
En la estructura operativa de la Fundación Promúsica Nacional de Ginebra, Funmúsica, existe un componente estratégico cuya incidencia resulta determinante para la sostenibilidad y proyección del Festival Mono Núñez, como es la red de delegados regionales.
Se trata de un sistema descentralizado de gestión cultural que articula, desde los departamentos de la zona andina colombiana, los procesos de identificación, acompañamiento, circulación y fortalecimiento de los intérpretes y creadores de los aires vernáculos.
Los delegados regionales no cumplen una función meramente representativa, toda vez que su rol se registra en una lógica técnica de mediación cultural, porque son responsables de estructurar las denominadas audiciones regionales, donde se realiza un primer filtro cualificado de los participantes, bajo criterios de afinación, interpretación, propuesta estética y coherencia estilística.
A ello se suma una labor de acompañamiento que trasciende lo administrativo, ya que los delegados asesoran procesos formativos, orientan repertorios, fortalecen ensambles y, en muchos casos, intervienen directamente en la consolidación de propuestas artísticas que logran posteriormente visibilidad nacional, acompañamiento que implica un conocimiento insondable de las dinámicas culturales locales, así como de los estándares técnicos exigidos por el festival.
Uno de los aspectos más exigentes de su gestión radica en la logística y financiación, y en ausencia de respuestas suficientes por parte de algunos sectores institucionales, los delegados estructuran alianzas con entidades públicas, actores privados y organizaciones culturales para garantizar el traslado y la participación de sus delegaciones.
En regiones como Boyacá y Caldas, este modelo colaborativo ha permitido movilizar no solo concursantes, sino también agrupaciones que integran los eventos alternos del festival, ampliando el alcance del mismo, contando con la ayuda permanente de los entes gubernamentales como gobernaciones, alcaldías y la empresa privada en un «gana-gana» de posicionamientos misionales y visibilización de sus programas de extensión cultural.
Su incidencia también se extiende a la formación de públicos, a través de conciertos locales, circuitos culturales y actividades pedagógicas; los delegados contribuyen a la circulación de los aires andinos como el bambuco, pasillo, guabina, danza, en tejidos donde las dinámicas de consumo cultural tienden a desplazarse hacia otros géneros y de esta manera, no solo promueven artistas, sino que inciden en la permanencia de un lenguaje musical en el imaginario colectivo.
La red se complementa con delegados internacionales, como el caso de México, donde la reconocida cantautora Marycarmen Pérez Domínguez articula procesos de difusión y conexión con públicos externos, ampliando el radio de acción de la música andina colombiana más allá de las fronteras nacionales.
En el plano nacional, la estructura incluye representantes en Antioquia (Juan Sebastián Yepes Arcila), Bogotá–Cundinamarca (Alberto Borda y Álvaro San Juan), Boyacá (Fundación José Ricardo Bautista Pamplona), Caldas (Juan Leonardo Marín Londoño), Cauca (Jairo León Restrepo), Caquetá (José Iván Losada), Huila (María Ruth Arboleda), Nariño–Putumayo (María Eugenia Gavilanes), Quindío (Luz Estella Orozco Valencia), Risaralda (César Augusto Mejía), Santander (Fundación Armonía – Roberto Villamizar), Tolima (Ricardo López Rivera), Valle del Cauca (Silvio Ortega Pabón) y Norte de Santander (Margarita Leonor Camacho Araque), entre otros, quienes operan como nodos activos de esta red.
Desde una perspectiva analítica, los delegados regionales configuran un modelo de gestión cultural basado en la corresponsabilidad territorial, y su trabajo altruista facilita la participación en el evento y propicia condiciones para la continuidad de una tradición musical que, para su vigencia, requiere tanto escenarios de alta exigencia como procesos sostenidos en el tiempo y una invaluable gestión cultural.
En un país donde las expresiones tradicionales enfrentan tensiones constantes frente a las dinámicas del mercado cultural, la labor de estos gestores adquiere un valor estructural porque son quienes garantizan que la música andina no permanezca confinada a la memoria, sino que continúe siendo interpretada, transformada y proyectada desde los departamentos hacia el escenario nacional, acciones que dinamizan la misión de Funmúsica en la proyección y preservación de los aires nacionales.











