
Así denominaron el concierto los melómanos que asistieron el pasado 6 de abril al majestuoso Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, en el marco del lanzamiento de la edición número 51 del Festival Mono Núñez.
Fue una noche donde el alma de Colombia se alzó en forma de melodía porque todo comenzó con la presencia vibrante y esperanzadora de un colectivo conformado por niños, jóvenes y maestros de la Banda Sinfónica Especial de Tibasosa, dirigidos con profesionalismo absoluto por el maestro Javier Andrés Malagón Coronado. Sus instrumentos no solo emitieron notas, sino que tejieron un puente entre generaciones, entre la raíz y el porvenir, para acompañar el arribo celestial de “Las Mujeres del Mono”.

En esta ocasión, el escenario se engalanó con la imponente presencia de la boyacense Laura Chaparro Nossa, el sentimiento de Mireya y Paola del Dueto Primavera, la luminosa voz de Beatriz Arellano Becerra, y la pluma viviente hecha delicado canto de María Isabel Saavedra. Todas ellas bordaron con hilos dorados una noche que fue mucho más que música: fue un homenaje a la esencia femenina que habita el alma de la canción andina colombiana.
El público, conmovido, se puso de pie en varias ocasiones, como si al aplaudir quisiera retener para siempre la magia que flotaba en el aire. Y no era para menos: las “divas” de la canción no solo cantaron, estremecieron.

Cada palabra fue una caricia al alma, cada nota un suspiro compartido. Ya fuese en conjunto bajo el formato de “Las Mujeres del Mono” o en sus íntimas interpretaciones acústicas, su arte quedó tatuado en la memoria de quienes lo disfrutaron.
Con un aforo completo y una emoción colectiva difícil de describir, Funmúsica ratificó por qué el Festival Nacional Mono Núñez es y seguirá siendo el faro rector de la música andina colombiana, no solo por la grandeza de su evento insignia, sino también por su valioso papel en otros escenarios como la coordinación del concierto de cierre del Hay Festival de Cartagena, el lanzamiento de festivales en Cali, los conciertos realizados en los estados Unidos, México y tantos otros momentos memorables que enriquecen el pentagrama nacional.

Durante ese mágico tramo del concierto, como un soplo de aire fresco con aroma campesino, irrumpió en escena la agrupación «Carranga Primaveral», reimaginando las obras del inmenso Jorge Velosa con una propuesta, cargada de dinamismo y novedad, que elevó el género carranguero a nuevas dimensiones, demostrando que la tradición también puede ser vanguardia.
La poeta del alma, María Isabel Saavedra, hizo que los corazones se arrodillaran ante la dulzura de su voz y la profundidad de sus versos, en tanto, Beatriz Arellano, con su resonancia bambuquera, enamoró al público e incluso improvisó al llamar al escenario a su sobrino Juan Consuegra, con quien coreó la ya legendaria obra “Hay que sacar al diablo” de Eugenio Arellano, sellando un momento familiar y entrañable.

Laura Chaparro, con su carisma juvenil y su potencia vocal, demostró que el pentagrama nacional no solo tiene presente, sino un futuro promisorio, donde la resonancia ancestral seguirá multiplicándose como eco en las montañas por muchas décadas más.
Desde el cualificado aforo, brotaban vítores, carcajadas, aplausos, porque el público no solo escuchaba: vivía, lo que hizo que el canto se volviera conversación y el ritmo, un abrazo colectivo.

Entre los asistentes se encontraban músicos consagrados, arreglistas, escritores, directores, periodistas, representantes de entidades públicas, melómanos y, por supuesto, la delegación del municipio de Tibasosa encabezada por su alcalde, Eduardo Salcedo Velosa, en un gesto de respaldo y orgullo por su talentosa Banda Sinfónica.
Como joyas del repertorio, desfilaron también las agrupaciones galardonadas con el Gran Premio Mono Núñez del año 2024: El refinado Trío Plenilunio de Bogotá y el Dueto Florecer Andino de Caldas.

Ambos deleitaron con sus magistrales interpretaciones, mientras que una selecta nómina de músicos virtuosos respaldaba a los artistas invitados como el Piazzolla de la música andina colombiana, Germán Darío Pérez, Raúl Castaño, José David Rodríguez, Sindi Gómez, Juan Miguel Sosa, Luis Felipe Aljure, Jacobo y María Paz, Ricardo Pérez, Henrry Cuevas, y el coro de la Academia Crescendo de Bogotá.
Los anfitriones de esta noche para el recuerdo fueron los integrantes de la Junta Directiva de Funmúsica, encabezados por el presidente ejecutivo Bernardo Mejía Tascón y el presidente de la Junta Directiva Julián Peña, en alianza con las directivas del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, bajo la guía de Ramiro Eduardo Osorio Fonseca, un equipo que contó también con el apoyo y el cariño comprometido de María Claudia Crispín Amorocho, Daniel Bedoya, Juan Carlos Adrianzen, Javier Bernal y Martha Delgadillo Lopera.

«Esto fue algo mágico, soñado. Uno de esos momentos que uno no quisiera borrar nunca de la memoria», así lo señalaron, Leonardo Laverde y Paola Picón del Dueto Tierra Viva y en similares términos el aplaudido productor Mauricio Rangel lo anotó en sus grupos y redes sociales, calificativos con los que coinciden hoy los cientos de asistentes que tuvieron el privilegio de hacer parte del nutrido aforo.
Cuando Funmúsica está próxima a anunciar los artistas de cada zona del país que harán parte de la nómina de aspirantes a llevarse el Gran Premio Mono Núñez del 2025, se inicia también el diseño de agendas para armar la gran parrilla de programación a la que esta organización tiene acostumbrados a los asistentes que van cada año a Ginebra.

Del 29 de mayo al 1° de junio próximos, sube el telón de la edición 51 del festival Mono Núñez en Ginebra, Valle del Cauca.











