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¿Cuál será su legado?
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Apreciado lector, si hay algo cierto en la vida de todos nosotros es nuestro final. Antes de seguir leyendo, por favor tómese un tiempo para reflexionar y respondersea esta pregunta: ¿Qué quiere que diga el epitafio inscrito en su lápida fúnebre?
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Sé que es una pregunta directa, para algunos fuerte y hasta incómoda. Lo relacionado con la muerte, como es lógico, nos resulta esquivo y muchos prefieren evadir la idea. Pero es una realidad: todos convivimos con el fallecimiento de un ser querido y, tarde o temprano, personas cercanas nos sobrevivirán. Es ley.Mucho recibimos de generaciones que ya no están y debemos asegurarles un mundo mejor para que las siguientes enfrenten su ciclo con un aporte consciente de nuestro paso por este mundo.
Responder a la pregunta nos lleva a “rebobinar”nuestra vida (es decir, a hacer un rápido recuento de los hechos, positivos y negativos, vividos), y a contrastarla con lo que esperamos lograr en lo que nos resta de existencia. En el fondo, todos anhelamos que el escrito de nuestro epitafio sea afable y justo, que muestre que impactamos positivamente otros seres, yque exprese que durante nuestra existencia crecimos favorablemente como personas. Como dijo ViktorFrankl: “El ser humano se realiza en la medida en que se trasciende a sí mismo”.
No es fácil concretar esa idea en unas pocas palabras, mucho más cuando no se trata solo de contar sólo lo que hicimos (por ejemplo, haber sido madre, padre, profesional, maestro, deportista…) sino, y muy especialmente, lo que dejamos en el recuerdo, nuestro legado.
El epitafio correcto, bien sea dictado por nosotros o redactado por quienes enfrenten nuestra muerte, es la expresión más concreta del resultado de nuestro proyecto de vida y, sobre todo, del impacto, legado o trascendencia de nuestro actuar.
Otra forma de responder a esta pregunta es con otra: ¿cómo quiere ser recordado por quienes le han conocido en vida? Esto nos lleva a reflexionar sobre aquello a lo que más nos hemos dedicado, sobre si estamos logrando el objetivo esperado, y si los resultados son satisfactorios, tanto en lo personal como en el anhelado impacto positivo entre quienes nos rodean. Porque tenemos el compromiso personal, moral y hasta de propio orgullo, de hacer que nuestro paso por el mundo contribuya a hacer de este un mejor escenario para vivir; y que lo que dejemos a quienes nos sobrevivan más allá de dinero o propiedades sea conocimiento, obras de vida, elejemplo de los valores, experiencias o consejos queimpactarán positivamente sus vidas. No bastan solo las buenas intenciones. Tenemos la obligación de traducirlas en acciones.
Como educador, también me cuestiono sobre lo hecho, lo dejado de hacer, lo que debo hacer y lo que no debo hacer en el inmediato futuro. Como todos, soy consciente que desconozco cuánta vida me queda, y por ello mismo sé que debo actuar sin prisa, pero sin pausa (no dejemos para mañana lo que podemos hacer hoy), para consolidar lo que me he propuesto, un proyecto benéfico más que para mí, para quienes el destino me ha permitido conocer, servir y amar.
En los cementerios hay epitafios para todos los gustos,algunos simples y otros con mensajes maravillosos e inspiradores, y ojalá que más allá de esas palabras nuestro recuerdo sea por el impacto dejado. Ello da sentido al recuerdo de quienes han convivido con nosotros para dejar atrás ese desesperanzado “el olvido que seremos”, título de la gran novela de Héctor Abad Faciolince.
Cada proyecto de vida tiene un valor especial para quien lo realiza con amor y pasión desprendidas,aunque no siempre se traduzca en un legadosignificativo para todos, pero sí para los más cercanos. Para trascender y ser debidamente recordado, nuestra apuesta tendrá que incorporar, sí o sí, algunas de las siguientes acciones: servir genuinamente, aportar ydar sin esperar nada a cambio, educar para trascender, motivar para seguir la ruta trazada, inspirarpara mejorarla, tener disciplina y constancia para lograrla, siendo siempre coherente y convertirse en un ejemplo real para los demás, entre otras.
Para algunos, cumplir esto representa un enorme y complejo reto; pero para otros, es algo muy simple,cuando en especial tengamos clara nuestra causa de servir a los demás en nuestro corazón en el deseo de contribuir a su mejor existencia.
Para otros el legado es nefasto como ha sucedido con los “tristemente célebres”, cuyo paso solo ocasionó tal dolor que su maldad no se olvida en el tiempo.
Si dejamos huella, el dolor por nuestra ausencia físicaentre quienes nos sobrevivan ya no será frustrante, pues “el espacio terrenal que ocupamos solo se llamará nostalgia”, como bien lo planteó en sus versos el maestro Eduardo Carranza. Ese legado será siempre vigente si lo entregado se inserta en la memoria de generaciones que estarán motivadas por replicar lo bueno que hayan recibido de nosotros.











