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Se nos fue una de las más grandes, Totó La Momposina

Se nos fue Totó la Momposina, una de las más grandes del folclore colombiano. La Palestra informa

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05/19/2026

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La muerte de Totó la Momposina enluta a la música colombiana y deja un profundo vacío en el folclor latinoamericano, donde su voz se convirtió durante décadas en un símbolo de identidad y tradición. Fotografía archivo particular.

La muerte de Totó la Momposina deja a Colombia frente a uno de esos silencios difíciles de explicar; no porque se haya ido únicamente una cantante muy reconocida, sino porque desaparece una de las voces que todavía conservaban intacto el latido antiguo del país, una mujer que nunca necesitó artificios para estremecer escenarios y que convirtió la música tradicional en un territorio de memoria, carácter y verdad.

Con Totó se va una manera distinta de asumir el arte; apartada de la estridencia de la industria moderna, construyó una trayectoria defendiendo aquello que muchos consideraban viejo, rural o destinado al olvido y mientras otros maquillaban sus raíces para sonar internacionales, Totó hizo exactamente lo contrario, porque cuanto más lejos llegaba, más Caribe llevaba en la garganta.

Nacida en Talaigua Nuevo, Bolívar, Sonia Bazanta Vides creció entre tambores, cantos populares y celebraciones comunitarias donde la música no era espectáculo sino parte natural de la vida diaria.

Su padre, Daniel Bazanta, era percusionista; su madre, Libia Vides, cantante y bailarina. De ellos heredó no solo la vocación, sino una manera de entender la música como legado familiar y compromiso con la memoria colectiva.

Su obra terminó convirtiéndose en una mezcla poderosa de memorias africanas, indígenas y españolas; gaitas, cumbias, porros, mapalés y chalupas encontraron en su voz una fuerza distinta, áspera a veces, ceremonial otras, pero siempre auténtica. Totó no cantaba para agradar; cantaba como quien protege algo invaluable.

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Con una trayectoria construida desde las raíces del Caribe colombiano, Totó la Momposina llevó gaitas, tambores y cumbias a los escenarios más importantes del mundo sin renunciar jamás a la esencia de su tierra. Fotografía archivo particular.

Por eso logró llevar la música tradicional del Caribe a escenarios internacionales sin desfigurarla para volverla comercial. Estuvo en Europa, recorrió festivales del mundo, acompañó a Gabriel García Márquez en la ceremonia del Nobel y terminó convirtiéndose en referencia inevitable cuando el planeta hablaba del folclor colombiano.

Y en medio de esa travesía artística que la llevó por escenarios de América y Europa, Totó la Momposina también dejó huella imborrable en numerosos territorios de la geografía colombiana, como Boyacá, donde ofreció conciertos memorables que todavía permanecen vivos en la memoria del público. 

Inolvidable fue su participación en el Festival Internacional de la Cultura del año 2011, así como aquella tarde entrañable en el emblemático Pueblito Boyacense durante una de las ediciones del Bazarte y Festival Nacional de Música Colombiana, cuando entre risas y emoción decía al público: “A mí el frío me abriga y acaricia mi alma; a mí no me hace daño el frío porque las gentes de Boyacá me arropan con su cariño”.

Frases sencillas, dichas desde el corazón, que terminaron retratando el profundo vínculo que Totó construyó con la gente y con los territorios que siempre la recibieron como una de los suyos.

Canciones como “La Candela Viva”, “Mohana”, “El Pescador”, “Mapalé”, “La Verdolaga” o “Tambolero” dejaron una marca profunda dentro de la historia musical del país toda vez que su voz tenía algo escaso en estos tiempos: identidad. Bastaban pocos segundos para reconocerla, porque allí seguían intactos el río, los tambores, las fiestas populares y esa Colombia profunda que aún resiste lejos de las vitrinas y del ruido digital.

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Totó le dio a conocer nuestro folclor al mundo entero. Fotografía archivo particular.

Su partida también deja una pregunta difícil: ¿quiénes quedan hoy defendiendo las raíces culturales con la misma firmeza? Porque Totó pertenecía a una generación que entendía la tradición no como una moda pasajera, sino como una responsabilidad histórica.

Hoy Colombia despide a una mujer irrepetible; no solamente por su trayectoria, sino porque pocas figuras lograron representar con tanta claridad la esencia popular de un país mestizo, contradictorio y profundamente musical.

Y aunque su ausencia golpea con fuerza, su legado seguirá presente en cada tambor encendido junto al río, en cada gaita que atraviese el viento caliente del Caribe y en cada generación que vuelva a encontrar en sus canciones una forma de entender de dónde viene Colombia.

Totó la Momposina no necesitó seguir tendencias ni perseguir escándalos para permanecer vigente; le bastó conservar intacta su raíz, cantar con verdad y recordarle al mundo que la tradición también puede tener grandeza universal.

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