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Cultura

Sandra Mireya Becerra Quiroz, el rostro humano y sensible de la gestión cultural en Boyacá

Personajes que se destacan. La Palestra informa

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10/20/2025

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De las cuerdas del tiple a los escenarios de la gestión pública, Sandra Mireya Becerra Quiroz ha hecho de la cultura su causa vital y de Boyacá su más profunda melodía. Fotografía Archivo particular.

En los últimos periodos de gobierno del departamento de Boyacá, la gestión cultural ha tenido un sello inconfundible: el de la sensibilidad, la cercanía y la visión estructural de Sandra Mireya Becerra Quiroz, quien ha sabido combinar con sabiduría serena y sentido humano las dimensiones técnicas de la administración pública con la esencia espiritual del arte.

Su labor al frente de la Secretaría de Cultura y Patrimonio de Boyacá ha sido ejemplo de liderazgo equilibrado entre la planeación estratégica, la gestión de recursos y el acompañamiento cercano a las comunidades, porque desde su llegada, comprendió que la cultura no es un adorno institucional, sino una fuerza viva que transforma territorios, fortalece identidades y da sentido a la existencia de los pueblos.

Bajo su dirección, la Secretaría se consolidó como un espacio de diálogo permanente entre el Estado y los hacedores culturales. Con visión territorial, Sandra Mireya Becerra ha impulsado políticas públicas que trascienden los periodos administrativos, garantizando la sostenibilidad de programas orientados al desarrollo artístico, la preservación del patrimonio y el fortalecimiento de las identidades locales.

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Cantora de alma y gestora por vocación, su liderazgo ha unido el arte con la administración, demostrando que la sensibilidad también gobierna. Fotografía Archivo particular.

Su gestión se ha caracterizado por la equidad en la distribución de recursos: cada municipio, por pequeño o distante que sea, ha encontrado eco en sus solicitudes y con una disciplina admirable, ha defendido ante los escenarios nacionales y regionales la necesidad de que Boyacá siga siendo un territorio culturalmente vivo, con infraestructura fortalecida, procesos en marcha y comunidades empoderadas.

Ha promovido la consolidación de planes de infraestructura cultural, consciente de que el arte necesita no sólo pasión, sino escenarios dignos donde exponer la cesibilidad y el talento que pulula como el trigo sobre el horizonte.

Centros culturales, casas de la cultura, bibliotecas, museos y escuelas de formación artística han recibido su impulso decidido, porque para ella el legado no se mide solo en obras físicas, sino en raíces insondables que se quedan en el alma de los pueblos.

Pero más allá de la técnica, está la mujer que conserva una virtud escasa en los tiempos del ego: la sencillez. Sandra Mireya Becerra Quiroz mantiene los pies firmes sobre la tierra, lejos de la vanidad o de la impostura.

Su carisma genuino, su voz pausada, su sonrisa franca y su mirada que escucha, la han convertido en una aliada natural de los artistas, los gestores, los mandatarios locales y los niños que encuentran en ella una figura de inspiración.

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Su voz, formada entre bambucos y guabinas, hoy se traduce en políticas públicas que fortalecen la identidad, la equidad y el patrimonio cultural de Boyacá. Fotografía Archivo particular.

Y es que su origen explica su coherencia, porque viene de la estirpe cultural boyacense que le fue heredada a través de la música. En su infancia escuchó el trinar de las bandolas, el retumbo de los tiples y las guitarras familiares que tejían bambucos, guabinas y torbellinos y desde entonces comprendió que el arte no se enseña desde la distancia, sino desde el ejemplo. Por eso su gestión no se queda en los despachos: recorre los caminos rurales, se sienta a escuchar a los campesinos, comparte con los párvulos en las escuelas veredales y respira el mismo aire de los artistas que aún sueñan con transformar su entorno.

Su obsesión, hermosa y necesaria, ha sido sembrar identidad en el alma de los niños, para que crezcan reconociendo el valor de su tierra, de sus ritmos, de su historia. Ella entiende que las políticas públicas más trascendentes son aquellas que se siembran en la sensibilidad, en la educación artística, en el orgullo de ser boyacense.

Sandra Mireya Becerra ha demostrado que la cultura también es una forma de hacer política: no desde el cálculo frío y malicioso, sino desde el compromiso ético con lo público y ha sabido construir abrazos entre el arte y la institucionalidad, entre la emoción y la gestión, entre la poesía y el presupuesto.

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Sandra Mireya Becerra Quiroz, una vida dedicada a la cultura y un destino marcado por la música desde la infancia, junto a sus hermanos Juna Pablo y Paola, los integrantes del Dueto Primavera. Fotografía Archivo particular.

Su liderazgo se sostiene en hechos verificables, planes de inversión, programas de fomento, fortalecimiento patrimonial, pero también en valores intangibles que humanizan la administración.

Su tenacidad, a veces confundida con terquedad, ha sido la fuerza que ha permitido que Boyacá cuente hoy con una infraestructura cultural sólida y en expansión, con una red de procesos artísticos que fortalecen el tejido social y con un reconocimiento nacional que posiciona al departamento como referente de gestión cultural descentralizada.

En cada proyecto que impulsa hay una mirada integradora: la del campesino que labra la tierra y del niño que, con una mano empuña el azadón y con la otra el requinto, para arrancar de ambos instrumentos, el de la tierra y el del alma, los sonidos de su entraña.

Por todo ello, Sandra Mireya Becerra Quiroz no solo merece el reconocimiento por su labor cumplida, sino el respaldo para continuar ascendiendo en los escenarios de decisión pública, porque su visión renovadora, su compromiso con el territorio y su capacidad de convertir la sensibilidad en acción son las credenciales que avalan su liderazgo.

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Sandra Mireya ha formado un hogar en donde los valores, el respeto y la solidaridad son la impronta que marca sus vidas. Fotografía Archivo particular.

Si la política necesita una nueva mirada, más humana y coherente, ella representa esa posibilidad: la de una gestión que no olvida sus raíces, que no confunde la autoridad con el poder, que sabe escuchar, construir y transformar.

Su legado ya está inscrito no solo en los informes, en las rendiciones de cuentas y en los decretos, sino en las miradas de los infantes que hoy descubren el arte gracias a su empeño, en los pueblos que reviven sus tradiciones, y en el espíritu de Boyacá, que, gracias a su gestión, sigue latiendo al compás de esa dulce tierra que extiende los brazos de occidente a la pampa solar.

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