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La experiencia que hace verdaderos sabios…
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En la vida, todos tenemos metas, sueños y objetivos que nos inspiran y nos impulsan hacia adelante. Sin embargo, es fácil caer en la tentación de querer llegar rápidamente a la meta, sin recorrer el camino que nos lleva hasta ella.
Querer alcanzar la cima sin pasar por el proceso es un error costoso, porque el proceso no solo nos prepara, sino que también nos fortalece, nos enseña, nos forma y nos transforma.
Cada obstáculo superado, cada lección aprendida y cada desafío enfrentado son experiencias que nos moldean y nos permiten llegar a la meta con las habilidades, la madurez y la sabiduría necesarias. Saltar este proceso puede dejarnos sin la capacidad de mantener y sostener lo que finalmente hemos logrado.
Pasar por los claustros educativos es muy importante; sin embargo, la universidad de la vida enseña más que cualquier otra institución, por lo que es necesario combinar de manera sistemática y articulada los conocimientos teóricos adquiridos en las aulas con las sabias enseñanzas del hacer, que se obtienen a lo largo de las etapas de la vida.
Casi siempre, lo que se construye fácil y rápidamente se desmorona igual de rápido, porque carece de un pedestal sólido, de un camino andado, planeado, estructurado y vivido, de una lucha que permita celebrar el hecho de haber llegado a la meta, y de unos cimientos capaces de soportar las sorprendentes arremetidas de los tiempos.
Es en el esfuerzo, en la reflexión y en los errores donde encontramos verdaderamente las herramientas que nos permitirán sostener nuestros logros y por eso, aunque todos deseamos alcanzar nuestras metas, lo importante es valorar el sumario y saber que, en realidad, la verdadera victoria no está solo en llegar, sino en el tramo realizado para lograrlo.
Quien desconoce el proceso y quiere llegar a la meta de la noche a la mañana con salto de garrocha, tarde o temprano se estrellará con la realidad porque el atajo hacia un objetivo no es solo el destino final: es la senda llena de amaestramientos, de obstáculos que nos fortalecen, y de momentos que nos preparan para sostener lo que queremos alcanzar.
Ahora bien, hay personas que dicen: «Este no es el único, yo también puedo hacerlo, y mejor que él». Frase quizá cierta, pero a la vez un arma de doble filo para quienes lo afirman con resentimiento y revanchismo, porque SÍ, todos podemos hacerlo, todos merecemos hacerlo, y todos debemos hacerlo, pero, eso sí, respetando la trayectoria de quienes han sido nuestros inspiradores.
El cómodo y “gocetas”, el que solo busca placidez y figuración, jamás podrá entender que las cosas se logran con disciplina, perseverancia, esfuerzo y decisión y mucho menos lo podrá entender quien está acostumbrado a brillar sin haber hecho el menor esfuerzo, queriendo burlar la escalera y saltar como un malhechor, clandestinamente por la ventana.
Quienes reciben el reconocimiento del colectivo por la realización de sueños quijotescos, son precisamente aquellos a quienes les ha tocado vencer los molinos de viento, la envidia, la incredulidad, los celos, las traiciones y esas piedras en el camino que pretenden enredar sus propósitos y aunque no se puede negar que a veces logran distraer el rumbo, por lo general se superan para llegar con los brazos en alto, en señal de victoria.











