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Matías, 500 sobre 500; una cifra que le devuelve el valor a la inteligencia

Sep 28, 2026

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El estudiante cucuteño Matías Luengas Vergel, de 16 años, obtuvo el puntaje máximo posible en las Pruebas Saber 11 de 2026 y su resultado corona una trayectoria marcada por las matemáticas, las ciencias, la disciplina y la curiosidad intelectual, a la vez que abre una conversación necesaria sobre el lugar que la educación, el conocimiento y el pensamiento crítico deben ocupar en la vida de los jóvenes de hoy.

La cifra apareció en la pantalla del computador de Matías Luengas Vergel, estudiante de 16 años del Colegio Santo Ángel de la Guarda de Cúcuta, al consultar los resultados de las Pruebas Saber 11. El examen, presentado el 26 de julio y cuyos resultados individuales fueron publicados por el Icfes el 25 de septiembre, tiene una escala global de 0 a 500 puntos y Matías alcanzó el máximo posible. En la aplicación calendario A de 2026 participaron más de 500.000 personas.

El joven contó que, al principio, no podía creerlo, pues sus padres esperaban un resultado sobresaliente, pero tampoco imaginaban que aquella pantalla terminaría mostrando la cifra completa. La reacción de Matías resulta casi más reveladora que el número: sorpresa, incredulidad y, después, la certeza de que detrás de ese 500 existían años de estudio.

Conviene detenerse en esa historia porque Colombia y el mundo necesitan mirar estos acontecimientos con mayor claridad porque 500 sobre 500 no representa únicamente una calificación sino que representa más bien una trayectoria y a la vez una ventana de luz en medio de la oscura incertidumbre en la que viven nuestros jóvenes a causa de la descomposición social, la polarización y la normalización de la violencia, la corrupción, el narcotráfico y el terrorismo.

Matías comenzó su formación en el jardín Retoñitos Alegres y continuó desde  jardín en el Colegio Santo Ángel de la Guarda y su recorrido académico ya acumulaba reconocimientos antes de llegar a las Pruebas Saber 11: en 2025 obtuvo el primer lugar en las Olimpiadas de Ciencias de la Universidad de Santander y en 2026 alcanzó el primer puesto nacional, en categoría avanzada, de las XVIII Olimpiadas Matemáticas de Secundaria de la Universidad Industrial de Santander. Esta última competencia reunió inicialmente a más de 20.000 participantes y llevó a 245 estudiantes a la fase final.

La historia adquiere todavía mayor interés cuando se observa la relación de Matías con el conocimiento porque las matemáticas, según explicó, le producen una sensación de orden y certeza; también se ha contado que acostumbraba a ayudar a sus compañeros cuando enfrentaban dificultades académicas y esa disposición para explicar lo aprendido dice tanto de su formación como el resultado obtenido frente a una prueba estandarizada.

Y aquí comienza la conversación que en el caso de Colombia debería sostener, porque durante años hemos discutido los resultados de la educación desde las cifras: promedios, rankings, desempeños, brechas, indicadores. Todos importan. Pero detrás de cada indicador existe una pregunta mucho más relevante: ¿qué tipo de ciudadano queremos formar?

Matías ofrece una respuesta desde su propia experiencia, toda vez que es un joven que encuentra placer en resolver un problema, que participa en olimpiadas, que ayuda a sus compañeros, que piensa en estudiar ingeniería matemática y que contempla incluso la docencia dentro de su proyecto profesional y su horizonte futuro aparece asociado al conocimiento, la tecnología, la investigación y la enseñanza.

En una época dominada por la velocidad, el contenido instantáneo, las reflexiones sin fundamento y la recompensa inmediata por el número de seguidores, esta imagen merece atención, porque las redes sociales forman parte de la vida contemporánea y también pueden convertirse en herramientas de aprendizaje, comunicación y emprendimiento.

El problema aparece cuando la visibilidad comienza a presentarse como sustituto de la formación; cuando la popularidad adquiere mayor valor que el conocimiento; cuando producir contenido termina importando más que comprender aquello sobre lo que se habla.

Por eso, la historia de Matías nos recuerda que leer todavía importa, que estudiar todavía importa, que preguntar todavía importa, que equivocarse frente a un problema y volver a intentarlo todavía importa y que la inteligencia continúa necesitando disciplina, la curiosidad necesita método y el talento requiere acompañamiento.

También conviene reconocer el papel de las instituciones educativas, porque un resultado de esta naturaleza difícilmente puede reducirse a una fotografía individual. Detrás de un estudiante existen una familia, profesores, compañeros, metodologías, hábitos, oportunidades y una comunidad educativa que acompaña durante años.

En el caso de Matías, su colegio ha acompañado toda su trayectoria escolar desde los primeros grados y su formación académica se ha desarrollado junto con su participación en competencias científicas y matemáticas. La comunidad educativa recibió el resultado con una celebración preparada para él por compañeros y profesores.

Hay otra razón para mirar este resultado con esperanza, pero con una esperanza adulta, sin convertir a Matías en una caricatura del “niño genio”. Un puntaje perfecto no convierte a una persona en perfecta ni resume toda la inteligencia que puede desarrollar un ser humano. Tampoco constituye, por sí mismo, una medida absoluta del futuro profesional de un estudiante.

Lo que sí demuestra es algo sencillo y eficaz, y es que la excelencia académica sigue siendo posible cuando convergen curiosidad, disciplina, acompañamiento y oportunidades.

Matías todavía tiene 16 años. Ahora quiere estudiar ingeniería matemática y relacionar ese campo con la programación, la inteligencia artificial, la tecnología, la innovación y, eventualmente, la docencia. El resultado de Saber 11 cierra una etapa, pero abre otra mucho más exigente: aquella en la que el conocimiento deja de medirse en un examen y comienza a convertirse en profesión, investigación y servicio.

Quizás por eso convenga mirar nuevamente ese número. 500 no como una cifra para colgar en una pared, sino como una señal y en medio de tantas conversaciones sobre la pérdida de hábitos de lectura, las dificultades de comprensión, el aprendizaje superficial y la dependencia de respuestas inmediatas, un joven cucuteño acaba de recordarnos que todavía existen estudiantes dispuestos a sentarse frente a un problema hasta encontrar la respuesta.

Y detrás de él hay muchos otros, porque la tarea de Colombia consiste ahora en encontrarlos, acompañarlos y ofrecerles caminos para que su inteligencia pueda crecer. Que estudiar vuelva a tener prestigio, que investigar vuelva a despertar admiración, que enseñar vuelva a representar una aspiración y que resolver un problema produzca tanta satisfacción como recibir miles de “me gusta”.

Matías, entonces, no representa una excepción aislada de la vida cotidiana ni un muchacho encerrado en una burbuja, sino que, como tantos jóvenes de su edad, siente, se emociona, se enamora, comparte con sus amigos, disfruta del género urbano, del deporte, de la música, de la tecnología y de las pequeñas cosas que hacen parte de la vida diaria. Su mérito consiste precisamente en haber aprendido a convivir con todo ello sin renunciar a la disciplina, a la curiosidad, al pensamiento riguroso y a la rectitud de sus decisiones.

La inteligencia tampoco obliga al aburrimiento ni convierte a un joven en alguien distante o ajeno a su generación; tampoco significa seguir caminos de excesos, consumo de alcohol y drogas o conductas que terminan comprometiendo el futuro. Significa descubrir que la libertad también consiste en saber elegir, en reconocer el valor de lo que se recibe y en desarrollar hasta el límite las capacidades que el Creador puso en cada ser humano.

Matías nos recuerda, desde sus 16 años, que estudiar, pensar, divertirse, amar, compartir y soñar pueden formar parte de una misma vida cuando existe propósito y que potencializar ese talento para vivir bien, hacer el bien y poner las capacidades propias al servicio de los demás quizá constituya una de las mayores tareas que una familia, una institución educativa y una sociedad puedan asumir frente a sus jóvenes.

En resumen, Matías no necesita convertirse en símbolo de una generación perfecta y solo le basta con haber demostrado que una generación capaz de pensar, estudiar, investigar y crear todavía está entre nosotros y ese quizá sea el verdadero significado de sus 500 sobre 500.

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Matías, 500 sobre 500; una cifra que le devuelve el valor a la inteligencia

Sep 28, 2026

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