
El pasado 19 de abril, en el escenario del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, la música andina colombiana se manifestó como un cuerpo vivo, articulado con precisión y memoria, en un concierto que anunció la edición número 52 del Festival Mono Núñez y condensó en una sola noche el latido actual de una tradición que continúa transformándose sin perder su raíz.
Desde el primer instante, la atmósfera del nutrido auditorio evidenció una disposición distinta y el público asistió a una experiencia cuidadosamente concebida, donde cada intervención encontró su lugar dentro de un desarrollo continuo, con contrastes y momentos de profundidad.

La apertura, a cargo de la Estudiantina del Altiplano Cundiboyacense bajo la dirección del maestro Fredy Fonseca Silva, presentó un repertorio seleccionado con criterio y maestría, en el que bandolas, tiples, guitarras y percusiones se integraron con equilibrio y claridad.
Entre las obras interpretadas, se destacó de manera especial la fantasía “Colombia Adentro”, compuesta por el maestro Germán Moreno Sánchez, cuya ejecución desató una respuesta inmediata del público, traducida en aplausos prolongados y una visible euforia colectiva.

La noche avanzó hacia un momento de especial densidad simbólica con el homenaje “A toda una vida” al comunicador Jorge Eliécer Barón Ortiz, quien, visiblemente conmovido, tomó la palabra para agradecer a Funmúsica la deferencia de haber escogido su nombre para este reconocimiento.
Su intervención, cargada de emoción y memoria, encontró eco inmediato en el auditorio, que respondió de pie con «entusiasmo» y respeto y tras sus palabras, el llamado juglar de la televisión colombiana protagonizó uno de los instantes más cercanos de la noche, porque en medio del aplauso del público, entregó su tradicional “patadita de la buena suerte” a Julián Peña Borrero por su cumpleaños y a Bernardo Mejía Tascón, como augurio para el desarrollo de la edición 52 del festival.

El gesto espontáneo animado por el presentador de la noche, el cantautor José Ricardo Bautista Pamplona y acompañado por un conteo regresivo de los asistentes, cerró ese momento con una energía colectiva que se situó en la memoria del concierto.
El banquete continuó con la presencia de Dayane Fagua, ganadora del Gran Premio Mono Núñez Vocal, junto a 3/4 de mi Tierra, propuesta que integró distintos lenguajes y territorios latinoamericanos en una lectura coherente, donde la voz y el formato instrumental se abrazaron con claridad y su repertorio, que transitó entre bambucos, valses ecuatorianos y diversas exploraciones rítmicas, evocó el tradicional Festival de la Plaza de Ginebra.

Más adelante, la escena fue asumida por Lizeth Paola Rodríguez, llegada de tierras ibaguereñas, cuya formación lírica y comprensión del lenguaje andino se tradujeron en una interpretación de alta exigencia técnica. Su control del aire, la claridad en la dicción y la construcción del fraseo evidenciaron un trabajo disciplinado, en el que cada obra fue abordada desde su naturaleza expresiva e innovadora.
El dúo instrumental Los Príncipes de Boyacá, integrado por Cristian Ochoa Palomino y Juan Sebastián Galeano, ganadores del Gran Premio Mono Núñez Instrumental en el año anterior, aportó uno de los momentos de mayor rigor interpretativo y su ejecución, basada en la precisión del ataque, la limpieza de la digitación y la claridad de los acentos, permitió que obras como “El condenillo” se desarrollaran con una nitidez poco frecuente, en la que la técnica se puso al servicio del sentido musical.

El cierre estuvo en manos de Laura Vargas y su Triada de Caldas, cuya presencia condensó una relación madura entre la palabra y el sonido y su repertorio, que incluyó tanto obras del cancionero andino como composiciones propias, evidenció una línea interpretativa centrada en la profundidad del canto, donde cada frase encontró su lugar dentro de un desarrollo coherente y contenido.
Así las cosas, la noche se convirtió en una síntesis del presente de la música andina colombiana y lo ocurrido en el Teatro Mayor se consolidó como una afirmación clara de un movimiento artístico que mantiene su vigencia a través del rigor, la formación y la renovación constante, sostenido a través del tiempo por Funmúsica.

Personalidades de la cultura como los delegados del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, la Secretaría de Cultura y Patrimonio de Boyacá, la Dirección de Cultura de Bogotá, directivas de SAYCO, Colpensiones, destacados medios de comunicación y las directivas del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, entre muchas otras personalidades conformaron el nutrido aforo que aplaudió de manera permanente tras la curva de emotividad que presentó el memorable concierto.
Desde allí, quedó trazado el camino hacia Ginebra, Valle del Cauca, donde el país volverá a encontrarse con sus sonidos entre el 25 y el 28 de junio, en una cita que se asienta en el tiempo vivo de la música andina colombiana.











