
Hay proyectos que no nacen de la improvisación ni del afán por figurar, sino de procesos largos, silenciosos y coherentes. Iniciativas que maduran con el tiempo y se concretan cuando las condiciones éticas, conceptuales y humanas lo permiten.
Así ocurrió el pasado sábado 24 de enero con la apertura oficial del Gran Salón Instrumentarium, un espacio concebido para la reflexión cultural, el reconocimiento ancestral y la divulgación informada del patrimonio musical.
Instrumentarium reúne instrumentos y elementos relacionados con la música legendarios provenientes de distintas épocas y regiones del mundo, piezas que no solo poseen valor estético, sino que condensan sistemas de pensamiento, ritualidades y prácticas sociales asociadas a la música como hecho cultural.

El maestro Fernando Rojas Quiñónez, acompañado de su esposa y su familia, fue el anfitrión de una jornada significativa, que convocó a un público amplio y cuidadosamente seleccionado.
Músicos, investigadores, intelectuales y melómanos, llegados desde diferentes lugares del país y del exterior, se dieron cita para acompañar este momento que trasciende lo ceremonial y se inscribe en el ámbito de la memoria cultural.
Y es que la importancia del evento no radicó únicamente en la presentación formal del espacio, cuidadosamente diseñado y organizado, sino en la programación musical que acompañó la jornada, pensada con criterio, coherencia y profundidad. La música no fue un complemento: fue el eje articulador del encuentro.

La apertura sonora estuvo a cargo de La Insólita Orchestra, agrupación que aborda instrumentos de origen milenario desde una lectura contemporánea, combinando lenguajes universales con sonoridades propias del folclor colombiano y su propuesta evidenció que la tradición puede dialogar con el presente sin perder rigor ni identidad.
Posteriormente, la Estudiantina Chía ofreció un repertorio sólido de danzas, guabinas, pasillos y bambucos, reafirmando la vigencia de las músicas andinas dentro del panorama cultural actual.
A este momento se sumó la participación de integrantes de la familia Rojas Quiñónez, quienes compartieron composiciones inéditas inspiradas en la relación entre música, naturaleza y convivencia, aportando una dimensión íntima y reflexiva a la jornada.

La tarde avanzó con la presentación de la Tuna de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, una agrupación con trayectoria, que mantiene activo el legado del movimiento tunístico a través de obras ampliamente reconocidas por el público. Su intervención acompañó el tránsito hacia la noche con solvencia musical y conexión emocional.
El plato fuerte estuvo a cargo del gran intérprete de los teclados, el maestro Jorge Zapata, quien, junto a su esposa, la soprano Bibiana Patiño y el tenor Carlos Valderrama, presentó un repertorio de boleros, cumbias y bambucos interpretados con equilibrio técnico y sensibilidad expresiva, propia de quienes gozan de alto reconocimiento por su histórica trayectoria.

A este momento se sumó la intervención del cantautor José Ricardo Bautista Pamplona, cuyos textos y composiciones, de carácter romántico y reflexivo, generaron una respuesta profunda en un auditorio atento y exigente que le devolvió con aplausos.
Instrumentarium representa una apuesta por el conocimiento, la memoria sonora y la responsabilidad frente al patrimonio musical, en un argumento donde lo inmediato suele desplazar lo esencial, y nace como un lugar para pensar la música, escucharla con atención y comprenderla como parte fundamental de la historia y la identidad colectiva.

Así, sin estridencias ni artificios, un sueño largamente trabajado encontró forma y sentido y ahora espera convertirse en itinerancia, para llegar a todos los rincones de Colombia y Latinoamérica como un acto de fe en la cultura y de amor por la pedagogía.











