
Según lo anotó el biógrafo, Octavio Marulanda, Benigno Núñez, o “Mono Núñez”, como es conocido popularmente, nació el 6 de enero de 1897 en la hacienda “La Betulia”, corregimiento de Las Playas, dentro de los márgenes de lo que hoy se conoce como el Municipio de Ginebra, Valle del Cauca.
Hijo de Benigno Núñez, de quien heredó su nombre, y doña Tránsito Moya, el “Mono” demostró un talento prematuro para la música, que fue el motor de su existencia.
Desde muy niño el “Mono” comenzó a descubrir su afecto por este arte, inicialmente por medio de un acordeón que le regaló su padre cuando contaba con 6 años de edad.
Éste fue su primer instrumento, que comenzó a tocar con la orientación de su madrina Elisa Mann y José Joaquín Soto, experimentado acordeonista de la ciudad de Palmira, ciudad en la que se radicó para comenzar sus estudios en la escuela de los Hermanos Maristas.
Durante estos años sus inquietudes musicales se acrecentaron y fue así como el mismo José Joaquín Soto mandó a fabricarle un instrumento de guadua, a manera de bandola, la cual terminaría por caracterizar su larga trayectoria musical.

Hacia 1908 se trasladó a Buga con el fin de proseguir sus estudios secundarios. Fue en esta ciudad donde comenzó a involucrarse paulatinamente con un ambiente musical mucho más especializado.
Para esta época estaban de moda entre algunos grupos cultos bugueños, reunirse alrededor de cesiones musicales en las que se alternaban recitales de piano que nacían de las partituras de los grandes clásicos, con fiestas al ritmo de tiples, guitarras y bandolas que daban lugar a ritmos tradicionales como el bambuco, las guabinas y los pasillos. Por este tiempo el “Mono” comienza a serenatear y amenizar algunos de estos eventos sociales junto a otros compañeros aficionados a la música.
La auténtica etapa de perfeccionamiento alrededor de la música comienza para el “Mono Núñez” cuando a sus 15 años conoce a Pedro María Becerra y a Tulio “Pescuezo” Gáez, al lado de los cuales comienza a consolidar su historial artístico.
Es precisamente junto a estos dos compañeros, además de Samuel Herrera, Lisandro Rengifo, Ernesto Salcedo y Antonio José Ospina, que en 1914 el “Mono” conforma su primer grupo musical: “La Estudiantina Guadalajara”, bajo la dirección del maestro Manuel Salazar, quien le enseñó a Núñez a perfeccionar su ejecución de la bandola. De igual manera, es significativo destacar la participación del ‘mono’ en el trío “Tres Generaciones’” junto a Gustavo Adolfo Renjifo y Rafael Navarro, grupo en el que tocó la bandola hasta el final de sus días.
Es importante resaltar que la carrera del “Mono Núñez” alrededor de la música dependió esencialmente de su pasión y sus habilidades naturales y autodidactas, puesto que nunca estudió este arte formalmente.

En su favor contó con un oído fino y una memoria prodigiosa de la cual se cuenta que una vez aprendía las partituras, jamás las olvidaba. Sus cualidades como intérprete dieron cuenta de una impecable técnica interpretativa que demostró fundamentalmente a través de los instrumentos de cuerda.
Como compositor lo distinguen sólo algunas piezas que pasaron a la posteridad: la gavota María, la danza Italia, la mazurca Ana María y los bambucos Salospi, Ocasos y Belén.
En 1924 contrajo nupcias con Ana Julia Lince en la ciudad de Guacarí, Valle del Cauca. De esta unión nacerían 6 hijos: Tulio Enrique, Álvaro, María Teresa, Gloria, Melba Julia y Maricel. Ninguno de ellos heredó su dedicación por la música, aun cuando pudieron escuchar a su padre después de los 90 años tocar la bandola y el tiple con admirable dinámica y lucidez.
El “Mono Núñez” falleció el 31 de diciembre de 1991, en la víspera del año nuevo, a seis días de su cumpleaños número 95, en su terruño natal, Ginebra. (Tomado de la publicación del Portal Cultural del Pacífico Colombiano)
En uno de los apartes de la crónica escrita en el periódico “El País” se anota que:
“Era sábado. Era 28 de diciembre. El viejo Benigno Núñez estaba a dos semanas de cumplir 95 años y sentía su cuerpo cansado. Se los advirtió a todos en su casa.
Tenía la hemoglobina en 7, sí, pero estaba bueno ya de tantas transfusiones de sangre, de las salidas agotadoras a los consultorios de los médicos. Lo mejor sería acostarse, cerrar los ojos, hundirse en el silencio triste y esperar… El Mono Núñez había decidido morir.

Así se lo contaron a Gustavo Adolfo Renjifo y a Rafael Navarro, los músicos que por más de veinte años lo secundaron en el Trío Tres Generaciones, cuya postal desde 1975, cuando fue creado, fue siempre la misma: el viejo al centro haciendo vibrar su bandola con unos dedos larguísimos, Gustavo con el tiple sentado sobre su pierna izquierda, Rafael rasgando la guitarra.
Enterados de la decisión del maestro, ese día lo visitaron en la casa de Maricel, una de sus hijas, ubicada en el barrio Santa Mónica de Cali, en donde vivía desde hacía 25 años.
Querían infundirle nuevos ánimos. Otras veces había funcionado. Es que después de cada transfusión, él se sentía con energías. Como cuando pones un celular a cargar la batería, dice hoy Gustavo, al otro lado del teléfono.
Ese sábado, al pie de su lecho, comenzaron a agitar las cuerdas en tono menor, casi en susurros. Rafael primero. Una melodía de Francisco Tárrega, otra de Fernando Sor, una más de Antonio Lauro.
Eran clásicos de la guitarra. El Mono las iba reconociendo una a una, y las nombraba en medio de un ronquidito ahogado. Cuando la guitarra calló, el maestro quiso decir más, pero no pudo: solo consiguió aplaudir tímidamente bajo las cobijas. Fue la única serenata de Tres Generaciones en la que no se escuchó la bandola del Mono».
En la acogedora Ginebra, Valle del Cauca, surge entonces el evento más importante de la zona andina colombiana, bautizado como el «Festival Mono Núñez», en honor a este célebre juglar que inmortalizó su nombre gracias a este certamen que en este 2024 llega a la edición número 50.
Disfrutemos de este histórico documental hecho por el desaparecido y también inmortal Gerardo Arellano Becerra a Benigno «El Mono Nuñez».











