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¿Está Colombia preparada para el tsunami tecnológico de la inteligencia artificial?
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Desde hace meses, he venido construyendo esta columna para tratar de significar, desde una perspectiva constructiva, el actual fenómeno por el que atraviesa la humanidad y la transformación estructural que rebasa la metáfora de una simple “revolución” tecnológica.
Y es que la inteligencia artificial (IA) no solo está automatizando tareas; está reconfigurando los marcos de decisión, alterando las jerarquías del conocimiento e incluso desafiando los valores que históricamente han orientado nuestras sociedades.
Ya no se trata simplemente de herramientas que optimizan procesos; hablamos de sistemas que aprenden, que infieren, que toman decisiones en contextos complejos, desdibujando los límites entre lo humano y lo artificial.
Este fenómeno, que algunos expertos denominan singularidad social tecnológica, no es una proyección futurista; es un presente activo, dinámico y disruptivo, cuya velocidad de adopción y escalamiento supera ampliamente las capacidades reguladoras, educativas y culturales de la mayoría de los países en desarrollo, incluida, por supuesto, Colombia.
El «tsunami tecnológico» al que hago referencia no se limita a la incorporación acelerada de nuevas herramientas; es una analogía para describir un fenómeno sistémico caracterizado por variables como la velocidad exponencial del cambio, el acortamiento extremo de los ciclos de innovación, la integración de tecnologías convergentes y la creciente disolución de fronteras sectoriales y epistemológicas.
El alcance transversal de esta transformación nos enfrenta a una realidad inaplazable, porque ningún sector económico o social escapa al impacto de esta integración tecnológica, cada vez más sinérgica, entre inteligencia artificial, internet de las cosas (IoT), biotecnología, blockchain y otras tecnologías emergentes.
El carácter multifactorial y dinámico de esta convergencia convierte la comprensión y el control de sus efectos en un desafío de primer orden, que todos sin excepción alguna tenemos que abordar para andar al ritmo que están imponiendo los tiempos presentes y futuros.
Por otra parte, el desplazamiento estructural que produce esta ola tecnológica está modificando de forma irreversible los roles, las profesiones y los sectores productivos, y un ejemplo tangible es la creación automatizada de contenidos periodísticos por IA, como ya lo ha demostrado el diario La República en Colombia y otros medios de reconocida trayectoria.
En ese caso, vemos cómo una profesión que tradicionalmente dependía del juicio humano, la interpretación crítica y la narrativa ética, está siendo reconfigurada por sistemas capaces de redactar editoriales, procesar datos masivos y construir relatos informativos en tiempo real.
Mientras países como Finlandia, Estonia y Corea del Sur incorporan desde la educación básica contenidos en pensamiento computacional, ética digital, programación y resolución de problemas complejos, Colombia aún lucha con brechas estructurales como: baja cobertura de infraestructura digital, vastas zonas sin conectividad, limitado acceso a dispositivos actualizados, además del rezago en formación docente en tecnologías emergentes y unos currículos rígidos, fragmentados y anacrónicos frente a la dinámica del entorno digital.
En muchas áreas rurales del país, aún se enseña mecanografía o herramientas ofimáticas propias de la década pasada, mientras que la inteligencia artificial ya diseña contenidos educativos, redacta informes financieros, genera diagnósticos médicos asistidos y construye algoritmos de decisión jurídica.
Por otra parte, y según estudios recientes, el 92% del aparato productivo en Colombia está representado por micro y pequeñas empresas, muchas de las cuales operan en sectores altamente susceptibles a la automatización, como el comercio minorista, la manufactura ligera, el transporte y los servicios básicos.
Estas empresas enfrentan múltiples limitaciones, como falta de capital para invertir en soluciones basadas en IA, carencia de talento humano capacitado para liderar procesos de reconversión tecnológica, y la ausencia de políticas fiscales robustas que promuevan la transformación digital inclusiva, y esto, podría ahondar aún más la brecha económica y tecnológica del país.
La IA no democratizada, entonces, corre el riesgo de convertirse en un factor de concentración de poder económico en manos de conglomerados que controlan los modelos algorítmicos, los repositorios de datos y las infraestructuras de cómputo.
En un país como el nuestro, donde no existe aún una legislación específica ni suficientemente sólida sobre responsabilidad algorítmica, derechos de autor sobre obras generadas por IA, protección de datos sensibles, ni control sobre la discriminación algorítmica, los riesgos se amplifican, toda vez que existen ya sistemas de reclutamiento, vigilancia y análisis de riesgo que, al ser entrenados con datos sesgados, reproducen y perpetúan inequidades estructurales bajo una aparente neutralidad técnica.
Ya se utilizan modelos que puntúan el «perfil de riesgo» de personas para créditos, becas o procesos de selección laboral, sin ningún tipo de auditoría ética o metodológica.
Esta situación pone en entredicho los principios de equidad, justicia y no discriminación, y puede derivar en la consolidación de una arquitectura de vigilancia basada en datos parciales, imprecisos o manipulables.
Pero, ¿cuáles son los riesgos más inminentes del tsunami IA para Colombia, según el criterio de los expertos?
Según las investigaciones realizadas hasta ahora, se pueden identificar al menos tres líneas críticas de riesgo:
- El desplazamiento laboral masivo. De acuerdo con el Foro Económico Mundial, entre el 20% y el 40% de las ocupaciones actuales podrían desaparecer para 2030 y en el contexto colombiano, esto podría impactar directamente a trabajadores administrativos, operadores, auxiliares contables, personal de servicios repetitivos como los call centers, asistentes legales, redactores básicos, entre muchos otros oficios y profesiones que dependen de tareas rutinarias susceptibles de automatización.
- Crisis de veracidad y manipulación de la información. La IA generativa, como GPT, DALL·E o Sora, puede producir contenidos audiovisuales hiperrealistas, discursos falsificados y simulaciones manipuladas capaces de inducir a la desinformación masiva, con efectos potencialmente devastadores en procesos electorales, en la reputación de personas e instituciones, e incluso en ámbitos tan sensibles como la salud pública o la justicia, crisis que erosiona la confianza colectiva, fomenta el cinismo informativo y desafía la capacidad de las sociedades para diferenciar la verdad de la manipulación.
- Brechas cognitivas y culturales. El acceso desigual al conocimiento sobre IA puede generar una nueva forma de analfabetismo: el analfabetismo algorítmico. Este se refiere a la incapacidad de comprender cómo funcionan los algoritmos, cómo impactan en nuestras decisiones cotidianas y cómo deben ser regulados, brecha que puede limitar el ejercicio democrático informado, aumentar la dependencia tecnológica y marginar a comunidades enteras de los beneficios de la inteligencia automatizada.
La pregunta que surge es: ¿Qué debería hacerse desde ya y de manera inmediata?
Analizando la disertación de numerosos expertos que actualmente abordan este tema desde distintos enfoques, puedo concluir que hay varias acciones inaplazables:
- Creación de una Agenda Nacional de Inteligencia Artificial con enfoque humanista, orientada al desarrollo sostenible, la inclusión y el bienestar colectivo.
- Creación de fondos de inversión pública y subsidios especiales para la transformación digital de MIPYMES, especialmente aquellas ubicadas en zonas rurales o de baja conectividad.
- Reformas educativas insondables, que incluyan pensamiento computacional, ética digital, metodologías de aprendizaje colaborativo y desarrollo de habilidades socioemocionales desde la educación básica.
- Alianzas estratégicas entre: Universidad–Empresa–Estado–Sociedad civil, que permitan acelerar la inclusión digital mediante programas de reconversión laboral, incubación tecnológica y colaboración con plataformas responsables como Google, Microsoft, IBM, entre otras.
- Inclusión activa de pueblos indígenas y comunidades rurales en los procesos de transformación tecnológica, desde un enfoque de pertinencia cultural, reconociendo sus saberes y garantizando su participación equitativa en el diseño y uso de tecnologías.
Y un tema no menos importante lo constituye la necesidad de una legislación anticipativa y ética, que contemple una ley de autoría algorítmica, un sistema de protección de datos ajustado a contextos de aprendizaje automático, y la creación de un Observatorio Nacional de IA encargado de evaluar impacto, formular alertas tempranas y auditar algoritmos de alto riesgo.
El tsunami tecnológico al que me refiero, por lo tanto, no es una fatalidad inevitable, pero sí un fenómeno imparable, y Colombia aún tiene una ventana de oportunidad que podría cerrarse pronto.
Prepararse, no para competir con la IA, sino para complementarla desde una visión ética, crítica y humanista, es entonces, una tarea urgente e inaplazable y si no respondemos con inteligencia humana a la inteligencia artificial, corremos el riesgo no solo de perder empleos, sino también de comprometer nuestra soberanía cultural, nuestra equidad social y nuestro sentido colectivo como nación.
Como en toda gran ola, quienes sepan leer las señales, desarrollar pensamiento crítico y escalar la montaña del conocimiento, sobrevivirán; en cambio, quienes la ignoren o se nieguen tercamente a comprender su existencia, podrían ser arrastrados por su fuerza hacia el abismo de la obsolescencia social y cultural.











