
Tunja fue testigo, el pasado fin de semana, de un acontecimiento que quedará grabado en las páginas de la memoria: el primer Congreso y gran reencuentro de exalumnos y egresados del Liceo Santo Domingo de Guzmán, un acto solemne y profundamente humano que conjugó la nostalgia, la gratitud y el orgullo de quienes forjaron allí sus primeros sueños.

La jornada inició con la Sagrada Eucaristía, presidida por Fray José Fernando Mancipe, rector de la Universidad Santo Tomás de Tunja, quien elevó la ceremonia a la dimensión espiritual que merecía.
En sus palabras, el encuentro se entendió como un acto de gratitud, de fidelidad a la memoria y de compromiso con los valores que han guiado a generaciones de liceístas.

Luego, la emoción se hizo visible con la colocación de la estola por parte de esposas e hijos, un rito cargado de simbolismo que unió a las familias con la herencia espiritual del Liceo.
El ingreso solemne de los graduandos y la llegada de los invitados al auditorio dieron a la jornada un aire de solemnidad que se reforzó con el canto del Himno Nacional.

Uno de los momentos más significativos fue la imposición de la Medalla “Fraternidad Liceísta”, que exaltó trayectorias y selló la pertenencia indeleble a esta institución.
La música acompañó con belleza este rito: el saxofón tenor de José Sebastián Jiménez Romero elevó melodías que parecían bordar recuerdos en el aire, entrelazando sonidos con la memoria colectiva de los liceístas.

La jornada alcanzó su punto más emotivo con la llegada al patio del colegio de quien fuera durante muchos años el coordinador de disciplina, el profesor Guillermo León Vargas Zapata, quien con la ayuda de sus familiares y exalumnos, subió hasta el piso donde solía recortarse en la misma baranda y, desde allí, pronunció palabras tan cargadas de sentimiento que provocaron lágrimas incontenibles entre los presentes.

El encuentro continuó con las palabras del presidente de la Asociación de Exalumnos y Egresados, José Abigail Jiménez Espitia, quien resaltó el valor de la unión y el compromiso de mantener viva la llama del Liceo.
La intervención del liceísta y reconocido hombre de medios internacionales Luis Alejandro Medina, trajo al presente la emoción de haber pertenecido a un claustro que marcó la vida de todos, sus palabras elevaron también un instante conmovedor y más cuando el reconocido periodista que habita en Nueva York invitó a los asistentes a unirse a la noble causa que lidera por muchos años en beneficio del Amparo de Niños.

La conducción del programa estuvo a cargo del periodista y liceísta Julio César Corredor, quien con su ingenio arrancó sonrisas cómplices, entre anécdotas y reminiscencias que devolvieron a los presentes a los días de infancia y juventud.
La organización, liderada por los egresados José Orlando Rojas Ordúz y el célebre “Curubeto”, logró conmover al auditorio al evocar al tambor mayor de la otrora banda de guerra del colegio y a los integrantes de aquel colectivo marcial que marcó épocas gloriosas en la vida institucional.

Y como un regalo para el espíritu, la voz del liceísta y escritor José Ricardo Bautista Pamplona llenó el recinto de poesía y memoria. Sus versos y canciones, entrelazados con la nostalgia y la esperanza, se convirtieron en un canto colectivo que devolvió a los presentes a los días en que la juventud caminaba por los pasillos del Liceo con la ilusión intacta. Su arte fue una caricia para el corazón, envuelta en consonancias y sentidas melodías.

Finalmente, para sellar la jornada con fraternidad, los liceístas se reunieron en un acto de integración en las instalaciones de la Cámara de Comercio de Tunja, donde, entre abrazos, evocaciones y nuevos compromisos, confirmaron que la hermandad que los une trasciende el tiempo y las distancias.

Exgobernadores, exalcaldes, brillantes ejecutivos de la medicina, la economía, el derecho, la ingeniería, la arquitectura, la administración de empresas, directivos del Ejército y la Policía, el clero, el periodismo, las artes, la educación, y en general, grandes y exitosos profesionales en todas las áreas, hacen parte de la brillante nómina de exalumnos y egresados de una de las instituciones más prestigiosas de Boyacá y el país en la décadas de los 70 y 80, hecho que quedó demostrado en la inolvidable ceremonia.
Así, este congreso fue un retorno al zaguán donde todo comenzó, la certeza de que la fraternidad liceísta permanece viva y la convicción de que, en cada encuentro, la historia se escribe de nuevo con la tinta del afecto y la memoria compartida.











