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¿Estás dispuesto a enamorarte? Dios callará de amor

Jul 19, 2025

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El señor está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos. (Sofonías 3: 17).

Estas palabras del profeta son un llamado a la esperanza en la conquista del amor de Dios. Pensemos en la conquista amorosa en el terreno puramente humano: uno busca entre todo lo contaminado del mundo a alguien bueno, de sentimientos y valores; se acerca a ese ser atraído por cosas externas: cómo habla lindo, lo que hace le luce, lo que dice me divierte, tantos hombres detrás de ella y yo quiero ser el único… cuando empieza a tratar con ella confirma esas virtudes, siente su compañía, etc… y se enamora… entonces, la actitud cambia, el lenguaje cambia, el trato y las costumbres cambian, los amigos y amigas cambian, porque hay una nueva intimidad y una exclusividad con esa persona, con ese ser amado. Y entra uno en un estado de contemplación, que le parece, y seguramente puede ser así, que  no hay otro ser igual sobre la tierra y que si no es con ese ser amado, ya no podrá vivir el resto de la vida… por esto se llega auténticamente al matrimonio, que no es otra cosa que la vida entregada a otra persona. ¿Y sus defectos? Claro que el ser amado tiene, está lleno de defectos, pero resulta que fue Dios quien nos amó primero y nos aceptó con defectos.

Veamos lo que dice 1 de Juan 4: 10: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su hijo en propiciación por nuestros pecados”.

Fue él quien nos conquistó a través del amor de Cristo.

Y lo que  ocurre con la conquista de Dios, a través de la entrega absoluta, en la sangre y el cuerpo de Cristo y en el Espíritu Santo, que nos enseñan a conocerlo, es lo que decía mi mamá: “en el noviazgo, es el novio el que conquista a la novia y en el matrimonio es al revés, es la esposa la que conquista al esposo”, traducido al terreno del amor a Dios significa: Dios conquista a su iglesia  a través de Cristo y luego es la iglesia (nosotros) los que debemos enamorar a Dios obedeciendo a Cristo.

Pero la profecía de Sofonías fue también una clara advertencia sobre la rebeldía, el pecado y el juicio. Los primeros cinco versículos del capítulo 3 nos hablan de la rebeldía, el pacado y el juicio. la profecía de Sofonías ocurrió en un momento de mucha rebeldía e impiedad, y en unas condiciones morales deplorables, en el pueblo de Dios debido a que antes del reinado de Josías (640 a.C.) habían transcurrido 55 años de reyes muy malos, que introdujeron toda la idolatría posible en Jerusalén y Judá. Por esto el mensaje de Sofonías inicia hablando de rebeldía, contaminación y juicio divino, vale decir de alejamiento de Dios, pecado en abundancia y de la ira del Señor sobre su pueblo. Más adelante, en el versículo 8, el profeta revela lo que Dios advierte:

…Por tanto, esperadme, dice el Señor, hasta el día que me levante para juzgaros; porque mi determinación es reunir las naciones, juntar los reinos, para derramar sobre ellos mi enojo, todo el ardor de mi ira; por el fuego de mi celo será consumida toda la tierra.

Dios es absolutamente claro con nosotros en todo tiempo: rechaza el pecado,  nos advierte amorosamente y nos invita a escucharlo y a obedecer. Tendremos juicio y condenación si hacemos oídos sordos, pero si hacemos caso a su llamado y a su palabra, callará de amor, hará caso omiso de nuestro pecado, nos perdonará como si no lo hubiéramos cometido y hará eco del sacrificio que  nuestro Cristo hizo, por amor, sacrificio de sangre purificadora, que nos redime y  nos salva. Piensen siempre en que la relación con Dios es una ecuación amorosa. Dios espera encontrar algo puro en la tierra, en medio de la desoladora perdición del mundo, algo puro en nosotros, porque nos ama, y mucho, y a cambio de esa pureza, que se manifiesta en la obediencia, nos regala la salvación.

Apocalipsis nos habla del cántico de los arrepentidos:

… y en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios.

Solo ellos, los redimidos por Dios, podían escuchar el cántico celestial en medio del estruendo del mundo, cuando el cordero está sobre el monte de Sion, el día del juicio a los hombres.

Solo los  que escuchan la voz y el llamado de Dios al arrepentimiento a  través de Cristo podrán celebrar esa fiesta. Solo los que se nos hemos enamorado podremos sacar de nuestras bocas cánticos agradables para complacer al que nos ha conquistado con su amor. Y hasta cuando el amor sea puro, no saldrán de nuestro corazón y de nuestros labios palabras sinceras, desprendidas de todo interés mundano. Cuando uno se enamora de verdad, como en el noviazgo, uno empieza a ser y a hacer por el ser amado, lo que complace al ser amado.

La limpieza de boca, de corazón y de espíritu, de la que nos hablan Sofonías y el Evangelio, no es otra cosa que la espera de Dios en su paciencia y la exigencia de un cambio en nosotros a partir de cuando nos enamoramos de él. Él espera, sí, pero exige una transformación de nuestros hábitos, de malos hábitos a buenos hábitos, un cambio sincero de actitud y de vida en nosotros. Y para transformarnos auténticamente hay que cambiar el pensamiento y el corazón. El principal ejemplo de  conquista amorosa, de amor desinteresado y total, lo dio Cristo en la cruz, que tuvo ese estado de contemplación por nosotros hasta llegar al sacrificio.

Por esto Sofonías nos anuncia más adelante, en el versículo 17, que Dios callará de amor:

Dios está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos.

Ahora veámoslo en el Nuevo Testamento. Mateo 27: 13 y 14 nos muestra que Jesús calla ante Pilato por amor a nosotros:

Pilato entonces le dijo: ¿no oyes cuántas cosas testifican contra ti? pero Jesús no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho.

Cuando el amor crece tanto y es tan fuerte, el novio se deleita en la novia y se complace en contemplarla y entonces ya se hace imposible pensar por separado, vivir por separado, porque ha habido tal acercamiento, tal intimidad, tanta vida compartida, que el amor aflora de verdad. ¿Cómo se dio el cambio: cómo renuncié a tantas cosas por amor a esa persona? Respuesta sencilla: porque la amo.

La(s) pregunta(s) para hoy son estas:

¿Qué tan dispuestos estamos a dejarnos conquistar por el amor de Dios?, ¿qué tan dispuestos estamos a renunciar a las demás cosas?, ¿qué tan cerca estamos hoy del amor de Dios?, ¿qué tanto le hemos obedecido?, ¿qué tanto hemos cedido?, ¿qué tanto nos hemos dejado conquistar?, o sea ¿qué tan lejos estamos del pecado, de la rebelión, de la arrogancia, de la idolatría? hoy, te invito a que te dejes conquistar por Dios y te enamores de Cristo, a que te dejes guiar por el Espíritu Santo…

La reflexión:

•Dios callará de amor por ti,

•Te amará y no te acusará,

•Te renovará con su amor.

Te invito a que ores conmigo: Señor estoy dispuesto a dejarme conquistar y a dejarme renovar con tu amor.

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