Un espacio de información y libertad

expectativa
urbaser

Con dolor de región

Sep 1, 2026

Compartir

Tradicionalmente identifico mi columna en este “Con olor a región”, en homenaje a nuestra Colombia, sus riquezas, la cultura de sus territorios y el encanto de recorrerla y recordar historias, hogares, costumbres y paisajes, en medio del aroma del café, la brisa marina de nuestros dos océanos, la lluvia de nuestros bosques y selvas, y la combustión de leña y la cocción de la carne, entre otros.

Así busco mostrar la grandeza de nuestra patria, su diversidad, y, sobre todo, la calidez de los colombianos, su humor, laboriosidad, resiliencia y creatividad.

Pero hoy debo hacer una pausa en mi enumeración de regiones y sus virtudes. Mi corazón está afligido, como seguramente les pasa a Ustedes, tras presenciar, conmocionado y muy afligido, cómo el inexplicable terremoto de hace unos días se llevó la vida de centenares de colombianos en más de la tercera parte del país. Aquel “olor a región” hoy pasa a ser “con dolor de región”, porque duele lo sufrido por nuestros hermanos del Chocó, Valle del Cauca, Risaralda, Quindío y Caldas que perdieron a los suyos, sus techos, trabajos y casi todo lo material; porque nos sentimos inmensamente humanos en lo que se refiere a nuestra fragilidad y pequeñez ante inefables situaciones del destino, de la naturaleza, de posibles acciones humanas o, para quienes tienen un espíritu religioso que reconoce la existencia de un ser superior, un designio.

Con dolor de región, y de alma, porque no hallamos las explicaciones de por qué ellos “se fueron”, por qué en esas regiones, por qué entre las víctimas se contabilizan muchas vidas meritorias, jóvenes e inocentes, y con un inmenso potencial, por qué de esa forma.

Incluso, no es ajeno a nuestro pensamiento el por qué los techos y ladrillos no cayeron o no nos lesionaron a nosotros. Con mucho dolor, porque somos humanos, limitados y no exentos de sentir el miedo de pensar que nuestra vida también puede llegar a finalizar de esa forma tan horripilante y sorpresiva.

Además de la inmensa tarea que tenemos de ayudar a recuperar las regiones afectadas, y de colaborar con el gobierno (no importa cuál sea) en el servicio voluntario, en la donación de dineros, alimentos y medicamentos, en dar abrigo a los desamparados, en contribuir con la tributación necesaria o en poner nuestros brazos para reconstruir, un cimbronazo de esta índole debemos verlo como un anuncio – advertencia (de fe, o no; de razón, o no; o como queramos verlo) de que no tenemos asegurada nuestra existencia; de que la vida es frágil y momentánea; de que las acumulaciones materiales no nos blindan ante una tragedia; de que no hay discusión civil, polarización política, estratificación social o acumulación de méritos que nos protejan ante lo que aparece inevitable e inexplicable.

Las imágenes de los escombros, los ríos de voluntarios, la esperanza de vida pese a señales adversas y la emoción de todos ante el rescate de familias, bebés y animales, nos confirman que aun sin techo y con la pérdida de seres queridos y todo lo material, la solidaridad cobra sentido cuando nos ponemos en la piel del otro, y paliamos el dolor tanto del rico que, pese a contar con mucho dinero en el banco, sufre como cualquiera ante la pérdida repentina de condiciones de vida digna (sin techo, agua potable, baño cerca…); la soledad de quienes perdieron a sus seres queridos; o la angustia del pobre, que halla en el rostro ajeno, su mismo dolor, pero con la esperanza y el sentido que significa reconstruir la vida después de verla casi perdida.

El sismo el 10 de agosto de 2026 cambió radicalmente la vida cientos de miles de colombianos. Esto debería servir para cuestionarnos cómo gestionamos nuestra existencia, porque no sabemos en qué momento, ni de qué forma, esta finalizará.

Esto significa revisar qué hacemos, por qué y cómo nos comportamos en cada momento; el valor que damos a las cosas y, sobre todo, a las relaciones; el camino elegido y de si, de corazón y de mente, estamos recorriendo la mejor senda posible. Porque la existencia nos ha dado cientos de momentos para volver a empezar pero, tarde o temprano, las oportunidades desaparecerán.

expectativa
urbaser

Con dolor de región

Sep 1, 2026

Compartir

Scroll al inicio