el traslado familiar a Ibagué, Morales Pino manifestó también notable talento para las artes plásticas y su habilidad como dibujante le permitió acceder a una beca para estudiar en Bogotá en la Academia de Dibujo dirigida por Alberto Urdaneta, y en 1881 participó en la Exposición Nacional de Pintura con retratos de figuras relevantes de la época.

No obstante, fue la música la que terminó por reclamar su entrega absoluta. En 1882 ingresó a la Academia Nacional de Música, donde estudió bajo la orientación del maestro Julio Quevedo, adquiriendo los fundamentos técnicos que más tarde pondría al servicio de una idea profundamente innovadora: elevar las músicas tradicionales colombianas al plano de la escritura y el pensamiento musical académico.

Desde sus primeras experiencias como intérprete y organizador musical, Morales Pino comprendió la necesidad de crear estructuras colectivas que permitieran la circulación y dignificación del repertorio nacional. En 1884 formó un dueto con Vicente Pizarro y, años más tarde, en 1897, fundó la Lira Colombiana, una agrupación de dieciséis músicos en la que se desempeñó como primera bandola y director.

Con este conjunto emprendió una labor pionera de difusión internacional, convirtiéndose en el segundo grupo colombiano en realizar giras fuera del país y llevando a escenarios extranjeros géneros como el bambuco, el pasillo y la danza, presentados con un rigor interpretativo que revelaba su complejidad estructural y su profunda carga expresiva.

A partir de la década de 1890, Morales Pino asumió una decisión estética que marcaría definitivamente su legado: componer obras basadas en el folclor y la tradición oral colombiana, aplicando las técnicas formales de la composición académica europea.

Este gesto no solo transformó la percepción de la música nacional, sino que sentó las bases de una escuela compositiva que entendía lo popular como materia legítima de elaboración artística y en ese argumento surge una de sus obras más emblemáticas, el bambuco «Cuatro Preguntas», compuesto en 1913 sobre un poema del escritor Eduardo López Narváez.

casa del virrey (6). cartago, valle, colombia
En Cartago funciona el Conservatorio de Música Pedro Morales Pino en la Casa del Virrey. Fotografía Archivo particular.

Esta obra, de refinada arquitectura melódica y profunda expresividad lírica, se convirtió en uno de los bambucos más reconocidos y perdurables del repertorio colombiano. Su importancia histórica se vio reforzada cuando el Dueto Wills y Escobar realizó la primera grabación de la obra en Nueva York, el 19 de mayo de 1919, inscribiéndola en la temprana memoria fonográfica de la música nacional y proyectándola más allá de las fronteras del país.

El reconocimiento a su labor llegó de manera temprana. En 1889 recibió un homenaje por su contribución a la música colombiana y posteriormente fue invitado a Medellín para fundar la Lira Antioqueña, ampliando su influencia en la configuración de una identidad musical regional y nacional.

Durante una gira por Centroamérica conoció a la pianista Francisca Llerena, con quien contrajo matrimonio en 1905. Tras la muerte de su esposa, Morales Pino regresó a Guatemala en busca de recomposición emocional, permaneciendo allí hasta 1917, cuando el terremoto que devastó ese país lo obligó a regresar a Colombia.

A pesar de obtener el primer lugar en el Concurso Nacional de Música un año antes de su fallecimiento, los últimos años de su vida estuvieron marcados por el deterioro de su salud y una grave precariedad económica que lo llevó, en un gesto dolorosamente simbólico, a vender las condecoraciones obtenidas a lo largo de su trayectoria.

Finalmente, fue internado en la sala de caridad del Hospital San José de Bogotá, donde, gracias a la intervención de amigos cercanos, recibió mejores atenciones médicas, aunque su estado ya era irreversible. Falleció el 4 de marzo de 1926, cerrando una vida dedicada íntegramente al arte y al pensamiento musical.

La trascendencia de Pedro Morales Pino no se limita a su producción, que supera las cien composiciones, en su mayoría instrumentales, sino que se manifiesta en su papel como estructurador del campo musical colombiano.

Expandió los géneros andinos hacia otros territorios, incorporó repertorios europeos a los conjuntos típicos, perfeccionó la bandola andina colombiana al ampliarla a dieciséis cuerdas y participó activamente en la formación de tríos, estudiantinas y nuevas generaciones de intérpretes.

Como pedagogo, concebía cada ensayo como un espacio de reflexión histórica y analítica, abordando la estructura de las obras, la genealogía de los instrumentos y los contextos culturales de cada género.

Su legado continuó vivo en las décadas posteriores a su muerte, no sólo a través de la interpretación constante de su obra, sino también mediante agrupaciones creadas en su honor, como el Trío Morales Pino, integrado por Álvaro Romero Sánchez, Diego Estrada Montoya y Peregrino Galindo.

En la figura de Pedro Morales Pino confluyen el creador, el investigador intuitivo y el formador, haciendo de su vida y su obra una de las columnas esenciales sobre las que se instituye la historia de la música andina colombiana.

Disfrutemos aquí del Bambuco «Cuatro Preguntas» con la interpretación de Terzetto Vocal Gran Premio Mono Núñez (Alberto Ruge, Rolando Niño y Germán Huertas)

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