
Por: Josè Ricardo Bautista Pamplona – Director General – Sistema Informativo La Palestra
La televisión colombiana pierde uno de sus nombres fundacionales. Con el fallecimiento de Alfonso Lizarazo Sánchez, ocurrido el 4 de agosto de 2026 en Barranquilla, a los 85 años, concluye un capítulo esencial de la historia de la comunicación audiovisual del país. Su trayectoria no puede reducirse a la de un presentador exitoso: fue un constructor de formatos, un innovador de la televisión familiar, un impulsor de nuevos talentos y uno de los hombres que mejor entendió el inmenso poder de los medios para acercar a los colombianos.
Nacido en Bucaramanga el 29 de diciembre de 1940, llegó a Bogotá siendo apenas un joven con aspiraciones muy distintas a las que finalmente marcarían su destino. Soñó con la ingeniería, el derecho y el comercio, pero la radio encontró en él una vocación natural. Gracias a Julio Nieto Bernal ingresó a Caracol Radio como operador de controles, una oportunidad que muy pronto se transformó en una carrera ascendente como locutor, director y estratega de contenidos.
Al frente de Radio 15 contribuyó decisivamente al auge de la llamada Nueva Ola colombiana y, junto a Carlos Pinzón, impulsó la consolidación del primer sistema nacional de emisoras dedicadas a la música juvenil, articulando frecuencias en las principales ciudades del país. Aquella visión permitió que una nueva generación de artistas encontrara un espacio de difusión cuando la industria musical nacional apenas comenzaba a consolidarse.
Su capacidad para interpretar el pulso cultural de la nación también quedó demostrada con la histórica gira «Milo a Gó-Gó», un ambicioso recorrido que llevó el rock colombiano a decenas de ciudades y acercó a miles de jóvenes a un movimiento artístico que comenzaba a transformar las expresiones musicales del país.

El paso hacia la televisión era apenas cuestión de tiempo. Tras dirigir el exitoso espacio Estudio 15, reconocido como el mejor programa musical de su época, Lizarazo encontró el escenario desde el cual escribiría las páginas más importantes de su carrera. En 1972 asumió la dirección de Campeones de la Risa, programa que pocos años después adoptaría el nombre de Sábados Felices, convirtiéndose bajo su liderazgo en el formato humorístico de mayor permanencia y recordación de la televisión colombiana.
Durante más de dos décadas imprimió una estructura narrativa innovadora que integró humor, dramatización, concursos y participación ciudadana. Secciones como «Pille el detalle», «A reír en serio», «La Telebobela» y, especialmente, «Los Cuenta Chistes», transformaron la relación entre el público y la televisión, permitiendo que ciudadanos comunes encontraran un espacio para convertirse en figuras nacionales. De allí surgieron artistas que posteriormente consolidarían carreras exitosas, demostrando que Lizarazo poseía una extraordinaria capacidad para descubrir y proyectar talento.
Su visión creativa tampoco se limitó al humor. Produjo espacios como Disco, posteriormente Baila de Rumba, que marcaron una época para varias generaciones de bailarines, y creó el inolvidable Festival Internacional del Humor, una producción que convirtió a Colombia en escenario de algunos de los más importantes exponentes del humor iberoamericano, integrando artistas de América Latina, España y Estados Unidos en una propuesta televisiva de alcance continental.
Junto a la presentadora Magda Egas condujo durante ocho años Café Concierto, un formato que conjugó conversación, música y cercanía con los artistas, alcanzando elevados índices de audiencia y consolidándose como uno de los programas más representativos del entretenimiento nacional.
Pero quizá una de las expresiones más valiosas de su dimensión humana fue la campaña «Lleva una escuelita en el corazón», iniciativa solidaria mediante la cual el elenco de Sábados Felices recorrió múltiples regiones del país promoviendo la construcción de escuelas para comunidades con escasas oportunidades educativas. Aquella campaña demostró que la televisión también podía convertirse en un instrumento efectivo de transformación social.
Su vida tampoco estuvo exenta de momentos difíciles. En noviembre de 1994 fue secuestrado por el Movimiento Jaime Bateman Cayón mientras se desplazaba con integrantes de su programa, un episodio que conmocionó al país y del cual recuperó su libertad cinco días después. Años más tarde trasladó su experiencia pública al Senado de la República, donde ejerció como congresista entre 1998 y 2002.
Más allá de sus logros profesionales, quienes compartieron escenario con Alfonso Lizarazo recuerdan a un hombre profundamente leal con sus equipos de trabajo. Esa condición quedó reflejada en la amistad inquebrantable que sostuvo durante décadas con Luis Ferro «Guachimán» y Pedro Nel Martínez, compañeros inseparables de innumerables jornadas televisivas, con quienes construyó una relación cimentada en el afecto, el respeto y la gratitud.
Ambos permanecieron cerca de él hasta sus últimos días, honrando una amistad nacida bajo las luces de los estudios de televisión y fortalecida por los años, los éxitos y las dificultades compartidas.

La historia de la televisión colombiana no podrá escribirse sin mencionar el nombre de Alfonso Lizarazo. Su legado permanece en formatos que transformaron la producción televisiva, en artistas que encontraron gracias a él una oportunidad, en millones de hogares que hicieron de sus programas un ritual familiar y en las escuelas que ayudó a levantar cuando comprendió que la solidaridad también podía transmitirse desde una pantalla.
Hoy Colombia despide a un hombre que entendió que comunicar era mucho más que entretener: era construir memoria colectiva, fortalecer la identidad nacional y tender puentes entre regiones, generaciones y sueños.
Alfonso Lizarazo dedicó buena parte de su existencia a sembrar esperanza bajo una consigna que aún permanece viva: «Lleva una escuelita en el corazón». Hoy, cuando el telón cae sobre una de las trayectorias más memorables de la televisión nacional, esa frase adquiere un significado distinto.
Porque si él llevó durante toda su vida una escuelita en el corazón para miles de colombianos, desde ahora seremos nosotros quienes lo llevaremos para siempre en el corazón.











