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Cultura

Sube a La Palestra «42 años de enternecedoras cadencias» con Zabala y Barrera

El dueto Zabala y Barrera nació en 1982 en el Colegio Seminario Diocesano de Duitama cuando se decidió hacer una minga ancestral con José Fernando Barrera y los hermanos José Miguel y Helio Roberto Zabala Suárez, lejos de imaginar que esa juntanza improvisada traería júbilos de gloria para el pentagrama de la patria

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03/20/2024

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Los mejores años de nuestro pentagrama nacional con Zabala y Barrera. Fotografía – Archivo particular.

Cuando la memoria nos trae oleajes de recuerdos, llega el eco del ayer en las cadencias inigualables de un legendario dueto que marcó una de las páginas más importantes en la historia del cancionero colombiano.

Como lo describió sabiamente el poeta Luis Carlos González en su obra insigne, al parecer para Helio, Miguel y Fernando estaba marcado que sus voces e instrumentos se encontrarían de repente, como se hallan en los arreboles “el caminito y la tarde”.

Una voz junto a otra y un susurro perfecto de consonancias atenuadas señaló el destino de esta dupla a la que se sumó el trinar agudo de un tiple haciendo armonías exactas para acrecentar la particular polifonía de señorial ensoñación.

El dueto Zabala y Barrera nació en 1982 en el Colegio Seminario Diocesano de Duitama cuando se decidió hacer una minga ancestral con José Fernando Barrera y los hermanos José Miguel y Helio Roberto Zabala Suárez, lejos de imaginar que esa juntanza improvisada traería júbilos de gloria para el pentagrama de la patria. 

En la distribución de la afortunada yunta, los papeles quedaron así: primera voz Helio Roberto, quien además asumió la responsabilidad de ejecutar, de manera simultánea la guitarra marcante, el papel de la segunda voz fue para José Fernando, con la responsabilidad de ejecutar la guitarra melódica y a este amancebamiento de voces y cuerdas se sumó el agudo rasgar de un tiple, tarea que tomó José Miguel.

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La luz de Helio Zabala sigue acompañando el camino de su hermano José Miguel y su amigo José Fernando en la tierra. Fotografía – Archivo particular.

Todo estaba dado para que el Dueto Zabala y Barrera saliera a la escena con un mensaje contundente de nacionalismo y un repertorio que muy pronto logró entrar por la puerta grande de los corazones para enternecer las serenatas, recitales, tertulias y un centenar de conciertos.

No se hizo esperar la fama y Zabala y Barrera permeó los círculos de preferencia de calificados melómanos, quienes aseguraban con idóneo criterio que al ruedo del pentagrama había llegado una revelación sonora para entonar los versos de los más grandes de la música andina colombiana. 

La radio, la televisión y la prensa del país y de algunas esferas internacionales, asedio siempre su laureada carrera musical y en compilaciones de periódicos, revistas, cintas radiofónicas e imágenes reveladoras, quedaron los instantes de notoriedad de este Dueto, que se codeó de tú a tú con colosales figuras de la música en colombia y el mundo, dejando testimonio cierto de lo que ha significado para la cultura nacional el nombre de Zabala y Barrera.

Las creaciones de Luis Dueñas Perilla, Jairo Huertas, José Alejandro Morales, Álvaro Dalmar, Jorge Villamil, José Jacinto Monroy, Carlos Martínez Vargas, Arnulfo Briceño, Efraín Orozco, Gustavo Adolfo Renjifo y Julio Flórez, por mencionar tan solo unos pocos, se anidaron en las gargantas inconfundibles de Zabala y Barrera y las canciones de estos juglares se volvieron gitanas andariegas que recorrían pueblos, ciudades y países para legitimar la belleza que hay en los compases de nuestros aires vernáculos, y más cuando se hacía al estilo de Zabala y Barrera.

Los escenarios más exigentes del país como el Festival Mono Núñez, Príncipes de la Canción, el Festival del Bambuco, el Pasillo Colombiano, los icónicos teatros de la capital de la república y todas las tarimas de la autenticidad nacional, se engalanaron con la presencia de estos “tres gallardos” que además de sus refinadas interpretaciones, llegaban de punto blanco, como si se tratara de tres cortejadores acicalados con la síncopa del bambuco.

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La agrupación nació en una celebración del día de San José en la «Perla de Boyacá». Fotografía – Archivo particular.

De manera temprana y dada su arrolladora popularidad, Helio, Fernando y José Miguel empacaron maletas y en los aviones volaron lejos las armonías  de tiple, guitarras y voces de estos embajadores, para visitar rigurosos escenarios de Europa, México, Estados Unidos y muchos países latinoamericanos.

Zabala y Barrera se convirtió entonces en una leyenda viva y todos querían tener sus producciones discográficas respaldadas por respetables casas disqueras, donde dejaron para la memoria del tiempo antológicas interpretaciones que muy difícilmente serán superadas, porque en el susurro de esas rimas hay una magia hermenéutica muy complicada de encontrar, emular, controvertir o reemplazar.

El dueño de la vida, llamó a su sagrada esfera a Helio Roberto Zabala Suárez, tal vez porque en las filas de sus coros celestiales había un vacío atenorado que solo lo podía llenar el hijo de don Efraín Zabala Merchán y doña Praxedis Suárez Carreño, sabios maestros que escribieron con infinito amor el nombre de sus hijos y de su compañero de andanzas en la pizarra de «aquella escuela de doña Ines»…

Con la partida de Helio, el dueto se desintegró tan solo de manera física, porque el resonar de sus murmullos sigue vivo en cada recuerdo, en cada producción, en cada acetato y en todas las almas donde habitan por siempre y para siempre los melismas ancestrales, hechos sin pretensiones de enredos impetuosos, sino por el contrario, con la dulzura sabía de la sencillez originaria que acata con obediencia la grandeza.

José Miguel, José Fernando y esa cofradía amorosa integrada por Ayde, Helio Efraín, Adriana, Olga, Helio Ricardo, Camilo, Mariana, Daniel y María Paz, se ha dedicado a honrar el nombre no solo de su hermano, amigo, esposo, padre y abuelo, sino el de un Dueto que dejó profunda huella en el sendero de la identidad conocido como Zabala y Barrera.

42 años han transcurrido entonces, desde aquel afortunado instante cuando el maestro Luis Martín Mancipe, director de la agrupación Alma Boyacense que amenizaba la celebración la fiesta de San José, sugirió que a la tarima subieran los hermanos Zabala Suárez a cantar y que convidaran a un profesor llamado José Fernando Barrera que se encontraba en el aforo del entonces Colegio Seminario de Duitama.

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Con Zabala y Barrera, Colombia tuvo a grandes embajadores del folklore en tierras extranjeras. Fotografía – Archivo particular.

El Dueto hace parte hoy de una placa auténtica esculpida en letras de oro, adosada al muro inmortal de las nostalgias y las sonoridades de sus  interpretaciones están servidas a la mesa del pentagrama para que las presentes y venideras generaciones las conozcan y tengan como referente la música hecha con la sencillez  de  un hechizo  seductor, perpetuado en el tiempo, como campana sonora que recuerda el eco de Zabala y Barrera. 

Recordemos los acentos aterciopelados de Zabala y Barrera  con «Mis mejores años», la obra del también inmortal Arnulfo Briceño

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