
Así es Armando Reyes, un frondoso árbol en cuya sombra se han salvaguardado la amistad, la sonrisa y la lealtad sincera.
Compañero fiel que irradia alegría y franqueza, porque en su corazón no hay lugar para el rencor, el odio ni el resentimiento, pese a moverse por aguas movedizas como la labor social, el periodismo, el contacto permanente con la comunidad o el codearse de tú a tú con los políticos que han pasado por su lente, como desfilan fugaces las estrellas por el nublado firmamento.

Armando es el amigo de todos, el vocero del sentir comunal, el líder que sabe orientar y la mano extendida que brinda amparo en los instantes resbaladizos de la vida; un ser diáfano que nació para servir; consigna que ha sabido desarrollar durante su acopiada existencia.
Autor de la fiesta en homenaje a las madres en el barrio Boyacá, de la peña taurina “Boinas Negras”, de los equipos y campeonatos de fútbol de la época ochentera, de la tradición del entierro de “Pericles” liderada por “Los Tres Reyes Vagos», en las populares fiestas de su amada estancia, y del Cuerpo de Bomberos de la ciudad, entre muchas otras acciones que lo catapultan como el dador que entrega y otorga sin esperar recompensa.

Otra de sus cómplices, aún viva en el rincón sagrado de su morada, es su vieja cámara con la que Armando retrató parte de la historia de Duitama y la que lo metió, sin saber a qué horas, en un verdadero “rollo” donde se revelan los instantes que han marcado significativos cambios de una ciudad, antes apacible y ahora congestionada por los sorprendentes albores de los nuevos tiempos.
Armando fue conductor de “La Esmeralda”, el icónico móvil del grupo radial Los Libertadores, en el que rodó por las carreteras colombianas como el andariego que, sin retribución alguna, le halla sentido a la vida tan solo con un estrechón de manos, un café con alma, una botella camuflada de agua «ardiente» o una sonrisa de gratitud auténtica en la mirada.

El viejo amigo nació en un pueblito llamado Guadalupe en el departamento de Santander, en una época donde la violencia le arrebató a su padre y obligó a su progenitora a salir huyendo en busca de nuevos horizontes y por eso llegaron a la capital boyacense y allí recibió sobre su cabeza, el agua bendita y el nombre de Armando Reyes Lara.
Posteriormente y siendo apenas un párvulo, Duitama lo acogió con la misma afabilidad que entrega Armando a la gente, realizó estudios de primaria en la escuela del padre Campoamor y luego fue el transistor su fiel acólito en el que hizo su formación hasta cuarto de bachillerato por radio Sutatenza.

Por más de 30 años Armando prestó sus servicios como trabajador de la otrora Termopaipa y con su esposa fundó la Salsamentaria Duitama, de donde surgieron las más exquisitas empanadas, cuya receta se fue para siempre tras el deceso de su amada compañera.
Cuatro hijos, cinco nietos y un amor encubridor escoltan sus días otoñales y un centenar de camaradas le acompañan en su caminar “calle arriba y calle abajo” por esos mismos caminos silenciosos, declarantes de mozuelas travesuras y peripecias juveniles.

Animador y cómplice de nobles causas, de la Regional Mono Núñez que se hacía en la década de los 90, de la Semana Internacional de la Cultura Bolivariana y los Países Hermanos, del Pueblito Boyacense, de conciertos, recitales, tertulias y amanecidas, de la Maratón de Los Libertadores, de los Campeonatos Mundiales de Ciclismo, del Homenaje a las Madres en su idolatrado Barrio Boyacá, de la celebración anual de los Músicos y Compositores, de las tradicionales Ferias y Fiestas de Duitama, de los Torneos de Fútbol y las jornadas ciclísticas, de su entrañable espacio “Colombia Boyacá te canta”, del desfile de Muñecos de Año Viejo o las memorables corridas de toros en la humillada Plaza “Cesar Rincón”.
De su inseparable estación, la Voz de los Libertadores de RCN, de su venerada Banda de Músicos y las trompetas sonoras de Carlos Julio Aranguren Medina y Juan Francisco Mancipe Nuñez, de la Feria del Oriente Colombiano, del surgimiento y avance de la Cámara de Comercio, de sus inseparables Norboy y Foto Prisma, del desarrollo dancístico de Felisa Hurtado, Nubalé y las demás cofradías coreográficas, de las obras costumbristas de su eterno amigo Ernesto Cárdenas, de las procesiones y alboradas en homenaje a su Santo Patrono el Divino Niño, del transcurrir artístico de Zabala Barrera, Los Embajadores del Tundama, Ansiedad, Terzetto Vocal, Amor a Colombia, la Comadre Edna y sus Ahijados, Sandra Esmeralda Rivera, El Dueto Primavera, Mario Rincón, entre tantos otros, de los presentadores, periodistas y locutores que, tras su sabio consejo, han escollado con éxito en la radio y los escenarios nacionales, y en fin… de todo lo que represente buenos augurios para su apreciada patria chica, allí ha estado siempre la irremplazable y benévola presencia del gran Armando Reyes, como apoyo y sostén de esas luchas que hay que librar para llevar a puerto seguro los sueños y quimeras.

Por su liderazgo y aporte a las causas nobles de la sociedad, Armando Reyes ha recibido sendas de homenajes y en el mural de sus recuerdos se hallan adosadas las placas, medallas, retratos, poemarios y condecoraciones donde se refrenda con justicia, los reconocimientos que han hecho, tanto las entidades del orden público y privado, como las personas y líderes que han dedicado en su honor el cincel, el pincel y los más apreciados acordes.
Nadie sabe cuántas fotografías e imágenes guarda el viejo Armando en el cuarto sacro de sus cuarteles de invierno, pero lo que sí es cierto, es que todos hemos sido testigos de las innumerables veces que su dedo ha oprimido el flash para registrar cada segundo, cada instante y cada momento que, como el viento sobre la roca, ha moldeado con paciencia y donaire la más genuina obra de arte en cuyo lienzo se esconden los enigmáticos secretos de su amada “Perla”.
Feliz cumpleaños querido Armando.
Feliz cumpleaños viejo roble…
José Ricardo Bautista Pamplona
Director General Sistema Informativo La Palestra.











